08:00.

     Mira, no. Estuve todo el día esperando a que te aparecieras, de golpe, frente a mi. ¡No es una retaliación! Solo una esperanza más, para el ropero, donde las guindo cuando no vienes, cuando no estás, cuando la noche se hace roja y me faltan tus sonrisas. 

Me saqué un 14 en matemática y fui la mayor nota. Demasiada mediocridad en el boletín que lleva mi nombre. De haber estudiado, te entregaba un 20 como prometí, pero no estudié; no, no lo hice, porque estaba demasiado ocupada leyendo, como para detenerme a graficar cónicas. Lo siento. 

Aquí no hay metáforas, epítetos ni ningún otro recurso literario (Bueno, quizás una que otra hipérbole). Aquí lo que hay es un cuento mal echado, pobre de gráficos y un amor con gotero, para medirlo y que no te canses (No me hagas mucho caso, panita...).

En todo caso, para variar, vine a contarte de esta semana, el otro mes, lo que ha pasado desde que dejé el nido. Bailar calipso, cantar entre materias y escuchar música llanera desde que el sol sale de su escondite, es mi día a día. El colegio se convirtió en un ancho (Bueno, no tan ancho) e inmenso (Mentira, solo somos 20) mar de pensamientos. Tu allá, yo aquí. Un par de canciones, sonrisas y también un ¡CÁLLATE LA BOCA Y DEJA EL FASTIDIO, BETANIA! Que suele escaparse de vez en cuando, pero no les hagas caso, se que me quieren (Mentira...). No sé, no quiero pensar en eso ni en nada, porque mis neuronas ya no quieren hacer la sinapsis como deberían. Terminé de fundirme, como dice mi tía.
Pero te gusto así, fundía'  no lo niegues. 

Tal vez, más tarde, me decida a escribirte algo lindo y cursi como te mereces, pero a veces es más difícil solo decirte estas cosas así de básicas, de superfluas, de innecesarias. 
Te escribo (o me escribo) para recordarte que estoy aquí (o que estás), independientemente de tu ubicación con respecto al meridiano de Greenwich, o el Ecuador, ¡Que se yo! Solo estoy, bajo la misma luz, detrás de tus miedos, para espantarlos. 

¿Qué si me haces falta? Si, lo admito, pero ¡Bah! Esperarte no me cansa, no me aburre, no me desenfoca. Simplemente es una excusa más para leerte, entre páginas, como a otro más de mis personajes favoritos. 











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