Hipotéticos.

No te abandoné en aquél tren de Buenos aires.

No te llamé Marcelo, ni quise gritar tu nombre.

Te esperé de gris y en sueños,

Sin censurarlo, quise besar tu boca;

 y no solo descubrir  los nomeolvides, sino quedarme allí,

Probando tu aliento, hasta qué,

En invierno,

Florezcan las camelias.



No estuve en el ’76, bajo el golpe de Estado.

Ni a cientos de kilómetros de las llamas invasivas de el proceso.

No vi a Neruda y a Márquez ardiendo como grafemas,

Ni un atisbo de ti,

Suspirando por lo bajo.



Subversivo, te digo adiós.

Te despido entre los rieles,

Bajo el cielo de tus pasos,

Sobre migas de cartón.



Solo Alicia, otra hipotética aventura de un gran manto de ilusiones.


Tejidas.

Tergiversadas.

Amplias y excluyentes. 

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