Eres ese grafito,

impaciente.

Capaz de seguir la línea o descarrilarse.

Copiar los sentimientos, borrar grafemas de emociones.

Te resbalas y casi te siento, marcándote en mi alma, como un fierro y no más lápiz. No más borrar y volver; ahora te quedas, aquí, y sigues con tus sueños, tus besos de carbón, quemadito por el tiempo; y los deditos que recorren mis deseos y acarician aquél recuerdo de mi niñez, un balón en el patio de recreo, las manos de mi padre jugando con monedas y el olor a libros viejos, usados, llenos de sueños.
Tú, sin pensarlo, con tu vida de artista modelo, preso de recuerdos ajenos que copias y olvidas, para seguir garabateando, seguir viviendo, hasta consumirte como el polvo, cuando tu cuerpo de caoba, se desgaste.

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