miércoles, 3 de agosto de 2011

Cuando vuelves a escribir y sabes que es lo que te gusta, por mala que seas haciéndolo.
Porque solo así te sientes libre. Lo que la voz calla, las palabras lo hacen perdurar. No importa lo que sea, en eso se basa esto de escribir. Lo vives, lo asimilas, lo anotas e intentas no olvidarlo. Sencillo y práctico.
Pierde todo el sentido cuando intentas explicarlo.
Desahogo, quizás.
Gritas, amas, lloras, ríes, e intentas hacerte entender, escribes, el papel calla, no te juzga.
Cada cotidianidad pasa a ser parte de una oración, y poco a poco se van escribiendo párrafos y hasta historias completas.
No olvidar, esa es la misión.
Te miro y nos detenemos, con una sonrisa de esas fugaces, directas.
Jugamos, como dos niños pequeños. Corres, te atrapo, quiero tumbarte. Sigamos jugando.
Un minuto, donde todo es perfecto, porque tus manos juegan con mi cabello, se enredan, se unen, se pierden, se adueñan de él, de mi, de todo.
Quizás te rías, me siento idiota; flotando entre ironías y realidades.
Y si te abrazo, el tiempo se acorta.
Mis brazos no se dan a basto, no paran de acariciar tus mejillas.
Todo se hace distante, sin más límites que un umbral incierto, donde intento esconderme y callar mis deseos, pero me besas y todo queda en blanco, no existe nada, el tiempo es solo una ilusión, quizás.
Ya nada importa, tu mirada cargada de caricias hace olvidar el mundo, volando entre sonrisas calladas y apacibles.
Rayar con líneas imprecisas, trazos que aspiran a ser letras, son solo garabatos en mis cuadernos.
Deseos, solo eso.
Canciones, frases, nombres, fechas, uno que otro recordatorio que irónicamente siempre olvido.
sería ingenuo de mi parte creer que el simple hecho de escribirlo lo hará realidad.
Pero no, la realidad es esto, y la fantasía es mi papel.