domingo, 25 de diciembre de 2016

Este no es otro estado en facebook de agradecimiento por un año más de dicha y bendiciones. No es, tampoco, una tarjeta de palabras bonitas para llevar. Hoy, ni siquiera, se termina el año, pero me da lo mismo. Quienes me conocen saben que no suelo seguir un orden consecuente para enumerar los días y que, mucho menos, soy capaz de recordar cuantos tiene cada mes (febrero, claramente, es una excepción). Así que decidí hacer mi recuento hoy, motivada por el sedentarismo organizado, promovido por días como éste, donde es socialmente aceptado el ser una carga sin sentido ni misión en la vida, un día donde comer sobras en cualquier horario es la norma (cosa que me encanta).

Este año empezó sin resoluciones mágicas e imposibles de afrontar. No empecé con una dieta en mente, ni una lista de cosas por hacer (admito que, en ocasiones anteriores, era una especie de biblia que me prometía seguir al pie de la letra y siempre terminaba decepcionada). No quise ser más o menos, solo quise continuar siendo lo que sea que me llenara lo suficiente como para sentirme orgullosa de mi misma y bueno, casi un año más tarde, debo admitir que no lo logré, pero el cartelito de "en proceso" sigue colgando en mi frente y eso me agrada.

No esperaba construirme desde cero, ni una solución inmediata a situaciones y momentos que han crecido conmigo, a veces como guía y otras tantas como cargas. Dejé ir y al mismo tiempo, me dejaron continuar con mi camino. Me sentí, infinidad de veces, insuficiente de llenar expectativas ajenas, hasta que comprendí que esas expectativas me importaban un carajo y que me daba igual si ésta o aquél se sentían cómodos con quien yo era. Al fin y al cabo, mi convivencia perenne es conmigo misma y si me caigo bien, ¿Qué coño importa el resto?

Ni siquiera he crecido lo suficiente. Con 20 años, apenas acabo de dar el primer paso para dejar los pañales, pero no importa. Disfruté quitármelos, tanto como me hizo feliz el tiempo que los llevé puestos.
Aprendí, por fin, a decir lo que pensaba sin tener que pasar mil y un veces por el proceso de escribirlo, de redactarlo una y otra vez, hasta ser medianamente capaz de enunciarlo como una oración mil veces estructurada.
Me equivoqué tantas veces como intenté no equivocarme y al final resultó que meter la pata es tan rico como no hacerlo. Es decir, no importa. No importa y jamás importó, pero estuve tan ocupada en disculparme una y otra vez, que no era capaz de comprender que la única disculpa me la debía a mi misma, por el simple hecho de limitarme al momento de intentarlo.

De mi vocabulario salió el "no puedo" y llegó el "coño, hay que intentarlo" y éste puso en mis manos momentos increíbles. Abracé y me dejé abrazar, me emborraché más de lo esperado y me reí como nunca después de haber llorado la misma cantidad de veces en que prometí no hacerlo; así que ya no prometo, al menos no imposibles. Me limito a existir y tomar todas las oportunidades que se presentan para escapar de la rutina.

Salud por otro año como éste, que me enseñó a coser las heridas y aprender a vivir con las costuras.

martes, 8 de noviembre de 2016

En ocasiones, el tedio de la semana, se convierte en el del mes y con el tiempo, termina por ser el del año. Las horas se transforman en cúmulos críticos de segundos, bombas de acción inmediata o, por el contrario, la definición pura de un espacio estático, inamovible, donde los relojes se derriten contigo y tú con ellos, buscando un escape.

jueves, 3 de noviembre de 2016

Cada nuevo año escolar, desde primaria, llegaba el incómodo día en el que presentarse era la primera actividad de la mañana.
Uno tras otro se iban presentando, hablando de su deporte favorito, la profesión que escogerían con opciones típicas de la ingenuidad que aún nos gobernaba, la edad que se sostenía en una sola mano. Mientras tanto, me mordía las uñas (mala costumbre que aún conservo desde mis primeros momentos de ansiedad), asimilando internamente el pánico que me producía escucharme y ser escuchada frente a un salón que, aunque conocía de memoria, me cercaba en mi propio y silente mundo de temores.

Recuerdo que siempre decía mi nombre y mi edad, me gusta leer y con suerte me dejaban sentarme. En ocasiones, la maestra de turno prolongaba mi tortura con preguntas específicas que me arrancaban de mi zona de confort. Esto ha debido de crearme un trauma, no hay otra explicación.

Mi capacidad para expresarme de forma oral continúa siendo la de aquella niña de primaria que jamás pudo hacerlo sin titubear, sin sentirse cohibida por las propias paredes en las que se encerraba. Así que, en vez de derrumbar las paredes, construí unas un poco más versátiles: me escondí en una casa de letras. Vengo aquí y escribo un diario que termina por ser mi enclave en el mundo, mi forma de expresarme sin tener que titubear, sin enrojecer, sin mostrar expresiones que terminan delatando lo que verdaderamente estoy sintiendo.




A veces hago el experimento de intentarlo, de arriesgarme y hablar, de decir exactamente lo que estoy sintiendo; pero, dado que el agua tibia es complicada de encontrar, siempre termino en el extremo de lo frío o lo caliente y me arriesgo por completo, sin medias tintas. Como si callarme en ese preciso instante pudiera afectar las órbitas planetarias, el cambio en las mareas, el campo gravitacional terrestre...Y te invito a salir. Me como mis miedo y te cuento que dentro de mi mente todo es un caos, pero que quizás sea bueno compartirlo de a ratos, dejarlo ir y que vuelva si tiene que volver o que se quede viviendo fuera de las cuatro paredes que lo limitan a un folio en blanco, pero no; siempre fracaso y termino en la hoja o ella termina conmigo y yo me quedo siendo otro de los pensamientos de la niña que en primaria no podía hilvanar una oración.

miércoles, 26 de octubre de 2016

26-10-2016

Si me quedaban dudas respecto a la posición de la MUD en el conflicto actual, hoy las resolví por completo.
La dirigencia opositora es una cúpula que disfruta de su posición de "oposición", que a diario aliena sus principios en pro de mantener los beneficios que sus cargos conllevan.
¿Qué estamos haciendo? Cada vez que se convoca a una movilización, termina -en el mejor de los casos- en una "bailoterapia" frustrada, una tarima llena de personas que ya cumplieron su ciclo político, repitiendo el mismo discurso gastado que ya no convence a nadie.

Hoy vi a cientos y cientos de personas marcharse molestos, decepcionados, con un "no vuelvo más a la calle" en los labios, porque ya están cansados de que sea siempre lo mismo, de escuchar los mismos problemas y no encontrar una solución. Siempre hay un "anuncio importante", un comunicado que entregar en algún organismo internacional, el chiste de las mesas de diálogo...Mientras tanto, la gente que no hace alarde de ningún cargo político, sigue haciendo colas por comida, sigue tratando de sobrevivir con un sueldo mínimo, siguen muriendo sin medicinas...¿Y cuál es la respuesta de la "dirigencia"? Simple: el tiempo de Dios es perfecto...
Sea o no sea perfecto, la situación es que al menos hay que ser coherentes con las declaraciones que se realizan.
No pueden pegar cuatro gritos, tipo caudillo de la post-guerra de independencia, repetir el mismo discurso que combina los gritos desesperados con un sentimentalismo barato que ni ellos mismos se creen, decir ¡ESTO ES UNA DICTADURA! y luego proclamar que la salida es por vía electoral ¿Cuántas humillaciones más hay que tolerar por parte del poder electoral y el legislativo? ¿Cuantos supuestos anuncios importantes hay que escuchar?

Crecí escuchando que este país, en el que me crié, no fue el mismo en el que se criaron mis padres. Crecí escuchando que algún día tendría un futuro. Crecí escuchando que ahora si, que este era el momento "pronto saldremos de esta situación".

Hoy, con 20 años, me encuentro en un país donde ya otros tantos no pueden crecer, donde ni siquiera podrán escuchar lo que yo escuché durante tantos años. Y cada día que pasa, cuenta. Estamos perdiendo la poca juventud que podíamos tener, la poca "normalidad" que nos permitíamos en medio del desastre.
Venezuela se está hundiendo y aún hay personas, los del "poder", pendientes de ver que pueden robarse mientras aún seguimos a flote

sábado, 8 de octubre de 2016

Por tres horas fugaces, mi casa fue tu pecho ¿O fui yo la tuya? no sé, es difícil distinguir entre espacios que no existen más que alojados en pequeños momentos, porque hoy ya no estabas tú ni estaba yo, pero en mi mente tus brazos siguen aferrados a los míos y ese leve eco de tu voz cuando dijiste a veces creo que no te crees lo linda que eres; y te conviertes de nuevo no solo en casa, sino en hogar, porque a veces creo que no crees lo bonito que es saberte cerca.

sábado, 1 de octubre de 2016

Desperté después de las 12. Probablemente han pasado años, al menos tres, desde la última vez que dormí hasta el mediodía.
Me siento borracha de sueño, dopada entre los brazos de Morfeo. Si, Morfeo, el carajo que jode cuando no tiene que joder: me deja en vela tantas noches y luego simplemente no me permite despertar. Siempre el desequilibrio, la ausencia de un punto medio.

Hace mucho no me pasa que despierto y te veo a mi lado, muriendo del calor pero conmigo; quejándote entre sueños de los mosquitos que se alimentan de tu sangre, de la humedad que pega la sábana a tu piel y de mis brazos, cerecita del pastel, que terminan de asfixiarte.
Hoy pude dormir. No hubo madrugada en vela para recordarte, ni imágenes de ti, mucho menos una repetición sucesiva de las tantas veces que tus labios se convertían en mi lienzo.

Solo desperté después de las 12, ya no más para extrañarte. Ahora solo te recuerdo como la bonita casualidad que me pintó y me dejó pintarle.

sábado, 17 de septiembre de 2016

Busco y sostengo bloques,
trozos de acero,
hierro cualquiera con carbono variable,
aleaciones al 0.08%
vigas cargadas de espamos,
historias increíbles sobre faros en medio de la nada
sobre canciones que quise cantarte y me tragué en el proceso
masticándolas,
ahogándome con sus versos baratos
digiriéndolas después del tercer replay
de las tantas noches en que no te tuve
pero eso ya lo sabes,
claro,
porque no estuviste.

Bendita idiotez,
razón suficiente para esperar tu regreso
ese que nunca vendrá, porque jamás te marchaste.
Las personas como tú nunca se marchan,
nunca llegan,
nunca esperan quedarse.
Estrella fugaz de otra galaxia inalcanzable,
fenómeno luminoso
converge hacia el infinito.

Entonces me construyo.
Bloque tras bloque
mentira, te miento.
Por lo general termino bajo el material,
como si mi nivel de despiste pudiera continuar trascendiendo
actuando en mi contra,
sepultándome bajo cientos de temores
me diseño una coraza
un muro precioso que me separa del pánico
la angustia
la ansiedad que se alimenta de mis horas de sueño.
Edifico mi propia distancia,
marco la línea divisoria entre dos polos:
el yo que se da por sentado
el yo que odias en silencio
y decido quedarme en el segundo,
el que me permite moverme a mi antojo
esconderme a mi antojo
forjarme como el acero,
jamás a un 2,14%
y que pase lo que tenga que pasar,
quizás algún día recaiga en la primera.

domingo, 11 de septiembre de 2016

Ayer conversé contigo. Bastó con alejarme del bullicio un par de metros, para encontrarte sobre la arena. Me estabas esperando, estoy segura.
Que difícil ofrecerte un resumen, una síntesis más de los últimos meses en los cuales te he evitado por el pánico a escuchar la palabra "decepción" traída por el viento; pero me hablaste, en una ola me tomaste de la mano y supe que no estabas molesto, nunca lo estás. Son muchísimas las veces que me he ausentado y son infinitas las oportunidades en que me perdonas y continuamos adelante, como ignorando mi estupidez, mi fragilidad...Y escucho tu voz, "se fuerte, eres la mayor", aquella del reproche cuando cualquier lágrima se escapaba cuesta abajo por mi mejilla y tú le ponías un parao', otro artificio para hacerme crecer antes de verte partir.

Me preocupa no tener mucho más que decir. Siempre hay algo que contarte, pero me causa pánico imaginar tu reacción y me sumo en el silencio. Escucho las olas chocando contra la orilla, el murmullo del mar y las tantas veces que, escapados, nos creíamos invencibles entre brazadas.

Solo allí me siento en paz. Es, bueno...No sé explicarlo. ¿Conoces el cliché del mar lavando los problemas? bueno. A mi me los arrebata por completo, al menos en el preciso instante en que cierro los ojos y solo escucho la risa del viento, porque estoy segura que se está riendo. No hay forma posible de acariciar la plenitud del mar y no sentir que el corazón se reconstruye con sonrisas, por más fraccionado que estés. Por favor, hoy no quiero escuchar que las emociones se alojan en el hipotálamo. Déjame en mi lugar común, déjame ser feliz al menos en los cinco minutos que me estás dedicando. Quiero continuar riéndome de mis propias estupideces, mis comentarios sin sentido, las ocurrencias de carajita de 5 años que mira de cara al cielo sin temor a ser quemada por el sol.

Seguiré estando bien, porque no hay otra forma de estar. Al menos no ninguna concebible por mi, no por ahora. Mientras tanto, me quedo entre nostalgias y regresos.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Aquí va un ejercicio; no de redacción, mucho menos de narrativa. ¿Conocen esa sensación de estar cargados y, en ocasiones sin saberlo, a punto de estallar?  Es mejor, desde mi humilde punto de vista, liberarse de cualquier cosa que atente contra mi tranquilidad -y la de mi entorno, claro-, entonces surge esto. Mejor dicho ésta, una necesidad absurda de vaciarme por completo, de escribir que el día ha estado como tantos otros días, que he sido yo la que ha cambiado -o la que no-.

Esta vez el día ha sido el mismo. Una sucesión de minutos y tiempo muerto, entre comida y comida, la siesta que tomo entre cortada para que dure el resto del día y me deje consumirme, noche tras noche, en un insomnio incomprensible -si, claro. Incomprensible-. 

Ahora me duermo en los carros. Conseguir el placer del sueño en movimiento es una meta desbloqueada, ¿Para qué sirven las camas? ¿Por qué dormir de 8 a 6? 
No lo comprendo. Es decir, si lo comprendo, pero no quiero compartirlo aunque suela decir lo contrario.
"Quiero dormir", pero la verdad es que no. A veces enunciamos pensamientos que, después de analizarlos, son más una convención social que un deseo. Yo no quería, solo sentía que debía, que de mi se esperaba un horario, una agenda previamente diseñada; y no, en este momento mi agenda es un cuadro en blanco y la voy llenando cuando y como quiero. Es mejor, incluso, dejarla en blanco y llenarla al día siguiente, con relatos de un día increíble que no pasó en vano -o la historia de como pasé todo el día paseando entre fotografías viejas, el mar de enciclopedia sobre el que continúo escribiendo, el recuerdo de sus manos sobre mi piel, las tantas veces que he rechazado ser feliz por seguir un criterio que ni siquiera me pertenece(...)-

                                                                               (...)
Últimamente me encuentro a mi misma cuando nado. Siempre me ha gustado hacerlo, pero ahora me deja un sabor de boca distinto, una sensación de estar en lo infinito, de saberme en el lugar y momento adecuado. Mi única limitación la pone el espacio y, por lo general, se comporta bastante amable y condescendiente. Me entrega todo y al mismo tiempo, me deja entregarme con la misma simpatía. 
Que me dejen aquí, por favor. Que encontrarme a mi misma sea la meta que quiera cumplir al final de cada uno de mis días. Si el tiempo me da tiempo, bien. Si no, habrá que robarlo. 
Tendré que escribirme a diario, drenar cuando haga falta, escupir en prosa o en verso y volver al principio. Todas las veces que sean necesarias.

martes, 6 de septiembre de 2016

Me ofreces una flor y no me gusta,
la rechazo.
tras las cortinas de mi mente,
claro,
como cualquier espejismo,
siempre imposible.

Si, la rechazo.
No quiero que la arranques
la entregues como trofeo
despedida disfrazada de camelia
mentiras que imitan analgésicos
amapola, mi sedante.

Detén mi insomnio
pon de nuevo esas formas sobre las nubes.
                                                                          Ponlas tú.
Un caballito de mar cualquiera,
la silueta de un ancla en ultramar,
tus labios entre abiertos
yo que me pinto de ti
y te mancho con mis huellas
el capítulo 92 que te recito a tropezones,
a los coñazos,
a sabiendas de tu silencio necesario
tus palabras que reptan por mi tronco
las ramas que negué tener
el fruto que se escapa de mis palmas
y se frenan en mi vientre,
en las tantas noches que te he imaginado sobre mi,
                                                                            abajo de mi,
siempre a mi lado.

No quiero tus flores,
esas que jamás me has ofrecido,
que probablemente nunca llegues a obsequiarme.
No quiero tus malditas flores,
no quiero los lirios que jamás pondré en un jarrón ilusionada,
regándolos con gotas de una dicha indiscutible,
en esta suerte (¿Suerte?) de tenerte.

Tampoco quiero que seas mío.
No quiero encontrarte sobre el caballito
nadando cerca del ancla,
con tus labios sellados por el tiempo,
sentados en un porche bajo el agua
en una casa compartida por un silencio que no quiero sostener,
ya sin nubes que moldear,
con tantas noches y sin ningún cuerpo,
con tus flores marchitas sobre mi mesa. 

domingo, 4 de septiembre de 2016

No puedo ser un árbol.
No puedo pasar la vida entera meditando,
moviendo mis ramas,
así como lo escribió Montejo.

Ni siquiera tengo ramas
                                                 creo
y si llegué a tener raíces,
las corté desde el inicio.

Me considero incapaz,
absurdamente incapaz,
de mantenerme fiel a un punto en el espacio,
sin ser cartógrafa de otros suelos,
sin aferrarme con las uñas al lodo del camino,
de las tantas noches bajo un manto oscuro y sin estrellas,
sin risas de astros cohibidos,
tanta niebla, tantos pasos.

No quiero ser un árbol que se aferra a un mismo suelo,
que se adhiere a lo que conoce,
a lo que quiso,
a lo que fue,
a lo que sigue siendo.
Inamovible,
en ocasiones,
bajo el concreto que intenta romper,
infructuoso,
quebrando la acera sin poder liberarse,
preso de si mismo y su naturaleza.

No, no quiero ser un árbol.
Que me alimente el sol cuando le plaza
¿Y cuando no?
bien gracias, señorita. Espere su cuota diaria.
Permanezca en el mismo rincón del orbe,
no busque vida en otros faros,
que del mar no sabrá nunca nada.



miércoles, 31 de agosto de 2016

Me he topado, infinidad de veces, con "segundos críticos". Si, esos momentos donde la acción inmediata asegura el éxito de la misión. La vida está llena de ellos; episodios se acumulan como si de un anticuario se tratara y yo, fiel coleccionista, los selecciono y distribuyo según su origen característico. 
Contigo fui incapaz de responder a la presión de esos segundos. No supe seleccionarlo, agruparte junto a sensaciones de la misma índole, otorgarte el lugar que merecías en los anaqueles de mi memoria. Tuve que crear un departamento distinto, un lugar donde el recuerdo de tus besos fuera único, donde la reacción inmediata a la sensación de tus labios rozando los míos, se quedara en un par de segundos celestiales, reiniciando mi conteo -parte de la vida misma- en el preciso instante en que, por azares de un mal cálculo y una mejilla que provocaba ser mordida, te encontrara conmigo en una suerte de noche imposible -pero perfecta-.

sábado, 6 de agosto de 2016

Demasiado tarde comprendí que el Universo, sin más, es otro cachorro persiguiendo su cola. 

martes, 5 de julio de 2016

veo pupilas sin rostro
caídas estratosféricas de agua que jamás tocan el suelo;
musas que van y vienen,
cargando consigo el pesar de tantos años,
de tantas risas sin foco,
de tantos labios,
tanta saliva entre besos confundidos,
lenguas que buscan encontrarse entre postales,
un "hasta luego" que terminó escribiéndose en kilómetros, nunca en metros.
veo al niño que llora en los brazos que cree de su madre,
los tantos pésame sin respuesta,
el teléfono que nunca contesto,
los mensajes que llegan para ser parte de un buzón y nada más.
Los gélidos silencios,
la complicidad que servía de máscara,
los "buenos días" como preámbulo para el desastre,
de despertar en otra cama que no era la mía,
de desayunar con familiares que terminaron siendo extraños,
de esconderme en ti, mientras te escondías tú en alguien más,
buscando recuerdos en cajitas musicales,
dándole cuerda a la vida cuando hacía falta,
empujándome hacia el precipicio hasta que reaccionara,
solo para sostenerme en el último instante,
cambiando el papel de verdugo a héroe,
mutando de historia,
escribiendo cuentos imposibles,
tatuándome mentiras en la frente solo para que el mundo las creyera,
para encontrarlas yo en mi reflejo.
Y terminé aquí,
viendo todo como si de un cuadro surrealista se tratara,
cambiando los relojes derretidos por los sueños que dejé,
que quise arrancarme,
descoserme,
por las metas que empeñé por un presente que no tiene vida,
caminando las calles que ya no quiero pisar,
evitando mirar a los lados y encontrar la desidia en el rostro de un tercero,
aquél que busca comida en un anaquel vacío,
que cambió los mismos sueños,
que sacrificó las mismas metas y ahora esta aquí,
viviendo en el mismo infierno.

martes, 7 de junio de 2016

Te vi;
rompiste cada uno de mis huesos
-sin tocarme-.

Me hiciste polvo por momentos.
Eco de ti,
de las caricias que creí certezas,
las tantas mentiras que consumí como verdades.

No fuimos nada,
lo tuvimos todo.

Ahora, seré la de la buhardilla,
la que tuvo en si todos los sueños del mundo,
el intervalo entre lo que quise ser y lo que los demás me hicieron(...);
bien lo dijo Pessoa.

domingo, 5 de junio de 2016

Siempre sobreviviendo a la última explosión, la definitiva, el "hasta aquí llegué" que se repite a diario, porque siempre hay un nuevo límite, en expansión horizontal. Siempre.

Procrastinando, perdiendo el tiempo en invertirlo, persiguiendo pasiones insostenibles, no mercantilistas. Sin un bolívar en el bolsillo, corriendo tras la meta más alta. Siempre; pero ellas van en ascensor y yo me aferro con las uñas a unas escaleras que se desplazan.

Me prohibí besar con los ojos abiertos, aunque doliera mantenerlos cerrados cuando la contraparte juega con sus labios mientras mira el mundo que hay afuera. Siempre en silencio, aunque se esté gritando desde la misma ladera.

Aferrada a todo lo que siempre quise cambiar, porque por temor a incomodar me convertí en un tercero bajo mi propia vista. Primera persona, subrayado y en negrita. Primera persona, siempre mía. Recolectora de errores, enamorada de conceptos ambiguos, fan empedernida de las películas que terminan por hacerme llorar pero mueven todas mis fibras, fragmento piroclástico de alguna explosión antigua, cristalizada a los coñazos pero viva, Siempre viva, aunque cueste años de práctica. Aunque reciba el título de especialista en esto de vivir el día en que pierda, irónicamente, la vida.

Coleccionista absurda de cualquier edición de la metamorfosis de Kafka, la que se duerme en todas partes o la que no duerme nada ¿Punto medio? imposible, aún no he pasado esa práctica.
Metiendo la pata a diario, hundiendo hasta el cuello en el charco, pero viva. Siempre viva.

miércoles, 18 de mayo de 2016

Quiero creer que no es tan complicado el parar de escribir, de pensar en papel, explotar cada cierto tiempo y decirlo todo, dejar que fluya. Entonces paré, porque en ocasiones intimida, porque sumergirse en ti es más complicado que sumergirse en otros, pero intentarlo sigue valiendo la pena.

Como estar fuera de liga, pero no en el sentido que comúnmente todos le otorgan: ser o estar en otro nivel. No, al contrario. Fuera de todas las ligas donde juegas, un strike en vez de un home run. La pelota que jamás toco base. Y sin embargo aquí estoy, luchando contra ese estado catatónico al que tú llamas ausencia, en el que me sumerjo cuando no sé que decir, porque en ocasiones solo quiero mirarte y sonreír, plasmarte sin olvidos, escribirte en una suerte de sintaxis perfecta pero mi retórica es barata y me cohibo.

Si, totalmente fuera de liga.

domingo, 1 de mayo de 2016

                                                                                                                    treinta y uno de abril. 2016.


Tenía miedo de conservarte en una simple y única panorámica, un recuerdo repetido y tergiversado. Te veo más alto, te noto más amable. En tu espacio estático, cambiaste por completo.
Olvidé tu voz. No tienes idea del nudo que se forma en mi garganta con apenas admitirlo. La olvidé. Aquella voz que tantas veces me calmó, ya no existe en mi memoria. Trato de buscarla, reviso en todas partes. Últimamente he intentado sacarla de un viejo vhs que no he podido reproducir. Así son todos mis intentos: infructuosos, sin sentido.

Me dueles como nada me ha dolido en la vida. Tanto, que a veces me considero capaz de arrancarte si me ofrecieran la oportunidad. ¿Que si me convertiría en un monstruo? quizás, pero nada lejos de lo que soy hoy en día; un ente que mueve los pies por inercia, que despierta porque la alarma le obliga, porque la responsabilidad de aparentar que todo está bien es más importante que admitir que no lo está.

No me hagas caso, no tienes la culpa. Estoy buscando un chivo expiatorio que me libere -aunque sea un poco- de mis demonios. El problema es que ha dejado de funcionar. La cobardía como escudo es una mierda. Todo, últimamente, es más o menos la misma mierda ¿Comprendes?

Partiste pronto, en parte lo agradezco. No sería capaz de verte sufrir en este rincón del mundo sin medicamentos, sin comida.
El otro día leí un tweet de una muchacha buscando dexametasona...Me acordé de ti y no saliste de mi mente en todo el día. Pude haber sido yo quien lo escribía. Pudiste seguir siendo tú quien lo necesitara.

Por cierto, es mentira que te borraría. No puedo. Eres la mitad positiva de mi vida, la Betania que colabora, la Betania que lee, la Betania que estudia. Eres tú, al menos un tú que me enseñó a serlo, que me ofreció motivos cuando los míos estaban en cero.

Pero ya no recuerdo tu voz.

Te habría grabado. Habría grabado todas y cada una de tus palabras. Las habría consumido a diario, durante meses o años. Te habría llevado a todas partes, coño. ¿Cómo no se me ocurrió?

Hoy es uno de esos días en que siento que si no me cantas, muero. No se trata de una muerte definitiva, es más como un dolor punzante que va acrecentándose a medida que pasan los días y sigo sin saber de ti...Pero es casi lo mismo que la primera, lo juro. Hace seis años que puedo sentirlo. Es como si me acechara y yo, en vez de salir corriendo, me tomo un café con ella.

Ojalá logre reproducir la bendita cinta de vhs y me encuentre con tu voz. Así tendría una excusa para seguir imaginándote.

jueves, 21 de abril de 2016

Por momentos
Dios de todo lo no bendito
lo prohibido
el "no se debe(...)".

Venerado tantos días
                                   -noches-
en el seno de una nada nuestra.
Siempre juntos en la barca de Caronte.

Vaciada por ti
llena de ti.
Consumidos como se consumen láminas de magnesio
entre destellos que todos admiran
entre fingir  y verdaderamente ser.

Bordes convergentes, sismo de tus huesos
tan de ti, tan escrita con tus dedos.
Descubierta,
tierra virgen
arrancaste mis sentidos

(...)

No hay pájaros que avisen
con su canto
que aún no hemos dormido.

No hay cuerpo con tu nombre sobre manos con mi estela,
tampoco cargas puntuales.

No queda ya una sola ninfa que imite nuestro ritmo,
jugando a creerse diosa entre tus brazos.



Templado al cien
Ahora, de otra cintura,
despiertas enamorado.
¿y yo? 
desecha hasta los huesos.

(...)

Río al que no tengo permitido navegar
topógrafo de otros senos,
acróbata de un nuevo sexo sin prisas.
Te extraño.

claro que te extraño

(...)

Busco dentro de mi las memorias que guardaste.
Aquella constelación que alcanzamos
                                                              sincronizados
en un recuerdo tardío.

Te extrañé, tanto como suelo quererte.

No pienso volver.

domingo, 7 de febrero de 2016

Yo quería escribir. Quería enamorarme y escribirlo. Escupir todos las conversaciones internas que mantengo en el metro con las personas que observo.
Las miro, hablo haciendo uso de sus labios sin siquiera haber escuchado la primera palabra saliendo de los mismos. Solo palpo los colores de sus chaquetas, hablo con las palmas de sus manos. Enloquezco antes de llegar a mi estación.

Solo quería despertar después de las tresantesdelsol, tomar un bus que no atravesara tres grandes autopistas, vivir sin el temor de ser poco más que polvo entre un par de desayuno/almuerzo/ceno/más tarde que nunca llegan, porque son de nuevo las tres. En punto.

Ahora solo quiero no querer. Convertirme en una pequeña máquina que produzca un índice aceptable, relaciones sociales sostenibles, metas infructuosas pero con buena fachada y una mentira tras otra, donde esas estúpidas cartas que nunca tienen respuesta no sean más que eso: estúpidas cartas, y que esta sensación de estar a punto de ser aplastadas por las paredes se vaya o se quede, pero que sea rápido y de una puta vez.

martes, 2 de febrero de 2016



                                                                                                                       A Henry, por otro año más –juntos-.


¿Qué será de ti, que duermes por las noches mientras aquí aún es de día?

Deben ser eternas, al menos en un sentido práctico. Así he decidido creerlo, para poder intentar recrearte en imágenes de mármol dormido, de príncipe clásico, ahora paciente y sin prisas que corten la respiración al final de la jornada.

No has cambiado nada y eso me desespera. Mientras sigo sumando velas a la torta, tu sonrisa se ha quedado fijada en un espacio atemporal, casi ficticio, como si naciera de lo que quiero y no de la imagen que el espejo te devuelve.

Me da miedo alcanzarte, llegar a la meta de los treinta y sentirte igual. Pasar mis crisis, dejar el trabajo, adoptar un gato, vivir del café que tanto tiempo te mantuvo, empezar de nuevo, comprender que es una mentira, volver al trabajo. Cumplir cuarenta, verte de nuevo. Saber que somos iguales cuando deberíamos ser tan distintos. Saberte en tu noche eterna y seguir construyendo la idea de verte sonreír y que esta vez, la definitiva, sea distinta; pero tus labios se quedaron dormidos sobre tus dientes desnudos y mis ojos se fijaron en esa única silueta que diseño a diario cuando me haces falta y no puedo despertarte.

Te miro. Sabes que te miro. Te llevo a todas partes. Estás tan en mi como solo tú sabrías estarlo, mientras respiro por los dos.
A veces me asusto, porque el espejo me entrega tus ojos sobre los míos y en la calle te consigo cuando ni siquiera sé que te estoy buscando, entonces me pregunto:

¿Qué será de ti, que jamás volverás a ver el día?