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Mostrando entradas de julio, 2017
«las nubes tienen calles» dijo,
Y hoy lo abrazo como se abrazan las calles que no se transitan,
Entre nubes que se cargan de agua y lloran sobre nosotros,
Sobre las calles que dejaremos atrás,
Donde hace tanto hicieron las moscas sus nidos pasajeros,
Rituales sin sombra,
Neblina que cubre Caracas
Y nos arropa bajo la única manta con nombre
Bajo el único cielo que no va a extrañarnos
Porque se han ido tantos y han quedado tan pocos,
Para extrañar sin suponer,
Para existir sin preguntar
¿Acaso amaneceremos, de nuevo, mañana?
El pánico me convierte en raíz y me acerca a ser el árbol que tanto temo.
Cinco birras más tarde, no distinguíamos si aquella valla frente al universitario era - o no - el icónico ovalo de la Savoy; pero éramos, eso si, capaces de encontrarnos entre historias improvisadas, recuerdos de poco más de quince años, frescos, como si se tratase de hace un par de semanas. Capaces de cantar sin pena, de abrazarnos en grupo, de ser los adolescentes que no fuimos, de jugar a los adultos que podríamos llegar a ser.  Fuimos las sonrisas que nos dibujábamos en el rostro, las melodías improvisadas que se escapaban de los trastes de un ukulele sin nombre. Fuimos karaoke del bachillerato, colisiones de estrellas que se apagan para dar vida a nuevas estelas, sin órbitas, polvo que regresa al polvo y se rehace en un mismo espacio, el mismo que comparten nuestros pies que bailan y hablan entre si, de las calles que han recorrido y las que están por recorrer, las que se quedaran vacías de nosotros que estamos, pero no estaremos luego; que cantamos con las cuerdas vocales inund…