Espero, en retrospectiva, jamás verme siendo solo un parásito del otro, viviendo alimentada del fruto de un trabajo que nunca realicé, de unos bienes que jamás pertenecieron a mis arcas. En parte, espero tener la cantidad de vida suficiente para observar desde un puesto privilegiado las pequeñas y grandes acciones que cometí algún día en vida. Las sonrisas y los regazos en los que algún día me senté, las puestas de sol frente al Orinoco y las miles de horas de estudio que invertí para ser lo que siempre quise ser al final del día, lo que siempre prometí noche tras noche, escabullido entre las plegarias. Y cuando muera, que ni una sola parte de mi cuerpo no haya sido mía, que ni una sola gota de mi sangre corriese en vano por mis venas.
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Once veces aquél veintiuno.
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Se sueltan de sus manos los regalos, las migas de torta de arequipe fuerte, los trozos de teipe ajenos a su piel, desprendidos de los suntuosos envoltorios donde se arropaban lo esperado por la niña. Sonríe porque ama y se desvive cuando puede, es decir, todos los segundos que se suman hasta que en unión crean un once. Once veces doce, entre semanas de mínimo común múltiplo y adiciones, primeros amores del segundo piso, notitas que se escapan de sus dedos chiquititos y salen a volar cuando suena el timbre del recreo. Se refugia en su piñata, sus colores. Hace la cama solo en sueños, camina sin mirar a los lados, pues siempre va tomada de la mano y los pequeños automóviles –grandes para ella- no son parte de su preocupación, por cierto, inexistente. Papá le dijo que estaría, pero no estuvo ni aunque le llamara. Papá dijo muchas cosas. Habló de la luna y sus metáforas –que ya no le causan angustia, ya que está lejos y nadie llega a menos que sea quedándose ...
Índigo.
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A diario pensaba en ti. ...Que estás diciendo, a quién le estás hablando, ¿Le sonreíste por primera vez? Si te enamoraste o solo es pasajero, si son tus besos aquellos que saben a sol. ¿Me habrás notado? Te vi pasar tantas veces frente a mi, incapaz de hacer algo más que dedicarte un saludo distante. Me hundía en preguntas que arañaban mi corteza y me dejaban vulnerable, nunca más invisible. Fui pequeña y sensible, siempre evitando la arena del mar, los abrazos efusivos, contactos innecesarios. Contigo, sin embargo, quise siempre todo: las caricias, los deseos permitidos y negados, la playa de un abril bajo la bóveda nocturna. Te quise a ti, mientras te unías a ella y todas mis confesiones se redujeron a un "no cambiaré contigo" de tu parte...Pero jamás volví a tenerte cerca, ni a disfrutar de tus sonrisas espontáneas frente a mi. Me he quedado con un cuerpo que no recuerdo como mío, mucho más esbelto y sin marcas del pasado sol sobre mi piel. Aún así, en el espejo, ...
Verano.
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Las clases de física no traen de vuelta las olas. No existe fórmula capaz de limitar el espacio a un rincón finito, bordado con pequeños granitos de esa materia oscura, perfecta para la construcción y el recuerdo, por tradición, de aquellos castillos feudales. Cierro los ojos, lo confieso. Me imagino desnuda, flotando cerca de algún peñero y confundo los conceptos. Libertad o libertinaje, ¿Del alma o del cuerpo? –Solo agua, sin consciencia- me digo. Han pasado las horas. Las cuatro menos cuarto y es imposible seguir luchando contra el tedio. Se desdibujan las palmeras que pinté hace una hora, las gaviotas y los pájaros de celofán no fueron mucho más que un origami. Las olas no se sienten ya en mi espalda, no hay placer para llevar, mucho menos senos –no precisamente la función- respirando, piel comprometida; ahora, hay que esconderlos, coartarse, seguir pensando en axiomas, demostrando posibles teoremas. ¿Así viven los que piensan ? Yo prefiero, entonces, no p...
5:40 am.
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Dos palmadas sobre mi muslo izquierdo, mientras el derecho permanecía oculto entre las sábanas. Siempre el mismo muslo, todos los días. Lo miraba, sobresaltada, como si se tratara de la primera vez que sucedía; aunque, desde que aprendí a comunicarme, le pedía que por favor me despertara con mayor delicadeza. Nunca me escuchó, disfrutaba de mis arranques infantiles a toda hora. Caminaba desde el cuarto a la cocina, siempre con la misma compañía: mi cobija. -Aún tiene nombre y la busco en las noches, aunque carezca de frío-. Me paraba frente a él con los ojos cubiertos de lagañas, la pijama raída de siempre y los brazos levantados hacia su cuello. Él, cual rutina, tomaba el último trago de café. Nunca lo veía tomarlo, solo lo escuchaba: el líquido pasando por su garganta y el ruido sordo que hacía la taza al chocar con el granito del mesón. Mientras continuaba con su ritual, yo seguía demasiado ocupada pensando en las palmadas y el cansancio, la tarea que no terminé el día an...
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Recorrí en mi mente la idea de negarme a su propuesta. Un café, dijo, mientras yo pensaba en las otras tantas tazas desfilando frente a mi, en pasadas ocasiones. Siempre frías, siempre ausencia... ...Y sin darle muchas vueltas, me encontré atravesando la av. Viamonte, pensando en la dicha del olvido voluntario, el abandono necesario y el adiós que debí dar. -Acepto, admití en una nota. Acepto probar otra taza, mentir en el recodo del café, unirme a la no rutina de sus pasos, hacerme vida entre sus manos, eco del ciclo que no quiero, de esas minas tontas que vivían en su cama gimiendo de pura admiración, de los tontos libros escupidos al azar, los ensayos, la cátedra; pero nunca de placer. -No espero, sin embargo, que aprendas el "toque" ni cambies los modos, tampoco espero aquél balcón que soñaba con pisar y tocar el cielo cuando, en un arrebato, quisieras tenerme. No quiero de ti un encanto de promesas, un nido de títulos, nada de sistemas. No quiero un « hacert...