Ya ni sé expresarme. Quiero gritar que me abracen, que me ayuden a sostener cinco minutos el peso que llevo años arrastrando, que me dejen llorar y drenarme, apagarme en sollozos. Necesito ese abrazo, pero me asusta pedirlo, porque de alguna forma u otra siempre está mal sentir, necesitar, querer. Y a mi esas energías se me agotaron hace mucho; cuando tenía 8 años y aún creía que el mundo cabía en una botella. Así que aprendí a dar, porque me gustaba ver ese destello de calma en rostros ajenos, como si pudiese ser un espejo que me permitiese verla en mi, pero así no funciona. Crecí y entendí que el mundo era basto, gigante, lejos de ser una botella; y que el reflejo de la luz en los espejos, no podía emular la calma.
Los domingos siempre me han parecido un dia especial para la nostalgia. Y por supuesto que sé que esta afirmación es de conocimiento general y que no descubrí el agua tibia, pero nunca está de más repetirlo en voz alta: los domingos son, definitivamente, un día especial para la nostalgia. ... Hace par de meses volví a vivir sola. Fue como empezar, otra vez, a reconocerme en el silencio de mi hogar. Empecé por lo básico y lo banal, lo mecánico de la adultez. Entender que la nevera esté en la temperatura correcta, armar el escritorio más barato de Ikea, conseguir unas sábanas que cumplan su función hasta que pueda realmente comprar unas que me gusten, ubicar el supermercado más cercano y aprender a encontrar la mantequilla con sal en el mismo. Sencillo. Lista cubierta. Pero luego me tocó entrar de lleno en el único rincón de la casa que no quería visitar: yo. Me tocó aceptar que el insomnio no lo ocasionaba el colchón nuevo, pero si las memorias que se acumulaban en la espalda...
Todo pasa, y todo cambia. Incluso la sensación de ahogo y desasosiego, el acabose del universo, el tren de tragedias, todo pasa. Ojalá consigas ese abrazo que te lleve a descargar el peso.
ResponderEliminarMi empatía anónima para ti, alguien más que aún usa su blog personal y anónimo para darle drenaje al peso de la existencia.
La tristeza es una batalla dura, aunque necesaria, debes darle forma y entenderla, porque está ahí y porque merodea constantemente los pasillos de nuestra mente, sin embargo, aunque esta sea tu batalla, no quiere decir que no puedas necesitar de una mano amiga, o una palmada en el hombro que haga saber que existen personas que están allí para ti y te apoyan en tu lucha. Dar calma a otros lamentablemente no hace que la veamos en nosotros, pero nunca hay que parar de buscarla, sea en la sensación del viento de invierno en nuestras mejillas, la satisfacción de un trabajo bien hecho o ver como tu vida avanza al lugar que te propusiste.
ResponderEliminarAunque es una batalla distinta para todos, sigue persiguiendo la paz que buscas, que de tanto buscar estoy seguro de que algún día te tropezaras con ella.
Mientras gire la tierra no dejes de luchar por esa calma que arropara tu alma.
Te mando un abrazo inmenso y mis mejores deseos para tu vida Maria Betania.