sábado, 10 de mayo de 2014

Seis días después del 33.


                                                                                                                                              11/05/14.

Nunca había abierto un paraguas. Vivía encerrado en días de lluvia, refugiado entre sábanas de algodón, hasta que decidió resbalarse en el asfalto y caer inconsciente sobre la fría acera, a sabiendas de la incompatibilidad de las personas con los desplomes voluntarios -como suelen creerse- ajenos a su libre paso, su caminar inconsciente.

Esperaba ayudarlo, seguirlo con la vista, pero me detuve. Siempre existe ese miedo a existir cuando no existes, como si cualquier acto de humanidad podría arrebatarte el poco control que tienes justo antes de romper a llorar. 
No me hizo falta mirar un rato más, para saber que sentía el mismo vacío que tenemos todos aquellos que pensamos en ese rechazo infinito del mundo por el cuerpo, los tropezones, las miradas en la calle. 
Mirarles a los ojos es retarlos a un duelo finito, una actitud osada por parte de nosotros, los ilusos. No hay que observarles-pienso-, seguir con los ojos fijos en el piso es mejor que desafiarlos. Así es el mundo, así es la gente. Se camina como si se poseyeran las respuestas del universo, la cura para todo lo imposible, no nos detenemos hasta llegar al objetivo, siempre divisando las palabras que flotan en el aire, sin mirar a nadie. 
Me siento extraña, entonces, al querer un poco más de esas caras desconocidas: jugar a quien pestañea primero, quien camina más rápido en una especie de carrera o solo preguntarles cualquier cosa, sin que crean que el diálogo es absurdo, que las caricias de palabras son extrañas. 

Me avergüenza decirlo, pero empecé a caminar como ellos. Ahora, cuando espero el metro, solo miro los rieles. El tren llega y está vacío, pues no miro las caras. Allá, en aquella puerta, puede que exista alguien que tampoco sea capaz de mirarme: no podemos reconocernos. Me volví solo otra cara en una multitud que no quiere observarlas, que sigue un camino tan difuminado que carece de perspectiva alguna, una zona llana sin esas colinas de emociones que dan vida a la ciudad. 
...
Así lo vi caer y solo pensaba que, de ser yo la que cayera, tampoco correrían a levantarme. ¿Habrías limpiado mis rodillas del barro?

domingo, 4 de mayo de 2014

Tres y treintaytres.

                                                                                                                                           33/05/2014.
Esta mañana, al mirarme en el espejo, te reconocí en mi mirada.

No me respondiste si aceptabas mi proyecto del 32, el no calendario, la vida distinta; pero no importa, hoy es ese día que tanto odio y simplemente quise cambiarlo. Recogeré firmas para ver si alguien se anota a mi causa y mandan al carajo el calendario gregoriano que tanto daña mis días.
En fin....
Estoy molesta, no sé. Ayer vi una iglesia vacía, con cientos de puestos copados, pero no por ti. Mi iglesia, la que percibía, era fácilmente una habitación vacía, me imagino que para otros, era un lugar a tope.

Escuchaba el sermón pero me entretenía mirando los vitrales. Luego de escuchar tu nombre, olvidé que necesitaba seguir prestando atención. ¿Ves? causas ese efecto de desconcentración total, ausencia del mundo. Desde que te fuiste, he pensado que mientras más ajena del mundo me encuentre, será más fácil encontrarte rondando alguna esquina de mi subconsciente. Así suelo verte, en recuerdos vetados a los que solo puedo acceder cuando me disperso.

Ayer no llegaste a esos recuerdos. Solo encontré los que dejaste unos segundos antes, sin decir adiós y esos no me gustan. Te ves tan frágil, tan pequeño. Tu 1.80 m se transforma en pequeñas fracciones, sin unidad. Tomas mi mano y lloras. Ese no eres tú, sal de mi mente. No quiero verte así, yo me niego. Ese era el tú que eras cuando los demás querían verte así, no cuando yo te miraba y te seguía creyendo invencible, hasta el último minuto.
Eras tú, cargando un bastón y caminando media Caracas, negándote al  posible "señor, siéntese aquí". El domingo llegabas al mercado de Quinta Crespo, ibas a misa y regresabas, todo antes de que yo pudiera abrir los ojos. ¿Quién puede hacer eso, cuando le dijeron que no podía? Solo tú. Mientras tanto, yo solo puedo quejarme por no tenerte. Ni siquiera sé con quien quejarme, a donde debo ir a gritar para que regreses o para que yo pueda ir, no sé. No sé que tengo que hacer para que entiendan que sigues donde te quieran tener, que puedes seguir siendo libre en la mente de tantos que suelen cerrarte las puertas. No sé que hacer, siento que fallo en el intento de hacerte eterno, como lo eres para mi.

Hace un par de años te escribí una carta que terminó en un concurso. La gente me escribía. "Que bonito Betania", pero nadie sabía lo que me costó ser sincera, después de tanto tiempo fingiendo que nada pasaba. Ese mismo día, abrí este blog al público y supe que quererte no estaba mal, que llorar era normal, que la vida tenía que seguir porque esas cosas pasaban. Supe tantas cosas que no quería saber. Crecí de golpe, abrí los ojos y ya estaba en un acto de grado, sin ti. Pisé por primera vez la grama de la universidad y te imaginé compartiendo eso que las personas llaman triunfo contigo, pero sin ti. Y así ha sido mi vida, un constante contigo pero sin ti, que nadie entiende por más que digan que si, que fuerte Betania, que bonito.

Pero no...

Te dejaron donde dejan las cosas que se olvidan a propósito y no entiendo por qué. Tú no te preocupes, no serás como mis llaves.

...

Viajamos a la Argentina, pibe. Visitaste la 9 de julio, fuiste a la av de Mayo. Hasta en el avión, nos acordamos de ti.
"No estaríamos aquí si no fuera por tu papá", dijo mi mamá y vaya que si. Éramos un solo cuerpo, los cuatro. Una familia tan imperfecta, tan hermosa. Si, así de cliché.

Lo que pasó después, ya debes saberlo. Debes estar molesto y al mismo tiempo agradecido de la bondad de otras personas. ¿Te duele no? lo que te quitaron, quedó impune. Debes estar conversándolo con tio Johnny. Él te entiende. Aprovechas y le das un abrazo de mi parte, por favor.

Yo, a pesar de tanto, seguiré aquí cumpliendo mi promesa: una carta hasta que el tiempo deje de ser tiempo.
Cuando iban 127, dejé de contarlas.

Hoy, hace cuatro años, te perdí. Ahora, no pienso perderte de nuevo.

Te amo, Coronel.



Dos.


                                                                                                                                                02/05/14

4 años son 48 meses perdidos, cuando no se aprovechan.

¿Por qué nos separamos? Habríamos hecho que cada día valiera la pena, aún si había alguno para la cuenta de los tantos sin vernos.

La distancia me está haciendo daño. No sé que consecuencias o posibles alegrías pudo traerte a ti, pues jamás has querido contarme. No me queda más que jugar con la más brillante idea que se me ha ocurrido, para lidiar con el día a día: perdiste mi número, no sabes que me mudé sin domicilio fijo, pensaste que no te he escrito, pues nada llega a tus manos; así que pensé en seguir contándote un poco, día a día, esperando a que algún amigo en común responda a mi súplica de ir a buscarte y entregarte estas notas...

Hoy fue un domingo, cuando los domingos aún eran domingos y seguía escribiendo la fecha en los cuadernos. Básicamente perdía mi tiempo en algún foro en Internet, chateando con cualquier otra alma igual de perdida -o aburrida, quizás-. Te acercaste, tratando de buscar algún pretexto para hablarme, sentirte parte de esa nueva vida de silencio, asentimientos y pocas sonrisas.

-¿Que estás haciendo? - dijiste.

-Chateando ¿sabes? hablando con amigos.

Cinco minutos más tarde, aún detrás de mi...

-¿Y ahora?

-Lo mismo. - Nos reímos, fue tonto: tu pregunta y mi respuesta, el intento de conversación en el diminuto cuarto donde las penas se amontonaban con la ropa, sobre nosotros. Me arrepiento, debo admitir, de no haber dicho más. Entablar un diálogo, preguntarte sobre la luna o tus manos, una de ellas aferrada a si misma y su dolor, movimientos limitados. Pude hablarte de tanto, o tan solo desquiciarte con mis teorías "locas" sobre la casa de los espíritus, clara clarividente y el Melquiades de Márquez.  Te ibas a molestar, probablemente terminaríamos en algún debate literario y absurdo, pero hablando. Por un efímero segundo seguiría siendo tu vaquita, betica, lo que desearas; pero no pude. No pude olvidar que una semana atrás, me habían echado a la calle y tú no lo evitaste. No los detuviste, así que no quería responderte, no quería ceder, rendirme...Y cediste tú, así que nos reímos, sin abrazos, sin llanto, sin memorias. Nos limitamos a fingir que nada había pasado, pero sé que tú también lloraste cuando yo lloraba. Pensé que no volvería a verte jamás, pero allí estábamos, entre nosotros mismos, esperando a que cualquier cosa pasara.

Hoy, cuatro años después, esas personas que me echaron a la calle, no paran de llamar y preguntar por mi. Disfruté del perdón silencioso y me limito a no contestar, quedarme en la ausencia.

Verdaderamente, la vida es un jueguito tonto de pelotas: siempre se devuelven.

Hasta mañana, coronel.

jueves, 1 de mayo de 2014

treintaydos.

                                                                                                                                       32/05/2014.

No sé como enviar una carta por correo tradicional. La tecnología me hizo un poco más ignorante en éste tópico, supongo. Igual, para consolarme, recuerdo que no tengo dirección alguna que te pertenezca.

El primero de mayo me parece un día de flojos, no es de mi simpatía. De por si, todo comienzo es incertidumbre y esta, en específico, nunca me agradó.

Siempre tuve ese proyecto absurdo de crear un treintaydos y olvidar un primero. Te lo he planteado en incontables ocasiones, pero nunca me haces caso. De hecho, hace un tiempo que dejaste de responder mis crónicas, aquel torrencial de tonterías; así que prefiero pensar que secundas mi empresa y me ayudarás, en cierta forma, a ponerla en marcha. Comenzaré por escribirlo en el borde superior de la carta, ese en el que antes se acostumbraba a colocar la fecha antes de comenzar con un "Querido....", para algún afortunado lector, mientras que las miradas curiosas lo consideran un error típico de aquellos que olvidan que el mes cambia, que el año termina luego de una vuelta de trescientos sesenta y cinco días.

Te aseguro que mi mundo -sin ánimos de incursionar en el ajeno-, sería un lugar mejor.

Luego de esto, correría todos los días hacia su siguiente y eliminaría ese feo múltiplo del dos, entre el tres y el cinco. Sería un pequeño vacío de poder, un golpe digno a todo lo que suele perturbarme, la venganza perfecta. Confía en mi, todo está calculado; libre de posibles errores, atentados de la nostalgia.

Espero hoy, pueda recibir su respuesta a mi planteamiento, el proyecto perfecto, si me permite jactarme.
...Que tonto hablarte así, con tanta cortesía, la parafernalia. Signos, cohesión, estructuración de un texto...Y al carajo, que así no puede quererse a alguien, con tanto parámetro pa' pensar en un segundo, la formulación de una frase que sale desde el alma. No quiero, con esto, influir en su dictamen, pero...Tome en cuenta que, de apoyar la moción, seguiría aquí y no tendría que estar escribiéndole esto, hablando como una tonta. Solo balbucearía, como hacen los niños chiquitos: atropellando de sentimientos las palabras. Pidiendo todo, abrazando cuanto se pudiera, pero no. No puedo ¿y sabes por qué? porque en tres días, ya no podrás elegir apoyarme. Es una idea brillante, solo tómala.

Buenas noches, coronel.