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Día 1

Hoy fui a terapia.
No era así como quería empezar esta nota, pero no se me ocurrió ningún recurso literario al cual apelar. Hoy no hay licencias que me permitan esconderme, un alter ego que escriba por mi lo que quise decir cuando no era capaz de hacerlo detrás de mi propia cara. Hoy soy yo, admitiendo que los problemas no se solucionan bajo una cobija mágica, la misma que me acogió desde que tengo poco menos de cinco años y que aún ahora es mi placebo favorito, la mentira que me encanta interpretar.
Escribe, me pidió. Al parecer te ha funcionado antes y la verdad es que si. Hace seis años escribí una carta que terminó siendo mi mayor desastre: la Betania que tanto tiempo había sobrevivido detrás de una coraza, se quebró por completo luego de escribirla. Pensé, en ese momento, que me había equivocado ¿Por qué mostrarse? ¿Por qué ser transparente frente a un mundo que se apropia de tus miedos y los inyecta en tu conciencia, como un recordatorio de tus limitaciones? Yo no quería escribir…

Asterión

Navego sobre lo imposible ahora árbol moviendo mis ramas hacia el cenit, ahogándome en la lluvia que inunda mis linderos llenándome de formas floridas barro tu cuerpo bajo mi sombra, siempre con rumores de muerte.
Me convertiste en la carga puntual astro sin órbita planeta que no es planeta.
Me odio, arranco mis ojos con mis ramas. No creo en el destino ni en la roca. Sísifo no fue feliz, no puedo imaginarlo.
Crezcan flores en mis cuencas vacías enredaderas curvan en mi vientre. Hoy mis palmas yacen bajo la roca Asterión ya me ha encontrado.
Hoy despedí un pedacito de mi. No puedo decir lo grande que es, porque es relativo...Pero, cuando lo arrancaron de mi, se sintió como un universo completo. No sé despedirme, no termino de aprender. Doy un abrazo y empeño mi alma hasta la próxima vez (Dios sabe cuando) que pueda verle de nuevo. Toda mi vida, entonces, se basa en una espera eterna con múltiples destinatarios. He visto partir a amigos que son familia, a amigos que son hermanos, amigos que soy yo misma. Me despido de ellos y de mi, de la parte de ellos que se queda conmigo mientras yo me hago chiquita y me transformo en una nota fugaz dentro de una maleta.
A veces lloro y otras veces me convierto en lágrima. Me fundo con ellos y digo "adiós" como quien se despide de alguien que verá mañana. Sonrío, hago chistes malos, escondo mi tristeza detrás de un optimismo desaforado, un llamado a la calma que no siento, a las tantas noches de insomnio bajo una caracas que nos sirvió de cielo y nos creó un infierno de separ…

A ti, que me regalaste todo

Me encontré en tus calles antes del amanecer, con el sol apenas acariciando el borde de tus cimas, como abrazándolas con un buenos días en los labios. Si, definitivamente eran buenos.


Me escapaba de sus brazos para entrar en los tuyos. Me recibiste en incontables ocasiones, siempre con la disposición de una madre, arrullándome con el leve eco de los pájaros que se atreven a adentrarse en ti, en tus otros tantos ecos no tan amigables. Así me viste crecer y yo te vi quedar más y más pequeña ¿Sabes? Como esa sensación de la infancia, donde todo es más grande, mucho más magnífico de lo que realmente es…Y un día creces de golpe y resulta que aquella selva no era mucho más que un patio con un par de árboles chiquititos que ofrecía sombra al león que resultó ser tan solo un gato. Así me pasó contigo: te hiciste pequeña, pero jamás perdiste tu magia.



Mamá me ha pedido que no me junte tanto contigo. Me dice, entre conversaciones aleatorias, que es peligroso aferrarse a ti; tranquila, mamá. Le co…
Tengo miedo,
te digo a diario,
mientras sostengo el peso de un universo que no es el mío,
mientras me arranco las órbitas de los ojos para no mirarte y ser de nuevo de papel,
ese que tanto te ama,
que disfruta tanto ser tu lienzo,
que lleva tus dilemas tatuados con orgullo
al igual que tus temores,
porque sé que también tienes miedo,
porque no es fácil querer a las hojas que se han arrugado con el tiempo,
pero te arriesgas y haces poesías con mis pliegues,
Odas a mis cachetes,
a los infinitos escalofríos que recorren mi cuerpo cuando me besas;
entonces no soy solo hoja, sino también tinta
y tus miedos se hacen mios;
Para reescribirlos,
abrazándonos hasta inventarnos de nuevo,
alcanzando un cielo que nos cubre las entrañas y me permite amarte con el corazón abierto,
en mis manos,
porque el amor también es miedo,
y yo no quiero curarme.
«las nubes tienen calles» dijo,
Y hoy lo abrazo como se abrazan las calles que no se transitan,
Entre nubes que se cargan de agua y lloran sobre nosotros,
Sobre las calles que dejaremos atrás,
Donde hace tanto hicieron las moscas sus nidos pasajeros,
Rituales sin sombra,
Neblina que cubre Caracas
Y nos arropa bajo la única manta con nombre
Bajo el único cielo que no va a extrañarnos
Porque se han ido tantos y han quedado tan pocos,
Para extrañar sin suponer,
Para existir sin preguntar
¿Acaso amaneceremos, de nuevo, mañana?
El pánico me convierte en raíz y me acerca a ser el árbol que tanto temo.