jueves, 29 de noviembre de 2012

"...Un encuentro sin chocar y sin exasperarse"

                      29/11/2012.
Me cansé de escribir como si de negar tu existencia se tratara. Me estás leyendo, no finjas más.
Hoy, me dio la gana de admitir lo mucho qué, desde siempre, me has gustado.
Me estoy riendo, estoy llorando, volando, lo que sea, por ti. ¡Que tonto! Esta cursilería que solo soy capaz de escribirte en un estado de ebriedad emocional. 

Déjame, tonto. 

¿Será que nos escondemos y huimos por un rato? Hablamos de Bukowski, si te place, o mejor aún ¡Hablamos de nada!  Aunque, según él, "Si un escritor abandona la creación, está muerto". y yo, no quiero morir sin decir que escribo, aunque carezca de talento y esta retahíla no llegue a nada. 

Ni un montón de buenas hipótesis cambiarían la realidad de la situación. La tierra gira, el sol existe y nosotros somos simples peones en un tablero inexistente y ficticio. ¿Para que etiquetarlo? De nada sirve jugar un juego que todos juegan, sin conocimiento. Salte del tablero y busca tu propio reino. Luego, si quieres, jugamos a derrotar al rey. 

Yo quiero quererte como Benedetti, cuando tu boca sepa gritar rebeldía.

"Y en la calle, codo a codo, somos mucho más que dos".

Yo quiero quererte y desvelarme, rendirme ante el sueño solo cuando sepa que puedo descansar sin que te vayas. Tras la puerta, podría esperar.
Quizás, juntos entender el simbolismo épico del Ulises de Joyce. Y, si no lo entendemos, lo leemos de nuevo. 
¿Para que tener una vida juntos si no la vamos a perder en lo efímero, lo volátil, nada de cotidianidades? ¿Para qué vivir una vida llena de rutinas inconclusas y sentimientos de remordimiento? Yo solo quiero escaparme y vivir del viento, de ser posible.

Ya tendremos tiempo para sentarnos y ver un buen partido de fútbol. Que conste que, de hacerlo, sería solo para recompensarte por las largas lecturas, esperando que comprendas mi necesidad de leer los 100 libros del siglo de le monde (Cosa que empecé sin ti, y me disculpo...Bah, mentira. No me disculpo, me encanta hacerlo a escondidas). 

¿Y si te digo que quiero pasar mi vida entre la literatura y tú, me creerías? Kafka, Huxley, Orwell, Proust, Buzzati, Fitzgerald, Tolkien, Borges, Bradbury, Lorca...Y poemas, hasta que tu oído se canse de escucharlos.

Sabrás de Pavese, lo prometo.

Lo siento, soy incapaz de separar lo que me gusta, sobre todo cuando se trata de ti. 
Leo y estás allí, en cada personaje, idealizado, perfecto como siempre y como nunca, incoherente, absurdo, soñador, hilarante. 

Tú.

Seré como Buzzati para ti; una mezcla, irreverente, entre planos y dibujos, racionalidad, química y ciencias, hasta encontrarte de nuevo y saber que mi naturaleza es otra, enfrentada a un laberinto incomprensible, donde solo se escribir para no olvidar que la rutina es un tedio en el cual no quiero estancarme. Y escribiré, hasta que no tenga nada que contarme a mi misma, en estas largas horas en las que perder mi tiempo, es ganarte. 

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Mezzo secolo e un ricordo.

Abre la puerta, camina unos cuantos pasos, ahogado, como quién no quiere llegar y afrontar lo que está allí, esperando por él. Y no hay nada. Nadie espera por él.

Coloca todo el peso de una vida en la mesa y se sienta. Medita. Uno, dos, tres minutos. Abre los ojos y sigue allí, como al principio, como siempre: solo. 

Una taza de café y el aroma inunda la habitación. Lo aspira y lo deleita, como se disfrutan los placeres efímeros de la vida.

Una gota resbala por la taza y, como un pequeño torrente de tristeza se resbala, cual sus lágrimas, por su mentón. Tantas preguntas y solo una taza de café, incapaz de responder a dicha interpelación. La curiosidad lo inunda y hace que sucumba ante la adicción dañina de recordar momentos felices, cuando la nostalgia le corta, cual cuchillo, parte de su alma. 

Vivió como quien vive una aventura de verano, tras momentos de éxtasis absoluto, saboreando minuto tras minuto la vida que deseó, como si cada placer pudiera ser capaz de llenar el vacío en el que se ha convertido hoy, después del tiempo de rigor.

Se ató a una filosofía personalista, subsistente, autónoma y cayó, pensando que "no sentir" era una bandera adecuada para caminar por los senderos que se le presentaban. Y si, le funcionó, a corto plazo.

Se casó sin sentir que cada fibra de su cuerpo la deseaba, sin sentir el calor de sus abrazos como algo más que un cuerpo y su atracción, por ley gravitatoria. Se casó, atándose a alguien que podía proporcionarle las sensaciones básicas que necesitaba. Un robot. Se casó, sin saber que allí, tras sus muros, existían miles de posibilidades, teorías, hipótesis, momentos, personas, lugares; el tiempo mismo, incapaz de detenerle los impulsos. ¡Se casó, creyendo que sería incapaz de ignorarlo en un futuro! 

No hirió, ni fue herido. No supo amar, ni fue amado. No sintió, como el que siente cada segundo, calándole hasta los huesos, sabiendo que existe, que vive. 

Bendita sea la insuficiencia del que ama sin heridas, argumentando tras mentiras que si son capaces de vivir. 

Y allí durmió, hallándose conocedor de todas las pérdidas que conscientemente propició, lamentándose de haber desperdiciado tanto, en fingir ser capaz de ocultar su naturaleza. 

sábado, 10 de noviembre de 2012

viernes, 9 de noviembre de 2012

Retórica y dialéctica.

Un suplicio que comenzaba donde la alegría de aquél, su momentáneo estado de celos, rozaba con lo absurdo.
Se tejió una mortaja y decidió enterrarse en vida, dándole una solución errada a un problema delimitado, con sus errores y justas tildes, sobre todo adjetivo descriptivo utilizado, como necesidad, en sus oraciones. La incógnita no estaba en la pregunta, sino en el desafío qué, alguien tan idealista, encontraba en la realidad.

¡Pero cuanta gallardía! Un simple cobarde más, entrelazado en otra mentira heroica. 

Fuiste sondeado hasta lo más profundo de tu peroración , pero no convenciste a los presentes. Un cardenal más para la larga lista que hace eco en tu piel, sutil, parda, mestiza; yendo en contra de toda lógica, puesto que en ti, las palabras, cuestionan no solo tu conciencia; sino qué, además, esclavizan a tu piel. 

¿Para qué decidir vivir en un patíbulo? Sal de allí, olvida la vindicta fallida. ¿Recuerdas a Zenón de Citio? Retoma ese estoicismo del periodo helenístico y conviértelo en tu bandera, de ser necesario. No quiero ser yo, de nuevo, quien te hable durante horas de filosofía, para que termines aburrido en un rincón, ahogándote en tus penas y recordando besos que no diste, por simples arquetipos. 

Olvida los terrenos fragosos por los que andaste y camina hacia los vastos, lejos de cualquier turba existencial que pueda hacer cuestionarte tus motivos. Ni un piquete de soldados podrían cambiar tu opinión, si fundamentas tus pilares en ella. ¡Nada de proscritos! Se tú, justo allí, donde el sol no quiera verte, donde el viento cese, donde las colinas fallen...Se tú, donde el pérfido espere, donde el enemigo aguarde. 

Y si te tildan de faccioso, por defender tus ideales, sabrás que lo estás haciendo bien. 

miércoles, 7 de noviembre de 2012

¿Para qué tantos besos? Si, al fin y al cabo, no sabes amar.

Un momento, para recordar que existes;
sin ataduras.

Dos recuerdos, sumados a una cuenta inagotable.

Tres minutos, como aquél día, para volar;
como si pudiera olvidarse.

Cuatro tiempos, para tocar la melodía que tanto disfrutaste; cada compás,
aprendiendo de tus silencios.

Olvida la estructura y las formalidades para escribir tantos deseos inútiles;
hazme caso. Déjate llevar.

Cinco vidas, insuficientes para estas inmensas ganas de sonreír;
contra todo y nada más.

Seis caricias sin malicia, con conciencia del placer y lo inevitable de las palabras entre tanta hilaridad.
Tú, vida; y yo, un aditivo más.

Siete días, para amar lo que olvidaste ayer y lo que querrás mañana. Hoy ¡Sin tiempo! pero ama.

Ocho, por si hacen falta 24 horas más, un suspiro; o, quizás, volar.

Nueve espacios; cosmos y estrellas fugaces. Deseos, ilusiones, anhelos, esperanzas o nada; pero junto al viento mismo, sin limitaciones.

Un diez desconocido, para que inventes todo cuanto crees imposible de alcanzar, poseer, vivir, anhelar; donde seas solo tú y tus pretensiones, sin un "no puedes" capaz de detenerte el paso. Corre, sin escuchar razones de imposibles; sin más.

Once y nada menos que tú, contra ti y tus paradigmas, miedos y errores. Tú, soñando en cada paso, junto a miles de remembranzas.

Doce.
Descanso de ti,  luego de ofrecerte la seguridad necesaria para que surjas del mismo lugar en donde quedamos, pero...
Ve al título y recuerda. ¿Quién sino yo, una vez más?