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Mostrando entradas de junio, 2017
Tenía 19 años cuando descubrí, de tu mano, aquella quinta que se dibujó a sí misma como un cuadro del siglo pasado, coronada con un árbol de tapara que dejaba caer sus frutos sobre una fuente que terminó por abrazarle.
Recuerdo tu foto. Mirabas hacia esa fuente y yo capturé tu espalda. No importa cuántas veces insistiera, jamás pude guardar tu sonrisa en una imagen. Conmigo, jamás quisiste una foto. Me tocó conformarme con tus hombros, tu cuello erguido hacia un horizonte que se escapaba de mis ojos.
Debo admitir que aún la observo. El papel se ha corroído en las esquinas, pero aún puedo mirarte. Sé que sonreías aunque no me observaras. Sé que colgabas tus sueños frente a una estructura que dejaba correr sus aguas; como tú, cuando dejabas que el mundo siguiera de largo y te aferrabas a ti, en tu silencio, en tus ganas de ignorarme por el placer de hacerme molestar, de las ganas absurdas que sentía de besarte, las mismas que calmabas en otros labios que no eran los míos. No fui capaz de …