viernes, 16 de diciembre de 2011

Y ésta es mi visión.

Hola, vine a divagar.
Porque escribir no es nada más que una bajada en tropel de sentimientos.
si, una caída.
Vine a caerme, a escribir, a llorar un poco, a creer que todo ésto es mucho más que una realidad ficticia.
Bah, la vida es una realidad ficticia. Para mi quizás es poco, para ti quizás es nada, o un poco más que suficiente.
Y así va pasando el tiempo mientras todo sigue igual, mientras nada cambia, sólo el tiempo, que se va llevando todo, incluyendo nuestra vida.
¿Que hago hablando sobre la vida? Con 15 años he aprendido a no aprender a vivir, porque es imposible. Total e irrefutablemente imposible.
Sin manuales, ni normas, ni nada, solo camina y continúa con lo que sea que haga que tu existencia valga la pena.
Son las 11:10 PM y pienso que no hay mejor hora para asomarte a la ventana, ver que no hay estrellas a la vista, que el cielo está mucho mas que distante y que justo ahora no hay nada que te haga desear tener la luna en tus manos (Bueno, por lo menos no en las mías). Odio ese cliché, es algo inevitable.
No sé por qué dije eso, pero el punto es que carece de importancia, tanto como tu, tanto como yo.
Tengo aquí, justo a mi lado, "El general en su laberinto" de Gabriel García Márquez. Gran obra ¿no?

-"Pues él no tenía ya suficiente cuerpo para complacer a su alma, y se negaba a admitirlo".

Esa frase me ha perseguido por mucho tiempo, quizás a ustedes también, aunque sea ésta noche cuando la lean por primera vez.
Si, un cuerpo que se ha cansado de intentar cumplir cuanto deseo atraviesa el alma. Cuantos intentos de amar más allá de un simple abrazo, haciendo que cada sentimiento sea realmente alojado en el alma, la psique...Si es que realmente existe, para ti, o para mi.
Pero no, no vamos a admitirlo. No vamos a admitirlo porque no vale la pena doblegarse ante nosotros mismos, dejando a un lado el orgullo y la dignidad. No, inaceptable. Nuestro propio ser no debe sentir una mínima muestra de tregua, no de mi, no hacia mi.
Porque la magia acaba cuando comienzas a doblegarte, y así comienza tu caída.

Esperaré por ese alguien que odie tanto como yo observar a la luna como algo más que un astro, dejando a un lado tanta estupidez del romanticismo empedernido, pero claro está, mañana seré la misma de siempre, esa que pasa horas leyendo a Benedetti, soñando con un poema y una rosa bajo su almohada.

Te dije que solo soy una contradicción, y tu decidiste quedarte.

martes, 6 de diciembre de 2011

Bitácora.

Se hace tan usual sentirse una hoja de papel.
Una de esas hojas que se consiguen arrugadas, en cualquier cartera, tomada con mucha premura por una mano inconsciente, capaz de utilizarla y desecharla sin más, para anotar el número de cualquier hombre que intente ganar su corazón.
Si, como si no sintiera.
Una hoja de esas que adornan la página final de tus cuadernos, esas que rayas con impaciencia, llenándolas de deseos codiciosos, lujuriosos e inoportunos. Garabateas sobre ella con un afilado lápiz y no te detienes ni un segundo para pensar sobre todo el sufrimiento que le estás causando.
Aquella que cayó en tus manos por lo que tu crees fue una simple casualidad, pero la verdad es que la arrancaste una vez más de su hogar seguro, entre páginas de cientos como ella...¿Qué? También siente. También siento.
Mil veces reutilizada, impresa con tinta imborrable, dejando huellas que mancharon su blancura virginal.
Mil veces escrita con un pulso impreciso aunque al mismo tiempo zagas, con palabras complacientes para cualquier otro ser en éste mundo, menos a ella, a quien arañabas con cada trazo.
Una maldita hoja que no hace más que suplicar con un eco callado que pares su sufrimiento, mientras tu te regodeas imaginando lo que puedes llegar a lograr junto a ella.
De esas que se escriben impacientes, palabras hirientes y ensordecedoras. ¿Acaso crees ser tú, el único ser que sufre en éste mundo? Solo por ser tú ese que "siente" los estragos de la vida y el alma...Pero no, te equivocas. Tú no eres esa hoja de papel.
Mil veces arrancada, utilizada, escrita, hecha un ovillo dentro de tus manos, estirada una vez más para ser otra vez una simple página entre miles que pasaran por tus dedos.
Solo éso, nada. Una existencia efímera, cargada de sufrimiento, viendo morir a sus "iguales", sin más consuelo qué el morir apresuradamente en manos de cualquier escritor amateur, que por más que la haga sufrir, siempre sabrá que la utilizó por buenos medios.
Pero tu no. tú nunca lo sabrás.
Piensas que esa hoja es mucho menos que la nada.
Y en efecto, para ti es nada.
Nada menos que un simple trozo que utilizas a tu antojo.
Una hoja, qué, por más que intentó seguir, calló en el intento.