Y ésta es mi visión.

Hola, vine a divagar.
Porque escribir no es nada más que una bajada en tropel de sentimientos.
si, una caída.
Vine a caerme, a escribir, a llorar un poco, a creer que todo ésto es mucho más que una realidad ficticia.
Bah, la vida es una realidad ficticia. Para mi quizás es poco, para ti quizás es nada, o un poco más que suficiente.
Y así va pasando el tiempo mientras todo sigue igual, mientras nada cambia, sólo el tiempo, que se va llevando todo, incluyendo nuestra vida.
¿Que hago hablando sobre la vida? Con 15 años he aprendido a no aprender a vivir, porque es imposible. Total e irrefutablemente imposible.
Sin manuales, ni normas, ni nada, solo camina y continúa con lo que sea que haga que tu existencia valga la pena.
Son las 11:10 PM y pienso que no hay mejor hora para asomarte a la ventana, ver que no hay estrellas a la vista, que el cielo está mucho mas que distante y que justo ahora no hay nada que te haga desear tener la luna en tus manos (Bueno, por lo menos no en las mías). Odio ese cliché, es algo inevitable.
No sé por qué dije eso, pero el punto es que carece de importancia, tanto como tu, tanto como yo.
Tengo aquí, justo a mi lado, "El general en su laberinto" de Gabriel García Márquez. Gran obra ¿no?

-"Pues él no tenía ya suficiente cuerpo para complacer a su alma, y se negaba a admitirlo".

Esa frase me ha perseguido por mucho tiempo, quizás a ustedes también, aunque sea ésta noche cuando la lean por primera vez.
Si, un cuerpo que se ha cansado de intentar cumplir cuanto deseo atraviesa el alma. Cuantos intentos de amar más allá de un simple abrazo, haciendo que cada sentimiento sea realmente alojado en el alma, la psique...Si es que realmente existe, para ti, o para mi.
Pero no, no vamos a admitirlo. No vamos a admitirlo porque no vale la pena doblegarse ante nosotros mismos, dejando a un lado el orgullo y la dignidad. No, inaceptable. Nuestro propio ser no debe sentir una mínima muestra de tregua, no de mi, no hacia mi.
Porque la magia acaba cuando comienzas a doblegarte, y así comienza tu caída.

Esperaré por ese alguien que odie tanto como yo observar a la luna como algo más que un astro, dejando a un lado tanta estupidez del romanticismo empedernido, pero claro está, mañana seré la misma de siempre, esa que pasa horas leyendo a Benedetti, soñando con un poema y una rosa bajo su almohada.

Te dije que solo soy una contradicción, y tu decidiste quedarte.

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