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Bitácora.

Se hace tan usual sentirse una hoja de papel. Una de esas hojas que se consiguen arrugadas, en cualquier cartera, tomada con mucha premura por una mano inconsciente, capaz de utilizarla y desecharla sin más, para anotar el número de cualquier hombre que intente ganar su corazón. Si, como si no sintiera. Una hoja de esas que adornan la página final de tus cuadernos, esas que rayas con impaciencia, llenándolas de deseos codiciosos, lujuriosos e inoportunos. Garabateas sobre ella con un afilado lápiz y no te detienes ni un segundo para pensar sobre todo el sufrimiento que le estás causando. Aquella que cayó en tus manos por lo que tu crees fue una simple casualidad, pero la verdad es que la arrancaste una vez más de su hogar seguro, entre páginas de cientos como ella...¿Qué? También siente. También siento. Mil veces reutilizada, impresa con tinta imborrable, dejando huellas que mancharon su blancura virginal. Mil veces escrita con un pulso impreciso aunque al mismo tiempo zagas, con...

Por algo les digo que soy una contradicción...

-Querido lector (si es que realmente lees ésto, y no te aburres en la primera línea...) advierto que el contenido a visualizar, está cargado de incoherencias y contradicciones. Lee bajo su riesgo.- La cosa va mas o menos así. Un día cualquiera, donde eres un ser humano cualquiera, otro punto más. Un alma más. Todos pensamos el clásico "Solo soy una persona, entre millones" ó "Yo no podría cambiar nada en la sociedad/mundo". Pero no. Y si todos pensamos como dije anteriormente ¿No seríamos una gran mayoría? Millones de personas pensando que no pueden cambiar al mundo, cuando ellas mismas son el "mundo". Debido a ésto es mucho más que evidente que si podemos, el problema radica en que somos una masa cargada de flojera, procastinación y demás males. ¿Esto sonó a sermón, verdad? Bueno, yo soy parte de ese gran porcentaje de personas que piensa que no puede cambiar nada de lo que le rodea. Que ésta generación se perdió, calentamiento global, bla, bla, b...
Cuando vuelves a escribir y sabes que es lo que te gusta, por mala que seas haciéndolo. Porque solo así te sientes libre. Lo que la voz calla, las palabras lo hacen perdurar. No importa lo que sea, en eso se basa esto de escribir. Lo vives, lo asimilas, lo anotas e intentas no olvidarlo. Sencillo y práctico. Pierde todo el sentido cuando intentas explicarlo. Desahogo, quizás. Gritas, amas, lloras, ríes, e intentas hacerte entender, escribes, el papel calla, no te juzga. Cada cotidianidad pasa a ser parte de una oración, y poco a poco se van escribiendo párrafos y hasta historias completas. No olvidar, esa es la misión.
Te miro y nos detenemos, con una sonrisa de esas fugaces, directas. Jugamos, como dos niños pequeños. Corres, te atrapo, quiero tumbarte. Sigamos jugando. Un minuto, donde todo es perfecto, porque tus manos juegan con mi cabello, se enredan, se unen, se pierden, se adueñan de él, de mi, de todo. Quizás te rías, me siento idiota; flotando entre ironías y realidades. Y si te abrazo, el tiempo se acorta. Mis brazos no se dan a basto, no paran de acariciar tus mejillas. Todo se hace distante, sin más límites que un umbral incierto, donde intento esconderme y callar mis deseos, pero me besas y todo queda en blanco, no existe nada, el tiempo es solo una ilusión, quizás. Ya nada importa, tu mirada cargada de caricias hace olvidar el mundo, volando entre sonrisas calladas y apacibles.
Rayar con líneas imprecisas, trazos que aspiran a ser letras, son solo garabatos en mis cuadernos. Deseos, solo eso. Canciones, frases, nombres, fechas, uno que otro recordatorio que irónicamente siempre olvido. sería ingenuo de mi parte creer que el simple hecho de escribirlo lo hará realidad. Pero no, la realidad es esto, y la fantasía es mi papel.

Renacimiento.

Amiga, prefiero la soledad.