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Mostrando entradas de octubre, 2014
Espero, en retrospectiva, jamás verme siendo solo un parásito del otro, viviendo alimentada del fruto de un trabajo que nunca realicé, de unos bienes que jamás pertenecieron a mis arcas.

En parte, espero tener la cantidad de vida suficiente para observar desde un puesto privilegiado las pequeñas y grandes acciones que cometí algún día en vida. Las sonrisas y los regazos en los que algún día me senté, las puestas de sol frente al Orinoco y las miles de horas de estudio que invertí para ser lo que siempre quise ser al final del día, lo que siempre prometí noche tras noche, escabullido entre las plegarias.

Y cuando muera, que ni una sola parte de mi cuerpo no haya sido mía, que ni una sola gota de mi sangre corriese en vano por mis venas.


"Acostumbraba suicidarse a diario con balas de salva"
                                                                                                                      -Rigoberto Rodríguez





Lucía llegó al mundo al borde de sus 18 años.

Se escondió en los estropajos que usaron para limpiar toda la sangre y fluidos dejados sobre su piel, la cama y las baldosas del piso, en ese acto de dar luz a lo que no quiere ser alumbrado. Durante días, nadie notó su ausencia. Se hizo experta en dormitar sobre la ropa sucia, los paños de cocina y las plantas que adornaban el jardín que nunca quiso.

Dentro de un cálido vientre, 18 años pasaron volando. No sintió miedo ni frío, no tuvo problemas. Fue pequeña y gigante a conveniencia, capaz de pedir sin preguntar, de hablar sin formular palabras y de comunicarse como los bárbaros, a gritos y empujones.

Ayer supo de la desgracia y se vio obligada a salir del charco en …