Entradas

Alicia

En otro momento, habría escrito bajo el seudónimo que acunó tantas veces mis conflictos existenciales. Habría tomado mis problemas y los habría volcado en un personaje ficticio que se acoplara a mis vacíos y me diera la oportunidad de hablar sin disculparme, de gritar mis sentimientos sin la presión de sentirme atrapada en las circunstancias que rodeaban lo que era, lo que quería llegar a ser. Alicia, firmaba. Me sentía ella o ella se sentía yo, pero siempre éramos una. Una que gritaba, lloraba y se escondía en las pequeñas grietas que la otra dejaba entrever a sabiendas de servirle de escondite. Si ella venía a mi, la dejaba entrar. Si me acercaba, ya la puerta estaba abierta. Hoy Alicia no está. No quise acercarme a su presencia. Reuní mis pedazos y decidí encontrarme conmigo y mis múltiples fracturas, a ver si por fin toleraba mis desastres, las múltiples causas perdidas que sellaron en m...
Espero, al menos, que el silencio complete mis espacios (que son muchos) y me quite esta sensación de vacío, de una casi persona que deja colar todos sus miedos a través de los poros y se refugia en la idea absurda de no aferrarse a nada, de un ésta vez si, ésta vez si lo logro, que termina agrupada entre las otras tantas decepciones que crean aquellos espacios. Ojalá el silencio si los llene. Ojalá.
Me gusta tu mirada de silencio. Te quiero y todo se abalanza sobre mi, pero tu calma se mantiene y yo no quiero molestarte . 
Recordé que escribía para no quedarme dentro de mis cuatro paredes mentales, caminando entre las esquinas, esperando a que el entorno de paredes blancas se disipase; pero me quedé adentro, el miedo superó mis expectativas. No pude encontrar la puerta durante un par de meses y, ahora que la encontré, no quise salir. Otra vez el miedo. Otra vez la sensación de estar dentro de una caja desordenada, donde al primer movimiento de la tapa, se salen todas las piezas.
Este no es otro estado en facebook de agradecimiento por un año más de dicha y bendiciones. No es, tampoco, una tarjeta de palabras bonitas para llevar. Hoy, ni siquiera, se termina el año, pero me da lo mismo. Quienes me conocen saben que no suelo seguir un orden consecuente para enumerar los días y que, mucho menos, soy capaz de recordar cuantos tiene cada mes (febrero, claramente, es una excepción). Así que decidí hacer mi recuento hoy, motivada por el sedentarismo organizado, promovido por días como éste, donde es socialmente aceptado el ser una carga sin sentido ni misión en la vida, un día donde comer sobras en cualquier horario es la norma (cosa que me encanta). Este año empezó sin resoluciones mágicas e imposibles de afrontar. No empecé con una dieta en mente, ni una lista de cosas por hacer (admito que, en ocasiones anteriores, era una especie de biblia que me prometía seguir al pie de la letra y siempre terminaba decepcionada). No quise ser más o menos, solo quise continuar...
En ocasiones, el tedio de la semana , se convierte en el del mes y con el tiempo, termina por ser el del año. Las horas se transforman en cúmulos críticos de segundos, bombas de acción inmediata o, por el contrario, la definición pura de un espacio estático, inamovible, donde los relojes se derriten contigo y tú con ellos, buscando un escape.
Cada nuevo año escolar, desde primaria, llegaba el incómodo día en el que presentarse era la primera actividad de la mañana. Uno tras otro se iban presentando, hablando de su deporte favorito, la profesión que escogerían con opciones típicas de la ingenuidad que aún nos gobernaba, la edad que se sostenía en una sola mano. Mientras tanto, me mordía las uñas (mala costumbre que aún conservo desde mis primeros momentos de ansiedad), asimilando internamente el pánico que me producía escucharme y ser escuchada frente a un salón que, aunque conocía de memoria, me cercaba en mi propio y silente mundo de temores. Recuerdo que siempre decía mi nombre y mi edad, me gusta leer  y con suerte me dejaban sentarme. En ocasiones, la maestra de turno prolongaba mi tortura con preguntas específicas que me arrancaban de mi zona de confort. Esto ha debido de crearme un trauma, no hay otra explicación. Mi capacidad para expresarme de forma oral continúa siendo la de aquella niña de primaria q...