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Mostrando entradas de diciembre, 2015
Hace un tiempo participé, por un lugar en tu vida, en un concurso sin credencial. Quería ganar algo, una parcela a plazos en las profundidades cavernosas de tu corazón, un rincón en las vaguedades de tu pecho, el contrato perfecto para trazar con mi lengua el boceto de tus pasos.

Así de imbécil, loca enamorada, templada al cien, me tuviste mucho tiempo. Benditas pruebas sin árbitro imparcial, ganarlas era parecido a subir y bajar corriendo -en una suerte de segundos- el Ávila al amanecer. Exacto, casi imposible.
Entonces, detrás de la ambulancia, rendida a ti y tus tretas, gané. Me convertí en el mueble favorito, caoba, desecha hasta los huesos, con un hermoso y chiquito florero cargado de camelias sobre un tapete de macramé -como mis nudos-, amando cada caricia que dejabas vagar sobre mi superficie, adicta al tacto de tu piel. Yo allí, tan inmóvil, tan deseosa de tocarte y sin manos, unida con clavos, parte con parte; cómoda de tu cuarto, gavetas donde guardar las cartas que yo misma…