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Mostrando entradas de noviembre, 2015

Cedeño

Papá no es un apellido.
Papá fue un poemario de recetas ancestrales.
Maíz pilado. Pescado frito.

Papá fue una clase de historia,
alquimista de abrazos invisibles,
tetero hasta los ocho años.

Papá fue un hombre de números,
también de letras,
de todas
                                                                 -toditas-
no solo de seis absurdos grafemas,
firma definitiva,
apelativo,
título sin realeza.

Papá fue mío,
porque quiso serlo.
No creí en lazos de sangre,
coagulada,
ficticia.
Creí en el amor a primera enseñanza
                                                              -aunque lugar común-
paseos de la mano,
brazadas infinitas en un mar de enciclopedia.




Nunca fue mi padre por decreto.
Se ganó cada una de mis lágrimas.
Él,
cada uno de mis besos.

Así supe apreciarlo;
él,
a su vez,
al verme desgarrando el papel de regalo,
comprendía que el esfuerzo de un año de trabajo,
se veía recompensando en los brazos que se adherían,
cual garzas -prisioneras-
a su cuello.
Hay puñales, mullidos, cual cojines.
risas cegadas,
tragos que terminan en derrames cósmicos de nada,
basura estomacal,
desdicha,
cabeza baja.

Luego te dan -y das- todo.
Integridad, corazonadas,
poemas sobre almohadas compartidas en camas de Propatria,
conversaciones de media jornada,
distancias eternas por panes efímeros,
pesos ideales,
almuerzos subsidiados,
condones baratos,
mar de plata,
caminatas monumentales en ciudades peligro.

Me perdí buscándote,
amándote a tiempo completo.
Te perdiste tú,
reina de los dioses,
entre temores de a contado.
Hija de Saturno,
"tú que consuelas y no existes",
ay Pessoa,
que mal me siento.

Sin tabaco,
ni ira,
siempre aquí, hasta que vuelvas.


La manija del gabinete se clava en mi espalda,
choco contra ti.  Te busco, a tientas,  a gatas,  incluso después  con las manos en alto. 
escribo obituarios sobre mentiras me hago polvo, eco sin destino, cama de tu cama,  sexo de tu sexo.
Quiero tocarte,  alcanzar tu rostro.
                                             - No, me privo-
Me privo de ti, de nuestros vicios, la manera en que sonríes                                                  -con sopor- mientras finges no mirarme.
Y llueve. No afuera, sino en mi.                                                  -en nosotros-. mientras como de las sobras,   aquellas que dejaste sobre mi vientre adolorido.

                                                    ...
Respiro, ya no hay moscas. No hay miedo de partir no hay miedo de perder,                                                  -ya te he perdido-.