Origami.

Hace tiempo, conocí a alguien por azar o simple capricho del destino. Un "Hola, ¿Como estás?" más para la lista de la cual no llevaba cuenta. Nunca lo hice.
Ahora, hay pingüinos  por doquier, donde antes había silencio para llorar y desahogar las penas que afligen al corazón, sin necesidad alguna.
Alguien que convirtió un día sábado en primavera, un campo de fútbol en una consulta psicológica para reparar corazones y buscarle formas a las lejanas nubes; Y, por si fuera poco, cambió una docena de lágrimas por sonrisas.


¿Cómo olvidas que estás pisando el fondo, la grama artificial, el piso al que nos unimos por simple temor, evitando volar? Sonriendo como tonta porque me sentía libre, corriendo los 10 meses que pasé en banca, esperando una oportunidad donde vivir sin importar un prolapso jhvhjvhjvhjvjhjh en el corazón, ¡como dices tú! Y así fue, nada importó.


Me armaste como a uno de tus origami, uniendo cada temor para convertirlos en fortaleza, leyendo cartas para reír una vez más con el alcoholismo injustificado !Que raya! Así no se puede ¿Bueno?
Debo agradecerte por reírte cada vez que lo deseaste, sin cohibirte, sin detenerte, ¡Sin siquiera pensarlo! solo lo hiciste, porque así lo sentías. Y si, soy como una niña pequeña en un centro comercial.


Antes de que pienses que estoy loca, te recuerdo que me invitaste a bailar en medio de una cancha de fútbol, luego de una tanda de penales...¡Y se acabó la pila! No importó, no importa y no importará, porque no nos cuesta nada seguir cantando al ritmo que nos ponga la vida.


Gracias, Ax.



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