Entradas

Hoy despedí un pedacito de mi. No puedo decir lo grande que es, porque es relativo...Pero, cuando lo arrancaron de mi, se sintió como un universo completo. No sé despedirme, no termino de aprender. Doy un abrazo y empeño mi alma hasta la próxima vez (Dios sabe cuando) que pueda verle de nuevo. Toda mi vida, entonces, se basa en una espera eterna con múltiples destinatarios. He visto partir a amigos que son familia, a amigos que son hermanos, amigos que soy yo misma. Me despido de ellos y de mi, de la parte de ellos que se queda conmigo mientras yo me hago chiquita y me transformo en una nota fugaz dentro de una maleta.
A veces lloro y otras veces me convierto en lágrima. Me fundo con ellos y digo "adiós" como quien se despide de alguien que verá mañana. Sonrío, hago chistes malos, escondo mi tristeza detrás de un optimismo desaforado, un llamado a la calma que no siento, a las tantas noches de insomnio bajo una caracas que nos sirvió de cielo y nos creó un infierno de separ…

A ti, que me regalaste todo

Me encontré en tus calles antes del amanecer, con el sol apenas acariciando el borde de tus cimas, como abrazándolas con un buenos días en los labios. Si, definitivamente eran buenos.


Me escapaba de sus brazos para entrar en los tuyos. Me recibiste en incontables ocasiones, siempre con la disposición de una madre, arrullándome con el leve eco de los pájaros que se atreven a adentrarse en ti, en tus otros tantos ecos no tan amigables. Así me viste crecer y yo te vi quedar más y más pequeña ¿Sabes? Como esa sensación de la infancia, donde todo es más grande, mucho más magnífico de lo que realmente es…Y un día creces de golpe y resulta que aquella selva no era mucho más que un patio con un par de árboles chiquititos que ofrecía sombra al león que resultó ser tan solo un gato. Así me pasó contigo: te hiciste pequeña, pero jamás perdiste tu magia.



Mamá me ha pedido que no me junte tanto contigo. Me dice, entre conversaciones aleatorias, que es peligroso aferrarse a ti; tranquila, mamá. Le co…
Tengo miedo,
te digo a diario,
mientras sostengo el peso de un universo que no es el mío,
mientras me arranco las órbitas de los ojos para no mirarte y ser de nuevo de papel,
ese que tanto te ama,
que disfruta tanto ser tu lienzo,
que lleva tus dilemas tatuados con orgullo
al igual que tus temores,
porque sé que también tienes miedo,
porque no es fácil querer a las hojas que se han arrugado con el tiempo,
pero te arriesgas y haces poesías con mis pliegues,
Odas a mis cachetes,
a los infinitos escalofríos que recorren mi cuerpo cuando me besas;
entonces no soy solo hoja, sino también tinta
y tus miedos se hacen mios;
Para reescribirlos,
abrazándonos hasta inventarnos de nuevo,
alcanzando un cielo que nos cubre las entrañas y me permite amarte con el corazón abierto,
en mis manos,
porque el amor también es miedo,
y yo no quiero curarme.
«las nubes tienen calles» dijo,
Y hoy lo abrazo como se abrazan las calles que no se transitan,
Entre nubes que se cargan de agua y lloran sobre nosotros,
Sobre las calles que dejaremos atrás,
Donde hace tanto hicieron las moscas sus nidos pasajeros,
Rituales sin sombra,
Neblina que cubre Caracas
Y nos arropa bajo la única manta con nombre
Bajo el único cielo que no va a extrañarnos
Porque se han ido tantos y han quedado tan pocos,
Para extrañar sin suponer,
Para existir sin preguntar
¿Acaso amaneceremos, de nuevo, mañana?
El pánico me convierte en raíz y me acerca a ser el árbol que tanto temo.

Otra vez Alicia.

El amor no tiene que hacerse a oscuras. El amor simplemente tiene que hacerse. Con luz o en total oscuridad. De tus labios descubrí los modos, las pausas necesarias para desafiar tu respiración que se agita y te hace buscarme...buscarme a mi, entre tus sábanas que se convierten en médanos que arropan mis muslos, que se acoplan como olas a la arena de mi cuerpo, uniéndome a ti, a tus sonrisas que se escapan de mis labios ¿O de los tuyos? y van buscando suerte en otras fronteras, caminando sobre mi cuello, haciendo cumbre entre mis senos que se muestran ante ti como simples colinas y tú quieres conquistar como montañas. Te siento cerca. Eres guía de mis espasmos, de nuestros intentos por sincronizar órgasmos sin escala, de sentirte en mi, adentro, descubriendo un nuevo sistema, una nueva forma de hacerme el amor con la luz encendida y tus ojos fijos, clavados en los míos, que me llevan a amar tu cuerpo, tus caderas entre mis piernas, mis gemidos que se camuflan con el sonido de tu cama,…
Cinco birras más tarde, no distinguíamos si aquella valla frente al universitario era - o no - el icónico ovalo de la Savoy; pero éramos, eso si, capaces de encontrarnos entre historias improvisadas, recuerdos de poco más de quince años, frescos, como si se tratase de hace un par de semanas. Capaces de cantar sin pena, de abrazarnos en grupo, de ser los adolescentes que no fuimos, de jugar a los adultos que podríamos llegar a ser.  Fuimos las sonrisas que nos dibujábamos en el rostro, las melodías improvisadas que se escapaban de los trastes de un ukulele sin nombre. Fuimos karaoke del bachillerato, colisiones de estrellas que se apagan para dar vida a nuevas estelas, sin órbitas, polvo que regresa al polvo y se rehace en un mismo espacio, el mismo que comparten nuestros pies que bailan y hablan entre si, de las calles que han recorrido y las que están por recorrer, las que se quedaran vacías de nosotros que estamos, pero no estaremos luego; que cantamos con las cuerdas vocales inund…