sábado, 11 de octubre de 2014

Espero, en retrospectiva, jamás verme siendo solo un parásito del otro, viviendo alimentada del fruto de un trabajo que nunca realicé, de unos bienes que jamás pertenecieron a mis arcas.

En parte, espero tener la cantidad de vida suficiente para observar desde un puesto privilegiado las pequeñas y grandes acciones que cometí algún día en vida. Las sonrisas y los regazos en los que algún día me senté, las puestas de sol frente al Orinoco y las miles de horas de estudio que invertí para ser lo que siempre quise ser al final del día, lo que siempre prometí noche tras noche, escabullido entre las plegarias.

Y cuando muera, que ni una sola parte de mi cuerpo no haya sido mía, que ni una sola gota de mi sangre corriese en vano por mis venas.


domingo, 5 de octubre de 2014


                                                                     
                                                                         "Acostumbraba suicidarse a diario con balas de salva"
                                                                                                                      -Rigoberto Rodríguez





Lucía llegó al mundo al borde de sus 18 años.

Se escondió en los estropajos que usaron para limpiar toda la sangre y fluidos dejados sobre su piel, la cama y las baldosas del piso, en ese acto de dar luz a lo que no quiere ser alumbrado. Durante días, nadie notó su ausencia. Se hizo experta en dormitar sobre la ropa sucia, los paños de cocina y las plantas que adornaban el jardín que nunca quiso.

Dentro de un cálido vientre, 18 años pasaron volando. No sintió miedo ni frío, no tuvo problemas. Fue pequeña y gigante a conveniencia, capaz de pedir sin preguntar, de hablar sin formular palabras y de comunicarse como los bárbaros, a gritos y empujones.

Ayer supo de la desgracia y se vio obligada a salir del charco en el que se mantuvo su noinfancia, todas las tardes que no vivió. Se vistió con su mejor certeza y salió a un mundo que nunca quiso conocer, donde el maldito desenfado por la vida la abofeteo ciento un veces, hasta que la noche se acostó a su lado y terminó por sucumbir al cansancio...

                                                                                                         ...Y al otro día, volvió a nacer.

sábado, 20 de septiembre de 2014

Once veces aquél veintiuno.

Se  sueltan de sus manos los regalos, las migas de torta de arequipe fuerte, los trozos  de teipe ajenos a su piel, desprendidos de los suntuosos envoltorios donde se arropaban lo esperado por la niña.

Sonríe porque ama y se desvive cuando puede, es decir, todos los segundos que se suman hasta que en unión crean un once.

Once veces doce, entre semanas de mínimo común múltiplo y adiciones, primeros amores del segundo piso, notitas que se escapan de sus dedos chiquititos y salen a volar cuando suena el timbre del recreo. Se refugia en su piñata, sus colores. Hace la cama solo en sueños, camina sin mirar a los lados, pues siempre va tomada de la mano y los pequeños automóviles –grandes para ella- no son parte de su preocupación, por cierto, inexistente.

Papá le dijo que estaría, pero no estuvo ni aunque le llamara.

Papá dijo muchas cosas.
Habló de la luna y sus metáforas –que ya no le causan angustia, ya que está lejos y nadie llega a menos que sea quedándose dormida en alguna clase con la profesora Elisa, gritándole para que reaccione-

-Estás en la luna, dijo.
-Ojalá, maestra. Pensó.

Habló también de las hojas marchitas en los libros muertos, aquellos que nadie lee y se abandonan en un saquito de tristeza…
…Allí tampoco estás, ya te busqué.

Pero nunca tuve once años, ni barquitos que atracaran en puertos por mí. No fui princesa, ni arroyo, mucho menos ganas de.
No fui niña, ni calma.

No fui de piñatas, ni fiestas, ni risas.
Fui de la espera en pasillos angostos, blancos, estériles, terapia intensiva, decía el letrero.
Fui de la compasión ajena, la lástima que nunca quise tener.
Casas distintas, número cuarenta,  no de un once veces cada año.
Todo lo que no pudiste ver, lo que olvidaste sin consciencia de evitarlo.

Mientras tanto y mientras todo: no fui niña, ni tú hombre, solo espera; aún ahora, que no hay nada que esperar.




sábado, 6 de septiembre de 2014

Índigo.

A diario pensaba en ti.
...Que estás diciendo, a quién le estás hablando, ¿Le sonreíste por primera vez? Si te enamoraste o solo es pasajero, si son tus besos aquellos que saben a sol.

¿Me habrás notado?

Te vi pasar tantas veces frente a mi, incapaz de hacer algo más que dedicarte un saludo distante. Me hundía en preguntas que arañaban mi corteza y me dejaban vulnerable, nunca más invisible.
Fui pequeña y sensible, siempre evitando la arena del mar, los abrazos efusivos, contactos innecesarios. Contigo, sin embargo, quise siempre todo: las caricias, los deseos permitidos y negados, la playa de un abril bajo la bóveda nocturna.
Te quise a ti, mientras te unías a ella y todas mis confesiones se redujeron a un "no cambiaré contigo" de tu parte...Pero jamás volví a tenerte cerca, ni a disfrutar de tus sonrisas espontáneas frente a mi.

Me he quedado con un cuerpo que no recuerdo como mío, mucho más esbelto y sin marcas del pasado sol sobre mi piel. Aún así, en el espejo, sigo encontrando los ojos que solían buscarte en un segundo, la sonrisa que siempre quise que besaras, el paso del tiempo y las diminutas líneas de expresión que dejaron las tristezas, los sollozos, aquellas pequeñas alegrías.

Sigo recordándote, estás tan grabado en mi...¿Habré estado yo alguna vez en tu mente?

Ahora que el frío no cesa, sé que ha llegado el momento de encontrarte, ya no más dentro de mi, ahora entre las calles. Te veré llegar un lunes o un miércoles, quizá un martes. No habrán Gabrielas ni europeas del centro, solo yo, Adhara.
Chocaré contigo en una esquina cualquiera para ti y mil veces recreada para mi. Gritaré tu nombre y espero que seas capaz de reconocerme.Tienes que reconocerme. Te veré cruzar y sabrás enseguida que jamás pude olvidarte. Serás de seda, de lino o de asbesto. Metal, rubí, tiempo ganado, perdido. Serás mío como debiste haberlo sido siempre, desde que me quisiste cuando yo aún no sabía como quererte. Estaremos en Oslo o en Praga, verano o invierno, luciendo distintos, soñando con ganas, siendo de fuego si se requiere, siendo de agua si nos separan...
                                  ...De nuevo.

miércoles, 6 de agosto de 2014

Verano.


Las clases de física no traen de vuelta las olas.  No existe fórmula capaz de limitar el espacio a un rincón finito, bordado con pequeños granitos de esa materia oscura, perfecta para la construcción y el recuerdo, por tradición, de aquellos castillos feudales.
Cierro los ojos, lo confieso. Me imagino desnuda, flotando cerca de algún peñero  y confundo los conceptos. Libertad o libertinaje, ¿Del alma o del cuerpo? –Solo agua, sin consciencia- me digo.

Han pasado las horas. Las cuatro menos cuarto y es imposible seguir luchando contra el tedio. Se desdibujan las palmeras que pinté hace una hora, las gaviotas y los pájaros de celofán no fueron mucho más que un origami. Las olas no se sienten ya en mi espalda, no hay placer para llevar,  mucho menos senos –no precisamente la función- respirando, piel comprometida; ahora, hay que esconderlos, coartarse, seguir pensando en axiomas, demostrando posibles teoremas.


¿Así viven los que piensan?

Yo prefiero, entonces, no pensar. 

domingo, 3 de agosto de 2014

5:40 am.

Dos palmadas sobre mi muslo izquierdo, mientras el derecho permanecía oculto entre las sábanas. Siempre el mismo muslo, todos los días.
Lo miraba, sobresaltada, como si se tratara de la primera vez que sucedía; aunque, desde que aprendí a comunicarme, le pedía que por favor me despertara con mayor delicadeza.

Nunca me escuchó, disfrutaba de mis arranques infantiles a toda hora.

Caminaba desde el cuarto a la cocina, siempre con la misma compañía: mi cobija. -Aún tiene nombre y la busco en las noches, aunque carezca de frío-. Me paraba frente a él con los ojos cubiertos de lagañas, la pijama raída de siempre y los brazos levantados hacia su cuello.

Él, cual rutina, tomaba el último trago de café. Nunca lo veía tomarlo, solo lo escuchaba: el líquido pasando por su garganta y el ruido sordo que hacía la taza al chocar con el granito del mesón. Mientras continuaba con su ritual, yo seguía demasiado ocupada pensando en las palmadas y el cansancio, la tarea que no terminé el día anterior, saboreando el vaso de chocolate caliente que venía en camino, que veía siempre.

Solo necesitaba guindarme de su cuello, sujetarme a su espalda y recorrer el trayecto que había desde el apartamento hasta el puesto 497.
Para el momento en que comenzaba a levantarme del suelo, ya había olvidado mi molestia inicial. Olía muy bien, siempre. Amaba estar allí, robándole dos minutos a la vida y sus tretas, escapándome del destino con solo colocar mi cabeza sobre sus hombros y sentir sus pasos sobre el piso. Cuando era grama, lo sentía. Se hacía suave, imperceptible. Me sentía flotar. Si llovía, en cambio, percibía el lodo y su presión hacia el centro de la tierra sin tenerlo cerca, siempre a través de sus sentidos.

Me sentía, en ocasiones, una prolongación de sus pisadas o él, una ampliación de mi conciencia, hasta que abría la puerta y me dejaba en el asiento trasero, encendía el auto y se iba. Siempre pensó que, para el momento en que se daba la vuelta, yo estaba dormida.

Solo se iba, día tras día, hasta que no hubo más palmadas y perdí la capacidad de seguir robándole el tiempo a la vida.



miércoles, 30 de julio de 2014





Recorrí en mi mente la idea de negarme a su propuesta.

Un café, dijo, mientras yo pensaba en las otras tantas tazas desfilando frente a mi, en pasadas ocasiones. Siempre frías, siempre ausencia...
...Y sin darle muchas vueltas, me encontré atravesando la av. Viamonte, pensando en la dicha del olvido voluntario, el abandono necesario y el adiós que debí dar.

-Acepto, admití en una nota.
Acepto probar otra taza, mentir en el recodo del café, unirme a la no rutina de sus pasos, hacerme vida entre sus manos, eco del ciclo que no quiero, de esas minas tontas que vivían en su cama gimiendo de pura admiración, de los tontos libros escupidos al azar, los ensayos, la cátedra; pero nunca de placer.

-No espero, sin embargo, que aprendas el "toque" ni cambies los modos, tampoco espero aquél balcón que soñaba con pisar y tocar el cielo cuando, en un arrebato, quisieras tenerme. No quiero de ti un encanto de promesas, un nido de títulos, nada de sistemas. No quiero un «hacerte» el amor, yo pido un «hagamos» sin cama, sin piso, sin tiempo...
                                                                                    ...No quiero un horario, Gustavo. Solo un café.

sábado, 26 de julio de 2014

Recogió los cigarros del piso.

La escena era lo suficientemente barata, hipócrita, el típico acto de desnudarse y ser objeto, ser carne, ser de otro, como para dejar los cigarros en su estado de reposo, sobre el frío suelo. Otro cliché, cuanta basura.

Solo...recogió los cigarros del piso y siguió «esperando al indicado». 

sábado, 28 de junio de 2014

sábado, 10 de mayo de 2014

Seis días después del 33.


                                                                                                                                              11/05/14.

Nunca había abierto un paraguas. Vivía encerrado en días de lluvia, refugiado entre sábanas de algodón, hasta que decidió resbalarse en el asfalto y caer inconsciente sobre la fría acera, a sabiendas de la incompatibilidad de las personas con los desplomes voluntarios -como suelen creerse- ajenos a su libre paso, su caminar inconsciente.

Esperaba ayudarlo, seguirlo con la vista, pero me detuve. Siempre existe ese miedo a existir cuando no existes, como si cualquier acto de humanidad podría arrebatarte el poco control que tienes justo antes de romper a llorar. 
No me hizo falta mirar un rato más, para saber que sentía el mismo vacío que tenemos todos aquellos que pensamos en ese rechazo infinito del mundo por el cuerpo, los tropezones, las miradas en la calle. 
Mirarles a los ojos es retarlos a un duelo finito, una actitud osada por parte de nosotros, los ilusos. No hay que observarles-pienso-, seguir con los ojos fijos en el piso es mejor que desafiarlos. Así es el mundo, así es la gente. Se camina como si se poseyeran las respuestas del universo, la cura para todo lo imposible, no nos detenemos hasta llegar al objetivo, siempre divisando las palabras que flotan en el aire, sin mirar a nadie. 
Me siento extraña, entonces, al querer un poco más de esas caras desconocidas: jugar a quien pestañea primero, quien camina más rápido en una especie de carrera o solo preguntarles cualquier cosa, sin que crean que el diálogo es absurdo, que las caricias de palabras son extrañas. 

Me avergüenza decirlo, pero empecé a caminar como ellos. Ahora, cuando espero el metro, solo miro los rieles. El tren llega y está vacío, pues no miro las caras. Allá, en aquella puerta, puede que exista alguien que tampoco sea capaz de mirarme: no podemos reconocernos. Me volví solo otra cara en una multitud que no quiere observarlas, que sigue un camino tan difuminado que carece de perspectiva alguna, una zona llana sin esas colinas de emociones que dan vida a la ciudad. 
...
Así lo vi caer y solo pensaba que, de ser yo la que cayera, tampoco correrían a levantarme. ¿Habrías limpiado mis rodillas del barro?

domingo, 4 de mayo de 2014

Tres y treintaytres.

                                                                                                                                           33/05/2014.
Esta mañana, al mirarme en el espejo, te reconocí en mi mirada.

No me respondiste si aceptabas mi proyecto del 32, el no calendario, la vida distinta; pero no importa, hoy es ese día que tanto odio y simplemente quise cambiarlo. Recogeré firmas para ver si alguien se anota a mi causa y mandan al carajo el calendario gregoriano que tanto daña mis días.
En fin....
Estoy molesta, no sé. Ayer vi una iglesia vacía, con cientos de puestos copados, pero no por ti. Mi iglesia, la que percibía, era fácilmente una habitación vacía, me imagino que para otros, era un lugar a tope.

Escuchaba el sermón pero me entretenía mirando los vitrales. Luego de escuchar tu nombre, olvidé que necesitaba seguir prestando atención. ¿Ves? causas ese efecto de desconcentración total, ausencia del mundo. Desde que te fuiste, he pensado que mientras más ajena del mundo me encuentre, será más fácil encontrarte rondando alguna esquina de mi subconsciente. Así suelo verte, en recuerdos vetados a los que solo puedo acceder cuando me disperso.

Ayer no llegaste a esos recuerdos. Solo encontré los que dejaste unos segundos antes, sin decir adiós y esos no me gustan. Te ves tan frágil, tan pequeño. Tu 1.80 m se transforma en pequeñas fracciones, sin unidad. Tomas mi mano y lloras. Ese no eres tú, sal de mi mente. No quiero verte así, yo me niego. Ese era el tú que eras cuando los demás querían verte así, no cuando yo te miraba y te seguía creyendo invencible, hasta el último minuto.
Eras tú, cargando un bastón y caminando media Caracas, negándote al  posible "señor, siéntese aquí". El domingo llegabas al mercado de Quinta Crespo, ibas a misa y regresabas, todo antes de que yo pudiera abrir los ojos. ¿Quién puede hacer eso, cuando le dijeron que no podía? Solo tú. Mientras tanto, yo solo puedo quejarme por no tenerte. Ni siquiera sé con quien quejarme, a donde debo ir a gritar para que regreses o para que yo pueda ir, no sé. No sé que tengo que hacer para que entiendan que sigues donde te quieran tener, que puedes seguir siendo libre en la mente de tantos que suelen cerrarte las puertas. No sé que hacer, siento que fallo en el intento de hacerte eterno, como lo eres para mi.

Hace un par de años te escribí una carta que terminó en un concurso. La gente me escribía. "Que bonito Betania", pero nadie sabía lo que me costó ser sincera, después de tanto tiempo fingiendo que nada pasaba. Ese mismo día, abrí este blog al público y supe que quererte no estaba mal, que llorar era normal, que la vida tenía que seguir porque esas cosas pasaban. Supe tantas cosas que no quería saber. Crecí de golpe, abrí los ojos y ya estaba en un acto de grado, sin ti. Pisé por primera vez la grama de la universidad y te imaginé compartiendo eso que las personas llaman triunfo contigo, pero sin ti. Y así ha sido mi vida, un constante contigo pero sin ti, que nadie entiende por más que digan que si, que fuerte Betania, que bonito.

Pero no...

Te dejaron donde dejan las cosas que se olvidan a propósito y no entiendo por qué. Tú no te preocupes, no serás como mis llaves.

...

Viajamos a la Argentina, pibe. Visitaste la 9 de julio, fuiste a la av de Mayo. Hasta en el avión, nos acordamos de ti.
"No estaríamos aquí si no fuera por tu papá", dijo mi mamá y vaya que si. Éramos un solo cuerpo, los cuatro. Una familia tan imperfecta, tan hermosa. Si, así de cliché.

Lo que pasó después, ya debes saberlo. Debes estar molesto y al mismo tiempo agradecido de la bondad de otras personas. ¿Te duele no? lo que te quitaron, quedó impune. Debes estar conversándolo con tio Johnny. Él te entiende. Aprovechas y le das un abrazo de mi parte, por favor.

Yo, a pesar de tanto, seguiré aquí cumpliendo mi promesa: una carta hasta que el tiempo deje de ser tiempo.
Cuando iban 127, dejé de contarlas.

Hoy, hace cuatro años, te perdí. Ahora, no pienso perderte de nuevo.

Te amo, Coronel.



Dos.


                                                                                                                                                02/05/14

4 años son 48 meses perdidos, cuando no se aprovechan.

¿Por qué nos separamos? Habríamos hecho que cada día valiera la pena, aún si había alguno para la cuenta de los tantos sin vernos.

La distancia me está haciendo daño. No sé que consecuencias o posibles alegrías pudo traerte a ti, pues jamás has querido contarme. No me queda más que jugar con la más brillante idea que se me ha ocurrido, para lidiar con el día a día: perdiste mi número, no sabes que me mudé sin domicilio fijo, pensaste que no te he escrito, pues nada llega a tus manos; así que pensé en seguir contándote un poco, día a día, esperando a que algún amigo en común responda a mi súplica de ir a buscarte y entregarte estas notas...

Hoy fue un domingo, cuando los domingos aún eran domingos y seguía escribiendo la fecha en los cuadernos. Básicamente perdía mi tiempo en algún foro en Internet, chateando con cualquier otra alma igual de perdida -o aburrida, quizás-. Te acercaste, tratando de buscar algún pretexto para hablarme, sentirte parte de esa nueva vida de silencio, asentimientos y pocas sonrisas.

-¿Que estás haciendo? - dijiste.

-Chateando ¿sabes? hablando con amigos.

Cinco minutos más tarde, aún detrás de mi...

-¿Y ahora?

-Lo mismo. - Nos reímos, fue tonto: tu pregunta y mi respuesta, el intento de conversación en el diminuto cuarto donde las penas se amontonaban con la ropa, sobre nosotros. Me arrepiento, debo admitir, de no haber dicho más. Entablar un diálogo, preguntarte sobre la luna o tus manos, una de ellas aferrada a si misma y su dolor, movimientos limitados. Pude hablarte de tanto, o tan solo desquiciarte con mis teorías "locas" sobre la casa de los espíritus, clara clarividente y el Melquiades de Márquez.  Te ibas a molestar, probablemente terminaríamos en algún debate literario y absurdo, pero hablando. Por un efímero segundo seguiría siendo tu vaquita, betica, lo que desearas; pero no pude. No pude olvidar que una semana atrás, me habían echado a la calle y tú no lo evitaste. No los detuviste, así que no quería responderte, no quería ceder, rendirme...Y cediste tú, así que nos reímos, sin abrazos, sin llanto, sin memorias. Nos limitamos a fingir que nada había pasado, pero sé que tú también lloraste cuando yo lloraba. Pensé que no volvería a verte jamás, pero allí estábamos, entre nosotros mismos, esperando a que cualquier cosa pasara.

Hoy, cuatro años después, esas personas que me echaron a la calle, no paran de llamar y preguntar por mi. Disfruté del perdón silencioso y me limito a no contestar, quedarme en la ausencia.

Verdaderamente, la vida es un jueguito tonto de pelotas: siempre se devuelven.

Hasta mañana, coronel.

jueves, 1 de mayo de 2014

treintaydos.

                                                                                                                                       32/05/2014.

No sé como enviar una carta por correo tradicional. La tecnología me hizo un poco más ignorante en éste tópico, supongo. Igual, para consolarme, recuerdo que no tengo dirección alguna que te pertenezca.

El primero de mayo me parece un día de flojos, no es de mi simpatía. De por si, todo comienzo es incertidumbre y esta, en específico, nunca me agradó.

Siempre tuve ese proyecto absurdo de crear un treintaydos y olvidar un primero. Te lo he planteado en incontables ocasiones, pero nunca me haces caso. De hecho, hace un tiempo que dejaste de responder mis crónicas, aquel torrencial de tonterías; así que prefiero pensar que secundas mi empresa y me ayudarás, en cierta forma, a ponerla en marcha. Comenzaré por escribirlo en el borde superior de la carta, ese en el que antes se acostumbraba a colocar la fecha antes de comenzar con un "Querido....", para algún afortunado lector, mientras que las miradas curiosas lo consideran un error típico de aquellos que olvidan que el mes cambia, que el año termina luego de una vuelta de trescientos sesenta y cinco días.

Te aseguro que mi mundo -sin ánimos de incursionar en el ajeno-, sería un lugar mejor.

Luego de esto, correría todos los días hacia su siguiente y eliminaría ese feo múltiplo del dos, entre el tres y el cinco. Sería un pequeño vacío de poder, un golpe digno a todo lo que suele perturbarme, la venganza perfecta. Confía en mi, todo está calculado; libre de posibles errores, atentados de la nostalgia.

Espero hoy, pueda recibir su respuesta a mi planteamiento, el proyecto perfecto, si me permite jactarme.
...Que tonto hablarte así, con tanta cortesía, la parafernalia. Signos, cohesión, estructuración de un texto...Y al carajo, que así no puede quererse a alguien, con tanto parámetro pa' pensar en un segundo, la formulación de una frase que sale desde el alma. No quiero, con esto, influir en su dictamen, pero...Tome en cuenta que, de apoyar la moción, seguiría aquí y no tendría que estar escribiéndole esto, hablando como una tonta. Solo balbucearía, como hacen los niños chiquitos: atropellando de sentimientos las palabras. Pidiendo todo, abrazando cuanto se pudiera, pero no. No puedo ¿y sabes por qué? porque en tres días, ya no podrás elegir apoyarme. Es una idea brillante, solo tómala.

Buenas noches, coronel.

viernes, 4 de abril de 2014

Hechos del pasado, impresiones de presente.


                                                                                                                                      04/04/2014.

Encuentro sencillo abrir un diccionario o buscar en la red el significado de tantas palabras desconocidas para nosotros. Con solo observar un par de líneas, recurrir a ciertos textos y mantener intacta la convicción de estar “en el lado correcto de la historia”, nos creemos eruditos del tema, defensores inamovibles de una causa inespecífica, revolucionarios –a veces- sin revolución.
Ese, en el mejor de los casos, es un error común que, en esta era de la tecnología y el análisis de casi todo lo que nos rodea, cometemos a diario.
Peor es el caso cuando no existe ese ansia de conocimiento breve, inmediato; y la conciencia se ve reducida a un mínimo receptor de consignas, panfletos, “información” repetitiva, cero crítica y programas de alto contenido adoctrinante. Es en este caso –por ejemplo- donde se vuelve “presunto” solo lo que nos dictan en el discurso, mas lo que no, es un asunto verídico. Donde se afirma que el pasado reciente es la cuna de todos los males, pero se es incapaz de mostrar también los errores del presente sistema que otros –no una “mitad minoritaria”, como les llaman- tanto critican.  No se muestran los sucesos de manera informativa, pues suelen esconderse –no sé si por temor o simple táctica- a la vista del pópulo.

Plantee esto puesto que hoy, en la Universidad Simón Bolívar se llevaron a cabo distintas actividades informativas, académicas. Un conversatorio sobre el concepto de revolución, abrió mi mañana. Las bases, diferencias de concepto y una especie de linea histórica aderezada por las grandes revoluciones que buscaban alterar el presente en que se desenvolvían, fueron parte de la charla que el profesor Martínez Meucci llevó al módulo C del conjunto de auditorios de mi Alma máter.
Un rato después, en el mismo lugar, el MERUSB (Movimiento Estudiantil Revolucionario de la Universidad Simón Bolívar) llevaría a cabo un cine foro con motivo de la conmemoración de los 25 años del asesinato de Gonzalo Jaurena Abasolo, estudiante uesebista.

Me quedé en el foro, pues la figura idealizada de Gonzalo ronda mi mente cada vez que atravieso el edificio de MEM, lugar donde se encuentra la sala del movimiento al que pertenecía. Me atrevo a pensar que le he tomado cariño, por absurdo que pueda leerse.
Luego de unas breves palabras introductorias, comenzó a ser reproducido el documental “pégale candela” de la cineasta Alejandra Szeplaki.

La época de los ’80, la “generación boba”, las banalidades del momento, represión en la entrada de las tres gracias y los jueves culturales, son parte de la realidad que se muestra en el film (al final del texto, les dejo el link del documental).
De todas las imágenes vistas, la represión hacia los estudiantes, me dejó un nudo gigante en la consciencia. Mientras un efectivo policial declaraba a los medios que la marcha “no pasaría”, los dirigentes estudiantiles afirmaban que aquella era una marcha pacífica. Unos minutos más tarde en el documental, una imagen de la época me hizo sentirme inmersa en un Déjà vu: estudiantes son enfocados con cartuchos de armas sobre sus palmas desnudas mientras una interrogante, aún vigente, se escapaba de sus labios.


¿Esta es la paz que quiere el gobierno?

Me limito a sacar conclusiones. Hoy, me encuentro intrigada. Las personas entrevistadas en el documental –los reprimidos- y los que ahora proyectan la película en el módulo, repudian a viva voz las injusticias del pasado, pero callan ante las de ahora. ¿Será que estoy loca? –me dije. ¿Será que ellos no están viendo lo que yo estoy observando? Las similitudes, el ciclo, la historia.
Me siento a escucharlos, busco empatía.  La 4ta fue represiva, asiento. Pero, no puedo negar la realidad, las bombas son tangibles, he respirado ese gas. He llorado 35 y miles de muertes más, como lloré la de Gonzalo. He visto las injusticias, las buenas gestiones. He pateado el barrio, la calle, también el centro comercial. El hambre y el despilfarro, las letanías. Mis líneas han rondado sus motivos, sus carencias, las lisonjas.  Por más que trato, no encuentro la crítica, pero si un par de adulaciones. ¿Por qué callar? ¿Así es que nos quiere el poder? ¿Arrodillados ante una única verdad? Creo que, desde que puedo recordar, mis pensamientos han sido más de izquierda que de otras latitudes, apelando a la moral…Me cuesta creer que personas que defendían la libertad, ahora repriman a los que piensan contrario a ellos, a los que ahora piensan como ellos solían pensar.

                           ¿Qué pasó? ¿Hipotecaron sus ideales por una estabilidad ficticia?

Los que iban de capucha reclamando derechos, ahora llaman fascista a quienes “copiaron” el ejemplo de luchar. Ambos, tras las décadas, terminaron recurriendo a una violencia amarga, una que quema y aparece como el único método para hacerse oír, cuando quienes deberían, no quieren escuchar. De aquellos que clamaban justicia, solo quedan las vejaciones a las voces que ahora piden ser escuchadas.  No nos dejan caminar. El “de aquí no pasan” sigue siendo el mismo que, hace años, los llenaba de ira.

Ese berrinche es de ricos, manitos blancas- dicen aquellos que, en su momento, también fueron etiquetados: los tira piedras. Y es que me pregunto ¿Para qué tantos estereotipos? Con ganas de  contarles que el uruguayo, clase media –hago énfasis-, murió defendiendo sus ideales en propatria, parroquia Sucre, lejana de su hogar en aquél cafetal de hace dos décadas.

Politizar su lucha, beatificarlo sin también resaltar sus métodos, es absurdo. Decir en un foro que Gonzalo jamás fue violento, es mentirle a su memoria.  Fue –y estoy segura que sigue siendo- un alma libre, responsable de sus actos en momentos radicales. Vetarlo es manipular su historia, su verdadera revolución –aunque un poco contraria al concepto de Hannah Arendt-, aquella en la que creía que el fin justificaría sus medios.

Ahora, ser crítico de un sistema, sigue siendo un “acto terrorista”, “desestabilizador”, de “tira piedras”, un “golpe suave”.

Y es que, definitivamente, es sencillo buscar un término, variar su definición o tomar la que por defecto se ajuste al fin que desees de manera errónea –quizás tergiversada- y hacerla tuya. Lo mismo ocurre con la historia.
Transmitir la “nueva verdad”, la recién creada, es mucho más simple: el espacio para la crítica, tan reducido, no deja brecha para las interrogantes. Se queda fascista, aquél que ha sido marcado por la etiqueta. Probablemente terminará por aceptarla o adoptando el término, tal y como ha sucedido con tantos otros. La patria se ha vaciado de su concepto habitual, su sentido. 
Se olvida lo necesario, se recuerda lo conveniente y posicionamos al oprimido como “presunto”, porque es de otro bando. Un bando sin derechos.
Lo más triste es que, como todo, el error viene de parte y parte.

                                                                               ...
Dejando atrás lo que pensé sería una breve introducción, me quedo en mi coraza. Tengo la esperanza –o la incurable estupidez- de creer que hay alguien allí, en algún lugar, viendo el mismo ciclo histórico desde la época de los grandes caudillos, la explotación petrolera, la era rentista; que aún existen personas capaces de ver la injusticia sin filtros ideológicos, simples cadenas: la comedia del horror, la repetitiva.

Por eso le escribí, porque quería escucharlo y que me escuchara.


Hace tanto que te vi
Y tus ojos,
Ni un segundo,
Se posaron en mi suelo.
Te hiciste eco del susurro,
Solapándote a mi pecho,
Mis manos desnudas y,
Todo el calor,
El dolor y no más,
El sufrimiento de tantos,
Me hicieron acompañarte.

Fuiste frente de lo injusto,
Lo superfluo,
De las lágrimas que llora la madre,
De los niños que a diario patean las calles
Y nuestros compañeros,
Ahora muertos.

Tu bandera era de ideas,
En ocasiones,
Pisoteadas con desprecio.
Un sistema corrupto,
Insolente,
Que tras 25 años,
Ahora ya transfigurado,
Sigue siendo vigente.

Poco me importa ya
Si la derecha es de corruptos
Y la izquierda siempre miente,
Pues estudiante es estudiante
Y es de inhumanos
Justificar la muerte.

Te hiciste viento,
Vida,
Batalla.
Te hiciste grande, Gonzalo.
No por mártir, ni por héroe.

Ojalá pudiera ahora
Detener aquellos segundos.
La patrulla, tu insensatez,
Ráfagas de balas,
Ira del pueblo que siente.
Tus latidos, resguardarlos.
Tu sonrisa, permanente.

Estaría ahora justo a tu lado,
Luchando por lo que moriste:
Una patria digna,
Sin hambre.
Instituciones limpias,
Vidas plenas.
Mientras que sigo soñando,
Te persigo tras tu suerte.

De tener la capacidad,
Tu placa que reza:
algunos cantan victoria
 porque el pueblo paga vidas
 pero esas muertes queridas
 van escribiendo la historia”*
no tendría que repetirse jamás,
como epitafio.
No muertes, no así.

Y logramos mucho, Gonzalo. Pero ahora quienes “recuperaron” el poder, impulsándose en las carencias que tu intentaste saldar, se han perpetuado en la miseria del que puede.
Si tan solo se ocuparan no solo de la silla,
Sino del que a gritos pide
No sería la sangre
De familias
La que corre por las calles.


“Cuando se es revolucionario se derriba el poder de los que con el poder del engaño se mantienen”**, leí.
Y yo no quiero derribarlo sin más. Primero, habría que entender por qué ese poder es capaz de perpetrar en aquellos “engañados”. Unir al que de rojo se viste el alma y al que, de blanco, se tiñe.
Al que camina,
Al que hace cola,
Al que no puede seguir soñando.
Al que cayó, como caíste, en los brazos de la muerte.


                                                                                                   A la memoria de Gonzalo Jaurena A.

Documental "Pégale Candela" aquí.

*Puedes leer "Vamos juntos" - Mario Benedetti. aquí.

**Cuando se es revolucionario(a) - José A. Rangel A. Texto publicado en la publicación del MERUSB. Año 2, n°06, Marzo-Abril 2009.





martes, 25 de febrero de 2014

"Porque con balas, no se construye un futuro"

                                                                                                       Mi pancarta rezaba tal cual el título.



Justo ahora, mi mente es un colapso.

Para empezar, creo que estaría bien la frase con la que se comienza en toda asamblea estudiantil:

Maria Betania, 17 años, estudiante de la Universidad Simón Bolívar.

Si, esa soy yo; pero podrías ser tú, o cualquiera.

Soy estudiante hasta que el reloj marca las 12:45pm y paso a ser una trabajadora más en el campo educativo. Partidaria del esfuerzo como método para construir un país y no de las regalías, que nada solucionan. Usuaria del transporte interno de la universidad y del Metro de Caracas para llegar, todos los días, a mi trabajo. Peatona, la mayor parte del tiempo y por sobre todo: VENEZOLANA.

Antes de continuar, quisiera dejar en claro algo fundamental: Nadie me está pagando por escribir este mensaje y nadie lo ha hecho en las últimas dos semanas cuando, día a día y junto a miles de estudiantes, salgo a la calle a defender nuestros derechos. Mucho menos espero que alguien lo haga, ni hoy ni nunca. El motor que nos mueve es básicamente la preservación de la dignidad del Venezolano.

Nosotros, para que quede claro, no nos vendemos ni aunque intenten comprarnos.


Entonces...

Creo que, lejos de toda la censura mediática que vive el país es nuestro deber informar sobre la situación de la calle, nuestros hermanos detenidos y aquellos que nunca más podrán exigir sus derechos.


Hoy,  la convocatoria fue una asamblea estudiantil en la plaza Brión de Chacaito. Al culminar, nos dirigimos  hacia el bulevar de Sabana Grande llevando mensajes, en total silencio, sobre la situación del país. Algunos volanteaban, mientras otros alzábamos las manos con nuestras únicas armas: pancartas llenas de ideas, de frases cortas pero precisas.

A medida que avanzábamos, podíamos observar las diversas expresiones que soltaba la gente. Los que sonreían y alzaban el pulgar en señal de aprobación, los que se negaban a leer, a mirarnos, los que callaban el remolino de pensamientos que hacía vida en su mente…

Los que me conocen, saben que soy un mar de sensibilidad y hoy, cuando una señora luego de leer mi pancarta tomó de mi brazo y mirándome me dijo: “Dios te bendiga”, sentí que cada hora de cansancio, cada minuto de peligro corrido y cada “no salgas, te va a pasar algo” de mi mamá, valía la pena. 
Bastó solo una expresión, esa mirada, para comprender que estaba en el camino correcto. No puedo sacar esa imagen de mi mente. No puedo simplemente olvidar a esa mujer que tuvo un gesto tan sencillo y con tanto significado para mi.

Haré un paréntesis para agradecer a todas esas personas que, en las manifestaciones, se han acercado con mensajes de aliento y a veces, hasta comida.

Como no todo es tan sencillo y los ideales se construyen sobre adversidades, conocimos también del maltrato, el odio y del argumento de los débiles: la violencia. Desde el callejón de la puñalada (llegando a Plaza Venezuela), jóvenes como nosotros nos gritaban. “los vamos a quebrar”, “aquí no los queremos”, “vuelvan a Chacao” y ciertos improperios que no considero resaltantes (porque acciones como esas, deben ser ignoradas) como para agregar, hicieron vida junto a un grupo de personas que, sin pronunciar una palabra, continuaron con la labor.

¿Por qué nos corrían de su zona?

Nos tildan de niños de mamá y papá (como afirma el ejecutivo) y no saben de las historias tras nuestras caras. Yo nací y viví gran parte de mi vida en Catuche, luego en La Pastora. Se lo que es un colegio público y también de subsidiados. Vi a mi papá y a mi mamá construir con esfuerzo un mejor futuro para nosotras, sus hijas. Lo vi cumpliendo una jornada de trabajo agotadora, mientras en las noches seguía yendo a la Universidad, mientras mi mamá, como educadora, forjaba sin ambiciones el futuro de esta patria (Por cierto, a ella le debo todo). 

Entonces, ¿Cuál burguesía? Yo sólo conozco del trabajo, el esfuerzo y las ganas de echar pa’ lante, como mis compañeros de la USB que, desde Coche, Casalta, El Valle, Propatria, Pérez Bonalde, los Dos Caminos, La trinidad, El Hatillo o Altamira, tienen los mismos ideales.

El discurso divisionista y de “pueblo contra pueblo” es del gobierno, no nuestra consigna. Si los problemas económicos, políticos y sociales nos afectan a todos por igual ¿Por qué separarnos?
Todo lleva su tiempo y nosotros seguiremos en la lucha. Si me estás leyendo, piensa que puedes ser tú quien lleve en otro momento este mensaje. No vamos a rendirnos, seguiremos informando hasta que se nos apague la voz y cuando eso suceda, serás tú quien hable por nosotros.


Por último, quisiera hacerte una petición:

Piensa un minuto en los hermanos que han muerto sólo por pensar diferente.
En aquellos que no querían ser convertidos en mártires ni en héroes, que sólo querían protestar pacíficamente por unos objetivos que consideraron justos. Piensa, por ejemplo, en Geraldine Moreno. Estudiante y deportista, brutalmente atacada por la GNB cuando veía pasar una manifestación frente a su conjunto residencial. ¿Dónde está la justicia para ella?

Aunque sé que hay muchas otras personas, oficialistas u opositores, que perdieron la vida apoyando sus ideales, quise ser la voz de ella. ¿Y si cada uno fuese ahora la voz de uno de ellos? ¿O de cada uno de los 25.000 venezolanos que perdieron la vida en el 2013? Y todos aquellos que siguen perdiéndola ahora…
No tenemos miedo. No podemos ni queremos tenerlo nunca más.  Nos han reprimido, nos han humillado y han hecho una propaganda ofensiva contra nosotros. Nos tildan de vagos pero somos quienes, día a día, luchamos por darle vida a nuestro país.



Quizás otro día el mensaje sea diferente. Me disculpo si hoy fue sumamente subjetivo o no exponía de manera organizada los objetivos de la protesta, pero la finalidad de todas estas líneas es que tú, como lector, pienses libremente.
Jamás propiciaría, en mis letras, un dogma y mucho menos te incitaría a luchar por algo que no consideraras correcto.

Conoces el problema de la inseguridad, la violencia, los colectivos armados, la escasez, la crisis universitaria, la represión de cuerpos policiales, la falta de justicia, de valores, de principios…

Es tú oportunidad de hablar. Simplemente, no te quedes dormido.







viernes, 14 de febrero de 2014

¿QUIÉNES SOMOS?

Después de todos los breves párrafos que día tras día -desde hace más de un año- he dedicado a mi país, Venezuela, siempre pensé que el próximo sería uno lleno de júbilo y no de tristeza. Tras todos ellos, no he logrado cumplir mi meta: estas líneas, las escribo desde el luto, no desde la dicha. 

Hoy, 14 de febrero de 2014, un gran porcentaje del país piensa que «aquí no pasa nada » y mientras les escribo esto, la Guardia Nacional Bolivariana reprime a estudiantes con ballenas y antimotines (autopista Francisco Fajardo a la altura del distribuidor Altamira), justo como jamás lo han hecho con un delincuente.

El colmo, estimado lector, es el siguiente: mientras el futuro del país está siendo pisoteado por la bota de un militar, el jefe de Estado hace una rueda de prensa acerca del "lanzamiento de plan de paz y convivencia". Demás medios, callan. 

Se siente un vacío en el pecho al pronunciar la frase que nadie quiere escuchar: Estamos solos. La libertad de expresión es solo un boceto corroído, las autoridades son indiferentes al cumplimiento de nuestros derechos y la violencia deja una estela de sangre que podrán borrar del pavimento, pero no de nuestra memoria. 

Y así seguimos, en el hoyo que cavaron para nosotros con el silencio, la carencia de noticias, el encubrimiento de los hechos. 

Somos nosotros, los estudiantes, quienes luchamos por una Venezuela que muchos han dejado perder. Y no, no luchamos sólo por un "nosotros", sino también por un "ellos"; Porque hay personas que no se enteran, que asumen que el material editado que ofrece el gobierno es la única verdad. Estamos luchando por todas y cada una de esas personas que, sin importar su color político, sufren los mismos flagelos por el simple hecho de ser  v e n e z o l a n o s. 


No somos sólo  la "oposición". Somos la POSICIÓN DE CAMBIO, la contienda de ideas, los garantes de los derechos que nos pretenden arrebatar. 

No fuimos "entrenados" para ser golpistas, como el gobierno pretende etiquetar. Fuimos y seguimos siendo FORMADOS para ser profesionales íntegros y no simple mentes pre-fabricadas, carentes de sentido crítico como dicta el Estado.

No podemos darle la espalda a un país que nos necesita, así como no podemos olvidar que Bassil Alejandro Da Costa Frias y Robert Redman creyeron en esto tanto como nosotros. Su memoria, no puede morir con ellos. Su lucha, sigue siendo la nuestra.

Hoy, mi meta es recordarles quiénes somos y que es lo que, como estudiantes, queremos entregarle al país. 


A ti, compañero: no perdamos nuestra meta. 

domingo, 5 de enero de 2014

Contar los puntos de la obra de Seurat me sumía en una depresión infinita.
¿Infinita?
Inmune a todo cambio, abstracta, dolorosa. Que se yo, de esos momentos donde el viento está latiendo tras tus hombros y a ti qué; que el mundo espere y se detenga cuando quiera, que no te importa nada. Que va.

Que Seurat no importa, hombre. Jamás contaste cada punto de sus lienzos. ¿Cómo mezclaba la ciencia con sentidos? El color daba emoción, lo mismo que a un matemático resolviendo los problemas de Hilbert.

Él era todo: la óptica y el arte. Heurística. Armonía y color...

...Igual da, París se desdibuja ante tus ojos. Ni Seurat ni Pissarro. En cambio, puntos sin sentido ni armonía. Sólo puntos.