Hace poco más de un mes, una amiga me escribió:
-Cuando te conectes, tengo que decirte algo.
Y así fue. Me envió un link que abrí por simple curiosidad, luego de leer su recomendación, para que participara en un concurso para el cual me sentía totalmente incapacitada.
Semanas después, escribí como siempre lo hago, con la única finalidad de escaparme un rato de la realidad, de los problemas, de la rutina...Y allí estaba él, como siempre, esperándome.
Le escribí como pude y al terminar de sentir como dejaba ir otro pedacito de mi, fui libre de nuevo.

Así nació esta carta.
http://www.concursocartasdeamor.com/a-los-padres/2012/a-mi-coronel-que-si-tiene-quien-le-escriba/

La envié, más por la curiosidad que por el hecho de intentarlo, lo admito.
-¡Mamá! Préstame tu cédula que necesito sacarle una copia..¡Es para una autorización!

Y aquí estoy, un día después de que un pequeño pedazo de ese corazón que había guardado bajo llave durante dos años, estaba siendo leído por ustedes...Así, sin pedir permiso, sin cautela...Simplemente lo leían, mientras estoy aquí, sintiéndome vulnerable como nunca antes.
No es fácil decir lo que se siente, expresarlo, gritarlo directo a la cara, como si de eso dependiera el hecho de seguir existiendo a tu lado. No, no es fácil, por lo menos no para mi.

Esas líneas ahora están allí, entre 40 historias más. Algunas, llenas de alegría, de risas, de sorpresa, mientras que otras sacan a flote los más profundos sentimientos que ni siquiera soy capaz de describir. 40 historias de médicos, abogados, licenciados, periodistas...Personas que sienten, que viven y sueñan cuando escriben.

Y no, no puedo ocultar mi sorpresa al saber que estoy allí, que la Maria Betania que quería dejar de sentir, de demostrar, esa que se escondía detrás de un libro cada día de su vida, está abriendo su corazón una vez más.

Por último, quiero decir lo que se supone que debía ir al comienzo, pero como cosa "rara" en mi, se me cruzaron los cables y perdí el hilo. Bueno, aquí va.

Gracias a ti, que estás leyendo ésto, por haber aguantado parte de mi historia qué, quizás, también es la tuya.
Gracias, por permitirme hablar un poco más y haberme dejado abrazar tu corazón, o tu alma.
Ya no me da pena ser esa "chamita" de la que se reían por consumirse libros como quien aspira aire, o aquella a la que acusaban de tener un corazón de piedra. 

Aquí, donde estoy, me siento orgullosa, pero no de mi, sino de ustedes, por haberme enseñado una vez más, que un amigo, un familiar, un corazón grande y espacioso, una caricia, un abrazo, un gesto, una frase de amor dicha a tiempo o tardíamente, lo pueden todo.

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