lunes, 14 de diciembre de 2015

Hace un tiempo participé, por un lugar en tu vida, en un concurso sin credencial. Quería ganar algo, una parcela a plazos en las profundidades cavernosas de tu corazón, un rincón en las vaguedades de tu pecho, el contrato perfecto para trazar con mi lengua el boceto de tus pasos.

Así de imbécil, loca enamorada, templada al cien, me tuviste mucho tiempo. Benditas pruebas sin árbitro imparcial, ganarlas era parecido a subir y bajar corriendo -en una suerte de segundos- el Ávila al amanecer. Exacto, casi imposible.

Entonces, detrás de la ambulancia, rendida a ti y tus tretas, gané. Me convertí en el mueble favorito, caoba, desecha hasta los huesos, con un hermoso y chiquito florero cargado de camelias sobre un tapete de macramé -como mis nudos-, amando cada caricia que dejabas vagar sobre mi superficie, adicta al tacto de tu piel. Yo allí, tan inmóvil, tan deseosa de tocarte y sin manos, unida con clavos, parte con parte; cómoda de tu cuarto, gavetas donde guardar las cartas que yo misma te escribí, cuando de mi puño florecían mucho más que flores y tapetes. Armario de mi misma y de tus dichas, solo así, recolectora de sucesos, jamás protagonista.


miércoles, 25 de noviembre de 2015

Cedeño

Papá no es un apellido.
Papá fue un poemario de recetas ancestrales.
Maíz pilado. Pescado frito.

Papá fue una clase de historia,
alquimista de abrazos invisibles,
tetero hasta los ocho años.

Papá fue un hombre de números,
también de letras,
de todas
                                                                 -toditas-
no solo de seis absurdos grafemas,
firma definitiva,
apelativo,
título sin realeza.

Papá fue mío,
porque quiso serlo.
No creí en lazos de sangre,
coagulada,
ficticia.
Creí en el amor a primera enseñanza
                                                              -aunque lugar común-
paseos de la mano,
brazadas infinitas en un mar de enciclopedia.




Nunca fue mi padre por decreto.
Se ganó cada una de mis lágrimas.
Él,
cada uno de mis besos.

Así supe apreciarlo;
él,
a su vez,
al verme desgarrando el papel de regalo,
comprendía que el esfuerzo de un año de trabajo,
se veía recompensando en los brazos que se adherían,
cual garzas -prisioneras-
a su cuello.

lunes, 9 de noviembre de 2015

Hay puñales, mullidos, cual cojines.
risas cegadas,
tragos que terminan en derrames cósmicos de nada,
basura estomacal,
desdicha,
cabeza baja.

Luego te dan -y das- todo.
Integridad, corazonadas,
poemas sobre almohadas compartidas en camas de Propatria,
conversaciones de media jornada,
distancias eternas por panes efímeros,
pesos ideales,
almuerzos subsidiados,
condones baratos,
mar de plata,
caminatas monumentales en ciudades peligro.

Me perdí buscándote,
amándote a tiempo completo.
Te perdiste tú,
reina de los dioses,
entre temores de a contado.
Hija de Saturno,
"tú que consuelas y no existes",
ay Pessoa,
que mal me siento.

Sin tabaco,
ni ira,
siempre aquí, hasta que vuelvas.


lunes, 2 de noviembre de 2015

La manija del gabinete se clava en mi espalda,
choco contra ti. 
Te busco, a tientas, 
a gatas, 
incluso después 
con las manos en alto. 

escribo obituarios sobre mentiras
me hago polvo,
eco sin destino,
cama de tu cama, 
sexo de tu sexo.

Quiero tocarte, 
alcanzar tu rostro.

                                             - No, me privo-

Me privo de ti,
de nuestros vicios,
la manera en que sonríes
                                                 -con sopor-
mientras finges no mirarme.

Y llueve. No afuera,
sino en mi.
                                                 -en nosotros-.
mientras como de las sobras,  
aquellas que dejaste
sobre mi vientre adolorido.


                                                    ...


Respiro, ya no hay moscas.
No hay miedo de partir
no hay miedo de perder,
                                                 -ya te he perdido-.



miércoles, 28 de octubre de 2015

Así deben sentirse los pequeños peces dorados, chocando a diario con los cristales vacíos de su triste pecera. Quizá peco de soberbia, supuesta conocedora absoluta de la realidad de sus aletas. Pero sé, simplemente sé, que si aquél vacío atrapado en un vaso no es la máxima demostración de dolor y locura, entonces jamás fui aquél pez ni bebí de tus escamas.

jueves, 22 de octubre de 2015

hay camas infinitas con silencios sucesorios
recitando poesía
                          recordando vidas ajenas
suspirando por playas ennegrecidas
puertos,
 habitaciones reducidas,
ballets,
sirenas.


Después, hay solo tragos en una jarra que ha mirado muchas vidas
mientras se retuerce en sus entrañas el blanco licor,
la hierbabuena,
los cristales incandescentes
                                             el arte tras las rejas verdes,
                                     las tortas infames
                               el baño como salida
amando estar allí,
robando un segundo a un padre que no me pertenece
a la amiga que extrañaba,
a él, de mejillas maravillosas
y ella, claro,
la poetisa de los versos escondidos
en una nota con límite de caracteres.




jueves, 15 de octubre de 2015

Respecto a la protesta y sus medios

Solo para tratar de explicar mejor mi punto:

¿Cuántos de nosotros nos hemos encontrado a la salida de alguna estación de metro con una persona entregando algún tipo de folleto, promoción impresa o similar? ¿Cuántos de nosotros digerimos verdaderamente la información que en ella se plantea? ahora imaginen que esa información no llega a sus manos, sino que literalmente, "cae del cielo".

Vivimos en un país donde los costos son sumamente elevados. No existe un "barato" que valga, no quiero mentirnos, entonces ¿De donde salió el dinero para imprimir tantos panfletos? ¿Por qué arrojarlos, sin considerar la entrega directa junto a la información de primera mano, de boca en boca? ¿Por qué está mal hacer una crítica a un proceso que no está funcionando? ¿Por qué nos quejamos de la desinformación general en la que está sumida el país, cuando dentro de nuestras pequeñas fronteras hacemos lo mismo?

Vivimos en un bloqueo selectivo impuesto. Siempre escuchamos que hacer pública la planificación de una actividad es arma de doble filo. Si, puede que lo sea; pero entonces, no seamos tan "cara'e tablas" -si me disculpan la expresión-, para informar solo a aquellas personas que traen un "beneficio" personal, que acarician el ego y la necesidad de personalismo que lastimosamente afecta a nuestros "líderes"...
Hace unos días, para ejemplificar, se hablaba en una AGE acerca de ir al organismo competente y entregar una carta explicando básicamente la situación de la universidad y pidiendo su pronta resolución (si me equivoco, por favor, díganme). La respuesta general fue de descontento, puesto que -según el quorum- se trataba de una actividad no planificada. La respuesta del presidente adjunto de la JD-FCEUSB, a mi parecer, dejó mucho que desear. Explicó que no se podía informar para evitar que llegara la GNB, para luego decir que el ministerio sabía de la movilización...¿Coherencia, donde te habrás metido?

En fin, mi intención no era extenderme. ¿Me siento frustrada? Si, mucho. Nos hemos convertido en un asteroide orbitando alrededor de un sol que no debimos orbitar en un principio. Somos esa cara del país que nos lastima, a pequeña escala, sobre pupitres.
A mi no me gustaría simplemente sentirme orgullosa de que me critiquen porque haga algo, ya que hacerlo no implica, como premisa, que esté bien. Me encantaría, en cambio, motivarme y motivarlos a la autocrítica, que dejemos de permanecer estáticos e inamovibles en un país que pide a gritos un cambio de forma.

Buenas noches. 

Calle el Brasil.

Jamás intenté verla desde el mirador del Cristo Rey.
Allá, en pequeñas calles, se erigían casas pequeñitas con sus patios y gallinas, tunas, el cristofué, café recién colao', pescado frito en el desayuno.

Ella estaba allí, en alguna de esas calles.

No entré más que un par de veces en aquél sueño compartido, sin embargo sentí lo que él sentía cuando me hablaba.
-Aquí echaremos el piso, hay que ponerle cerámica a la cocina y en el patio se puede sembrar - decía, como hablando con cualquier persona, menos conmigo; ensimismado en sus visiones, las múltiples posibilidades que aquella pequeña casa nos ofrecía.

Recuerdo haber caminado hacia el patio rudimentario, donde la maleza se retorcía junto al polvo en una lucha indefinida. ¿Qué veía él, en aquél pequeño paraíso del desastre?
...Si la cerámica fue puesta en la cocina, solo lo supo por terceros. Sus manos no recorrieron nuevamente aquellas paredes recién frisadas.
Supe, tiempo después, que aquella famosa pelea de mi infancia, tuvo un alto: el fondo de la casa era un pequeño edén para el abuelo que sembraba y se jactaba de comer lo que la tierra le había dado.



Sé que sigue allí, ahora en otras manos. No hubo documento que constatara el traspaso de emociones, ni contrato que validara todos los sueños que alguna vez tuvo aquél que me llevaba de la mano cuando me mostró aquella casa.

No sentí -ni siento- nada por ella. No se mereció nunca ni una sola de mis lágrimas. Aquella casa, comprada para soñar, se llevó -irónicamente- muchas de mis noches de sueño.
Peleé por ella, cuando intentaron arrebatármela. Me aferré con las uñas al que creí el último recuerdo tangible de su amor. Lloré, cada vez que recordaba lo mucho que costó conseguirla, sus años de esfuerzo, la promesa de un sueño en aquél pueblo que creía suyo. No quise volver, aún no quiero.

No sé si algún día sea capaz de regresar y caminar por la orilla de aquella playa -Medina- sin sucumbir al odio, a las ganas de quebrarlo todo en cientos de mentiras; repartiéndolas, una a una, entre cada uno de los que le lastimaron.

Hoy, por mi, se quedan con la casa, aquél nido sin vergüenza. Yo decido quedarme con los granitos de arena que hacían cosquillas a mi piel, la sonrisa imborrable de su rostro, sus brazadas imposibles hacia un mar que no me duele.
Prefiero, pues, quedarme con el interior de la cajita, los paseos hacia el puerto para buscar al desafortunado pez que se convertiría en desayuno. Las caminatas entre plantaciones de cacao y las caracolas que traen consigo cada una de sus palabras; allá ustedes, que prefirieron el papel que nada vale, simplemente la envoltura.

lunes, 12 de octubre de 2015

Fue un sueño, si. Las cebras eran peces sin escamas. El rumor del cielo era más el ronroneo de un tigre dormido,que el supuesto coro de ángeles.

Morí, es evidente. La carne no se aferra a mis huesos, ahora frágiles e hirsutos por el tiempo.

Llené la caja, guardé las cebras, disfruté de su cuerpo por última vez y creí seguir al naranja opalino que vestía al tigre de las grandes rayas negras.

Fue un sueño, si; pero ya no le temo a la muerte.

miércoles, 7 de octubre de 2015

Me quedé.

Recuerdo que de tu boca lo tuve todo. Los gritos del escondite, los saludos nerviosos, los buenos días a mi lado. Las más cobardes mentiras.
Tener tus besos fue fácil, no entran en el conteo.Lo difícil fue mirarte y no pedir que recitaras todos los versos que no sabías y que yo moría por escuchar. Lo difícil fue quedarme cuando comprendí que jamás te gustaría leer a Dostoyevski y que crimen y castigo no sería más que uno de los tantos títulos que olvidarías.

Y me quedé.

...Me quedé porque nunca te importó que escribiera estupideces viscerales, canciones plagiadas, poemas sin forma. Absurdos intentos de entregarte todas las formas de sentirnos.

Han pasado los segundos críticos -incontables- tras tus despedidas. Los dejé correr con la única condición de no dejar rastro para tratar de volver a casa.

Te vi marchar en el metro, los buses, aquél aeropuerto. Te he despedido incluso cuando estás callado a mi lado y ni siquiera lo imaginas. Solo así, aprendí a quedarme: diciéndote adiós.

martes, 6 de octubre de 2015

Malditas moscas
anidan en mi carne sus ritos pasajeros
construyen sus aceras sin perdón
escalones de amnistía

me hincho. Te lloro.
                                                            pausa definitiva.

trafico gusanos sin piel.
callejones sin salida
                                                           principalmente temores.


                                             ...

muero de nuevo,
en otra frontera.

miércoles, 24 de junio de 2015

Carga puntual






Robaste de aquél jueves
mis últimas horas de infancia

Quitaste unodostrescuatrocinco vendas
de mi pecho

Asfaltaste los vacíos,
subastaste las mentiras que dejaron
como muros
las horas que vivimos

Me duele, ahora, la nostalgia de tenerte
de saberte cerca
de probar tus miedos
sin sabor a adrenalina

Te hallo estático,
carga puntual,
y desespero.

Quiero orbitar en el sistema,
no ser un centro sin sentido,
que espera,
sin pensarlo,
que los demás  astros le acaricien.

jueves, 4 de junio de 2015


La sátira, -aunque un tanto cliché citarlo- según el DRAE en una de sus acepciones, es un "discurso o dicho agudo, picante, y mordaz cuyo objeto es censurar acremente o poner en ridículo a alguien o algo", con el fin de lograr un cambio, un punto de quiebre, una «mejora social».

Existe una gran diferencia entre la burla y el mero chiste; la utilización de la ironía y una posible ofensa. El que satiriza, critica por medio del humor, más no por esto deja de tener un sentido claro, un objetivo directo.
Darse un paseo por clásicos de la literatura con el fin de conocer un poco más del género, no está de más. Desde Voltaire hasta Bierce, destacando incluso las controvertidas páginas del "Decamerón"; "El elogio a la necedad" es también un buen partido. La sátira ha sido tan parte del arte como de la política.Imaginen por un segundo que la política se mueve por completo en un terreno de sofistas-véase postura de Sócrates-: la verdad no estaría dicha, la retórica sería poco menos que una sarta de promesas imposibles. 

Siempre alguien tendrá que decir verdades, aunque no quieran ser escuchadas.                                                                           

...

Hoy se dio por finalizada la ronda de debates previa a las elecciones de la Federación de centros de estudiantes de la Universidad Simón Bolívar (FCEUSB). Asistí como pudo haber asistido cualquiera de los estudiantes que allí hacen vida, sin pertenecer a ningún movimiento, sin mayor conocimiento de política universitaria, con ganas de escuchar propuestas que promuevan la recuperación de espacios y la integración de todos a un mismo fin: retomar parte de la excelencia que nos ha caracterizado como institución.

Algo que siempre me ha preocupado es el límite tan difuminado entre "propuesta" y "promesa". Llevo días siendo repetitiva, planteándolo cada vez que puedo, comentándole a cada persona que pueda -o no- sentirse interesada. La FCE no es un ente milagroso, no es capaz de resolver nuestros problemas. La FCE la conformamos nosotros, los cargos que elegimos son de REPRESENTACIÓN. 

Las distintas secretarías no poseen una fórmula mágica para cumplir "promesas", pues no están en capacidad de hacerlas. De las mismas deberían formularse "propuestas", ideas factibles y de alcance directo. Las promesas son atractivas para todos, nos vemos tentados a creer en las mismas, pues son exactamente lo que necesitamos oír. A nadie le gusta escuchar la realidad cuando es dura y, lastimosamente, nuestra realidad universitaria en momentos como los que atravesamos, es complicada.


Importante es escuchar, saber que se propone y en base a nuestras necesidades, apoyar las ideas que se considere viable, capaz de llevarse a cabo. Quizá estoy equivocada, ¿Por qué no?, pero algo que me parece inconcebible, es votar por una plancha en su conjunto sin esgrimir sus planteamientos individuales. 


Aún creo en la individualidad y en la meritocracia. Los principios no se enajenan. Nunca.

Si luego de evaluar cada candidatura en cada una de las distintas secretarías, llegas a sentirte identificado con una única plancha, ¡Excelente! ha sido tu criterio quien ha escogido lo que considera la mejor opción. Digo esto en referencia directa al debate de los candidatos a presidencia de la FCE. Yo, Maria Betania C, miembro de la cohorte 13, no me siento identificada con los candidatos del Movimiento Demos, ni con los propuestos por La Otra Plancha.

 ...

Hay, como dije al principio, quién no comprenda la sátira. Históricamente a los políticos les ha molestado, pues genera ese sentimiento general de descontento, siembra una semilla que se riega cada vez que se piensa y se crea consciencia al respecto. Hoy, la crítica era a una forma de hacer política que no todos comparten, a la formación de "líderes estudiantiles" con miras a un cargo político externo, injerencia partidista, gestiones que no han logrado ser lo que han prometido -he allí el problema con las promesas-. Los "candidatos" de La Otra Plancha fueron sinceros. No fueron lanzados con el fin de pretender un voto. Quisieron dar un mensaje que nadie se atrevía a dar. Algunos los tildaron de "anti política". Yo, por el contrario, pienso diferente.

Se puede criticar la forma, incluso me parece lo más correcto. No permanecer inertes, expresar opiniones fundamentadas. 


Ellos no están promocionando un voto para dejar un espacio de representación vacío. Utilizaron un espacio democrático para plantear otra forma de construir federación, donde la libertad de votar "cruzado" está allí, al alcance de la mano. Demostraron que hay estudiantes como tú o como yo, capaces de llevar ideas con la posibilidad de ser materializadas, sin necesidad de pertenecer a un único polo.Comprendo que es difícil digerir el mensaje. A mi no me pareció un chiste, me pareció una sátira, con una gran crítica de fondo.

...

La Universidad Venezolana no es un ente aislado.Trata de mantenerse en pie en un país convulso, con presupuestos y reivindicaciones imposibles. Sin embargo, un cargo de representación estudiantil exige al que lo porta un compromiso directo PRIMERO con LA UNIVERSIDAD. No se puede trabajar por el país, cuando ni siquiera puede mantenerse éste primer acuerdo. 


Los "candidatos" a la presidencia de La Otra Plancha y digo "candidatos" porque realmente no lo son -bastante que lo dejaron claro-, hicieron una analogía entre el país y la Universidad, la forma en que elegimos a nuestros gobernantes y el peligro tan grande que representa la alienación a una única forma de pensamiento, casi comunitaria, sin mayor consideración de capacidades individuales.


Muchos seguirán creyendo en el chiste, sin observar el trasfondo. Espero que algún día podamos comprenderlo y mejorarlo. 

miércoles, 20 de mayo de 2015

Vicios etéreos.

Tu piel suele extraviarse en los pliegues de su sábana. Sonríes y te retuerces en un mismo movimiento, dándole una vez más gracias al cielo por tenerla allí, siendo carne -no sé si de la tuya- y alma en un solo beso ahogado.

Yo sé que estás allí, ofreciéndote el placer que el tiempo junto a mi solía negarte. Te haces infinito y abstracto, otro reloj de Dalí. Te conviertes en nicotina barata y vas deslizándote entre senos y muslos sin tiempo, pulsando todas las teclas de un cuerpo sin vida.
Vicios etéreos, claro, mientras yo disfrutaba de tu prisa y aquellas caricias discretas que dejabas escapar en los minutos que no le pertenecían a nadie.

Nunca tuve uno solo de tus besos a mi tiempo, me acostumbré a tus compases y sin sabores. Me gustaba, incluso, la manera en que dejabas de mirarme cuando, luego de tanto silencio, quería tan solo gritarte, decirte que estaba allí, que seguía viva, queriendo creer que aquél escalofrío que recorría mi espina dorsal cada vez que me tocabas era mío, verdaderamente mío, y no otro de tus trucos en condición de pagaré.
No pedía verte despertar, amanecer dentro de mi; ni siquiera tenía aspiraciones de conseguir el desayuno junto a mi cama, ni la tuya, -o la nuestra-. Quería tenerte a ti, un sólo día, veintisiete minutos sin quejarme.

Quería, tan solo, ser mucho más que otro pupitre tras de ti.

viernes, 8 de mayo de 2015

Claudia


Claudia solía detenerse en cada cuadra. Cruzaba la avenida como quien cruza un río innavegable bajo una tormenta: siempre con miedo, siempre con prisa. Recuperaba el aliento solo al alcanzar la otra acera y se creía, brevemente, salvada por los dioses de aquella corriente de concreto y asfalto carcomido.
Recorría las calles todos los días. levantaba sus frágiles manos de muñeca de antaño,-sus dedos largos de violinista, de artista incompleta-  hacia las ventanas de los carros que esquivaba apenas cambiaba la luz.

Nadie la llamaba por su nombre. Nadie, siquiera, la llamaba; un par de cornetazos e improperios se convirtieron en su identidad.
Sentía el chirriar de las ruedas como una señal para apartarse, la única llamada que le invitaba a ser algo más que otra parte de la vía.

Nunca supo si se llamaba claudia, mucho menos plasmar siete grafemas. La llamé tantas veces como pude, cada vez que me detenía en el semáforo.
Para mi, no podía llamarse de otra manera, aunque no formase parte de alguna estirpe tal como aquella de  patricios, nobleza de sangre, era mi claudus. Había luz en cada uno de sus pasos y eso era más que suficiente. La veía flotar, pudiendo ser cualquier cosa; la imaginaba dejando la acera y el rincón donde dormía. La veía luchando entre vocales, desafiando la aritmética y no de nuevo -nunca más- entre semáforos, esperando el acostumbrado cambio del verde al rojo.
La veía de nuevo niña, siendo caricias para una madre, siendo hija, siendo hermana, estando viva para sí y no más perdida sin saberlo.

                                                     ...

Nunca quiso ser Claudia, ni llegar a casa al volver de la escuela. Decidió permanecer en su cama de cartones húmedos y migajas robadas a la vida.

Ya no suelo verla, mudó su mundo a otras calles, junto a su historia de nuevas avenidas; Yo, sin embargo, continúo esperándola.

sábado, 14 de marzo de 2015


                                                                                         
                                                                                               "No fue ayer ni mañana, en otro tiempo,
                                                                                                                                en otro espacio, 
                                                                                                                                ni ocurrirá ya nunca,
                                                                                                                                aunque la eternidad cargue sus dados
                                                                                                                                a favor de mi suerte".
                                                                                                                                          -Eugenio Montejo.

      Para cuando estés leyendo esto -si me atreví a publicarlo-, faltarán solo horas para que atravieses los cientos de kilómetros que nos separan del cono sur.

Me conoces demasiado bien como para saber que soy incapaz de despedirme. Hace tres años, tampoco pude hacerlo: bastó un beso en la mejilla y un "nos vemos", que duró meses interminables de colegio y comunicaciones interrumpidas por mensajes de textos. Nunca pude decir "adiós".

Sé que te vas y que ahora sí es definitivo. Lo repetiste tantas veces como pudiste, pero yo prefería no hacerlo tangible, dejarlo tan solo en una frase más que quizá no fuera más que eso: una simple frase; pero ahora estás allí, llenando tus maletas, mientras solo puedo observar en silencio que sí, efectivamente, dejas tu casa, las calles que recorríamos a las 9:00 de la noche, sin miedo al miedo, con ganas de un café barato, un par de cachitos y nada más que historias por contar. 

Me harás falta cada vez que abra las páginas de Kafka en la orilla y sepa que estuviste allí, aquél cumpleaños, con ese libro en tus manos. No habrá domingos de piscina improvisada, ni Diego con dos barquillas en las manos, luego de comernos un par de donas. Samanta no estará regalando sus abrazos que tanto me encantan...Y no estarás tú, en aquél concierto, aquella plaza a media noche y el pánico de no tener pánico, de sentirnos libres.

Sube a ese avión, pero no dejes tus recuerdos conmigo.

Me alegra saber que te vas a cumplir tus sueños, que al fin podrás jugar fútbol como siempre has querido. Serás ingeniero y sí, te ayudaré con matemáticas desde Skype, lo prometo; tan sólo, déjame pedirte una última cosa a cambio: cuando camines por la 9 de Julio o te detengas en la plaza de mayo y sean las 12:00am, recuerda aquél banco y los tantos cafés.



No olvides ningún abrazo, por favor. Yo jamás los olvidaré. 

No sé si pueda verte cruzar por la cromointerferencia de color aditivo. No sé si pueda verlos partir, sin más, sin conocer una fecha, algún indicio que apunte hacia el momento en que podamos reencontrarnos. 

No sé si pueda.

lunes, 19 de enero de 2015

Conté, sobre mi pecho, cada uno de tus cabellos; uno, dos, infinitas hebras húmedas, mientras recapitulaba las últimas doce horas de aquél día.

No supe si quererte era tenerte como un objeto inerte entre mis brazos o si, por el contrario, se trataba más de ser yo la que permaneciese en el silencio, sujeta a tu cuello sin poder siquiera moverme desde la tierra. Sin gritos, ahora parte de un cosmo que desconocía, sin poder disfrutar de la dicha que sienten todos -según dicen- cuando alcanzan el placer en diez respiraciones.

Incapaz de conseguirlo, esperé; sintiéndome incapaz, absorta y emocionada, como una pequeña niña que prueba lo que todos quieren que pruebe, aunque sin saber si le va a gustar, tal y como los tres intentos anteriores.

Y no sé si esto sea querer o arrancar miserias de otro cuerpo, pero cada segundo que te siento latir sobre mi pecho, sé que si no es querer, es una manía que no se ha curado con el tiempo.