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Mostrando entradas de septiembre, 2017
Tengo tu sonrisa clavada en mis labios. La misma que pinta tu rostro mientras duermes y hace creer que en realidad permaneces despierto, pero te conozco lo suficiente para saber que morfeo sigue jugando contigo. La recuerdo y me derrito, me hago chiquita. Me asusto. Es perfecta. Un mar en calma que me invita a nadar y perderme en cualquiera de sus posibles tormentas, sin temor a convertirme en olas o en sueño, siempre y cuando pueda sentirla mía.

Día 2

Se siente como un día, aunque ha pasado una semana. Hoy no quiero escribir. Tengo una semana sin querer hacerlo, por eso este es mi día 2.
Sabes que estás jodida cuando el pilar al que te aferras es la filosofía que mueve a todas las organizaciones de alcohólicos anónimos: un día a la vez. Y si, así es posible sobrevivir, pero ¿Hay algo más que te mueva, más allá de simplemente ocupar un lugar en el espacio?
Mi principal preocupación es repetirme a diario, siempre en mi mente, que soy suficiente. Soy la única que puede creérselo ¿No? pero no es fácil. Nada es fácil. Me arropo en la idea de que todo es momentáneo, que esto también va a pasar e intento bloquear mis pensamientos, pero no funciona. No siempre.
En fin, este es solo un recordatorio personal. Siempre habrá alguien que destruya lo poquito que lograste construir en el día con un simple comentario y lo más probable es que esa persona no comprenda lo que hizo, porque es así; no se suele comprender lo que no se conoce, lo que no…

Día 1

Hoy fui a terapia.
No era así como quería empezar esta nota, pero no se me ocurrió ningún recurso literario al cual apelar. Hoy no hay licencias que me permitan esconderme, un alter ego que escriba por mi lo que quise decir cuando no era capaz de hacerlo detrás de mi propia cara. Hoy soy yo, admitiendo que los problemas no se solucionan bajo una cobija mágica, la misma que me acogió desde que tengo poco menos de cinco años y que aún ahora es mi placebo favorito, la mentira que me encanta interpretar.
Escribe, me pidió. Al parecer te ha funcionado antes y la verdad es que si. Hace seis años escribí una carta que terminó siendo mi mayor desastre: la Betania que tanto tiempo había sobrevivido detrás de una coraza, se quebró por completo luego de escribirla. Pensé, en ese momento, que me había equivocado ¿Por qué mostrarse? ¿Por qué ser transparente frente a un mundo que se apropia de tus miedos y los inyecta en tu conciencia, como un recordatorio de tus limitaciones? Yo no quería escribir…

Asterión

Navego sobre lo imposible ahora árbol moviendo mis ramas hacia el cenit, ahogándome en la lluvia que inunda mis linderos llenándome de formas floridas barro tu cuerpo bajo mi sombra, siempre con rumores de muerte.
Me convertiste en la carga puntual astro sin órbita planeta que no es planeta.
Me odio, arranco mis ojos con mis ramas. No creo en el destino ni en la roca. Sísifo no fue feliz, no puedo imaginarlo.
Crezcan flores en mis cuencas vacías enredaderas curvan en mi vientre. Hoy mis palmas yacen bajo la roca Asterión ya me ha encontrado.