domingo, 20 de enero de 2013

Antagonía del arte.


No era más que una copia fiel y exacta de un minuto en silencio, sin respiraciones agitadas alterando el curso natural del tiempo.

Incapaz de jugar con el destino, se aferró a la certeza única de sentir como sus pulmones recibían el aire qué, mecánicamente, aspiraba.

Se cansó de amar, en carne, a cualquier otra persona que pudiera intentar perturbar el estado neutral en que se encontraba.Aunque, siendo incapaz de amar lo intangible, lo etéreo, se aferró a un estado catatónico, negándose a caer en el estado de enamoramiento recurrente que padecen los "humanos".

Quizás, pensaba, huir del mundo me hace solo una cobarde, adicta a la soledad.

Incapaz de lastimarse a sí misma, hacerle daño a alguien más estaba fuera de sus posibilidades.

Y así vivió, simplemente existiendo. Ocupando un lugar en el espacio, porque así lo dictan las leyes físicas, sin ninguna otra razón para decir qué, aunque faltó en su mayoría, fue capaz de dejar una marca.

Nadie pudo tan siquiera recordar su nombre a la hora de grabar su epitafio, y así quedó...

Siendo "nadie". 

lunes, 7 de enero de 2013

Déjà vu.

Vemos hacia la pizarra y nos encontramos con un nuevo y desconocido mar de posibilidades.

Buscar en el diccionario las siguientes palabras...
Y así, entre actividades, vamos creciendo, formando palabras, ordenando operaciones.
Aunque creamos haber terminado de comprender lo básico, siempre hay una frase que se escapa a nuestra comprensión. Decir lo contrario, sería mentir indiscriminadamente, sin escrúpulos.

Escribía en las páginas finales de los cuadernos para matar el tedio de una voz totalitaria y dulce al mismo tiempo, dictando palabras para formar oraciones con sentido completo.
No era complicado armar oraciones con la palabra amar. Nunca lo fue...

No me preguntes por qué, pero recordé esos momentos de una etapa qué, como todas, no vuelve. El olor a marcador sobre la pizarra, el sonido del roce de los pupitres en el piso y los trazos imprecisos sobre el papel.

Caracas, 8 de Enero de 2001...

Ahora, es diferente pensar en las palabras. Ya no puedo simplemente utilizarlas como sujetos, adjetivos o verbos en una simple oración.
Me hablan.
Están allí, quejándose por inconformistas, describiendo, haciéndose las realistas. Y yo, como espectadora subyugada a sus dictámenes, obedezco.

Ahora, para mi, el amor es mucho más que cinco grafemas. Tiene un significado tan difuso, ancho, vasto, impreciso...Y, por si fuera poco, todo empeoró cuando apareciste tú.
En resumida, las palabras juegan conmigo. Me dicen que te amo es para ti, por ese susto en el estómago cada vez que sonríes y me miras, sabiéndote cómplice de sus tretas.

Esto de atarse al amor como consigna, definitivamente no es, ni será, lo mío; porque sabes qué, decir que el amor es un sentimiento, está trillado. Y yo, para colmo, me cansé de intentar comprender lo que no puedo y esta misma necesidad de contarte, de escribirte (te repito, me están obligando a sincerarme), es parte de todo cuanto no puedo descifrar.


Ha pasado el tiempo, lo sabes. De dos niños jugando a las escondidas, queda el mismo ímpetu, la emoción, las mejillas enrojecidas y los chistes malos. Nada ha cambiado; solo un simple título que nada tiene que ver con lo que tú, y yo, somos para el otro.

Dime... ¿Por qué quererte así, tan libre, tan confiado al sonreír? sin sentir la necesidad de amarrarte y decirte      "quédate, porque te amo", sin buscar excusas para rodearte de posesivos.
Aún en mi desastre, comprendo que un "quédate" está demás, porque eso lo decides tú, el viento y las flores cuando deciden volar.

Yo...

"Sé que voy a quererte... Sin preguntas
  Sé que vas a quererme...Sin respuestas"

Porque Benedetti no miente y siempre está allí, versando lo que siento, aunque no esté, el papel no hable y las alucinaciones solo sean de momento. Y, antes que preguntes, no me canso de citarlo.

De nuevo, como por arte de magia, las palabras decidieron borrar los posesivos y limitantes de mis labios.

No eres mío, pero nos acompañamos.
No es nuestro, porque limitar los sentimientos es de pusilánimes. Es simple; el amor es de quién lo quiera sentir, sin darle un título, sin agruparlo en sentimientos o asociarlo a sensaciones. Del que lo respira, lo consume, lo plasma, lo invierte, lo pone a valer y deja que siga en su ciclo, sin dañar, sin herir, sin romper.
Decir que nunca acabaría, es jugar con el tiempo y sus vueltas, recuerdos, memorias...Hacerlo eterno es mucho más que darle cinco letras innecesarias.

Hacerlo eterno es mirarte al despertar y saber que seguirás allí hasta que lo desees, sin sentir remordimientos, compromisos innecesarios. Sin tener que cumplir con una retahíla de palabras limitantes.

¿Por qué mejor no seguir siendo los mismos de siempre? Jugando como niños. Tropezando y cayendo. Sonrisas al aire y un suspiro... ¿Recuerdas?

-¿Quieres ser mi novia?

-Si..

Y así comenzamos de cero...
Volvemos a ver hacia la pizarra y nos encontramos con un nuevo y desconocido mar de posibilidades, solo qué, ahora, estas se encuentran en tus ojos.

domingo, 6 de enero de 2013

Ya basta de racionalización.

Miro a mi alrededor y las mismas caras tristes hacen eco en el vacío. Respiro y guardo ese pequeño soplo de vida en mis pulmones, intentando mantenerlo como si de hacerlo eterno se tratara.

Qué tonta. Nada es eterno.

Aún puedo ver sus ojos perdidos, descansando de todos los bellos paisajes admirados, los momentos de tristeza y la sonrisa de aquellos, sus amigos.
Ya no están, por lo menos no aquí, en esta ladera.
Pertenecen al viento y no queda más que afrontarlo, porque así sucede y, nosotros, los pequeños puntos somos incapaces de modificar un orden mayor, el universo mismo, sus planes. Y allí chocas con la realidad, o mejor dicho, ella te atropella.

Te miran, pero ya no importa.

Y es allí, donde todas las dudas se agolpan e intentan entrar así, de improvisto, en tus pensamientos. Sufres por dos vidas; la que vives y la que dejó de vivir, dejando un vacío que antes complementaba.

Un gusto a café amargo, por la impaciencia. Y no, jamás será el miedo a morir, sino a ver partir a él, a quien amaste; o a ella, sin decir adiós.

Te despides y tus pies se mueven por inercia a través del amplio pasillo. Las baldosas del hospital frías, al igual que el tiempo, se dejan pisar sin quejarse, sin remordimientos; y tú avanzas, porque ya no queda más que continuar con la función.

Otra taza de café y el frío cala hasta los huesos, por el dolor, la nostalgia y el humo del cigarrillo. Las fotos viejas, las sonrisas estancadas en el tiempo.

Las lagunas son de hielo y el sol sigue brillando, aunque ya no estés.Nada cambió, todo sigue igual. Faltas tú y pretenden que viva sin ti. Y así, sin quejarme, lo intento.

Más cafeína y espero en silencio, una alteración, un simple cambio que sé, por sentido común, jamás llegará. Sonrío y espero, porque en esta frágil realidad, nada me cuesta seguir escribiéndote, entre tazas y tazas de café, que aunque el tiempo pase y la vida siga, una pequeña parte de ti, se quedó flotando en el ambiente. Tus sonidos, tus palabras, tus tristezas y aquí, como siempre, evocando tus sonrisas, me quedé.

Entre cantos, todo es tan irreal y solo me queda revisarte página a página, valiéndome de argumentos improvisados para decirme a mi misma que estás bien, que estás mejor, que allá, en aquél rincón, el frío y el calor son solo letras, porque tu piel ya no te acompaña y todas esas sensaciones de calidez; un roce, un beso en la mejilla o caricias, solo solo memorias qué, quizás, ya no te acompañan. Dime, por favor, que sientes las "buenas noches", cada vez qué, en mi desesperación, te busco al recostar la cabeza sobre la almohada, hecha de ilusiones y esperanzas por ese "futuro mejor" que todos esperamos, sabiendo que más que un "ya veremos..." es una utopía.

No importa. No vale la pena ocupar la mente en suposiciones que no puedo concretar.

Como no lograr encontrar la incógnita en la ecuación, perder los puntos en el sistema euclidiano, inmiscuirse en las leyes de newton, relaciones estequiométricas y el tiempo pluscuamperfecto. Así, tan tangible y al mismo tiempo tan absurdo, tan poco preparado para la vida. Así, joder. Así me siento.
Porque siempre nos enseñan a despejar, sumar y restar, subrayar el verbo en la oración y a decir qué, "papá", es una palabra bisílaba, grave por ley, de las primeras en aprender y sumamente difícil de olvidar; pero jamás te enseñan a llorar y a reír, volcar los sueños en papel, olvidar la ira reprimida. Y nunca, pero nunca, te enseñarán a escucharme desde lejos, donde el sonido deja de ser una simple perturbación de la materia y su misma propagación.

Solo queda comprender qué, aunque cueste, más vale seguir pensando que la vida es algodón de azúcar para comer con los dedos, aspirando grandes bocanadas de aire entre cada mordisco, sin pensar en la velocidad del viento o la expansión del mismo. Olvidando tiempos de vuelo, velocidades y métricas en las rimas, porque allá, donde tú estás, solo importaban las sonrisas; y vaya que supiste dejármelas.


sábado, 5 de enero de 2013

Sentada al límite de sus fantasías, se encontraba mirando a las camelias florecer, en aquel patio que ya conocía de memoria.
Allí, la línea entre la realidad y la falta de racionalidad, era invisible. El viento pasaba y el sol seguía siendo un astro distante, para ella, quien observaba. Estar en pie, sobre el barro, no le era extraño ni mucho menos desagradable. Para el resto, no era normal; no se podía estar todo el día observando un cambio mínimo en cada flor, una gota de rocío resbalando por el pistilo, o un simple rayo de sol incidiendo sobre sus pétalos. No, no era normal.
Estuvo allí, hasta que perdió el sentido del tiempo y el reloj ya no era más que un simple adorno en su muñeca. Respiraba y sentía como el aire entraba, limpiamente, en sus pulmones ya gastados por el tiempo.
Repetía esta rutina como una oración, al despertar, al crepúsculo y luego de encontrar al silencio reinando en el amplio patio.
Miró tantas generaciones pasar, mientras seguía esperándole.
¿Y después de la muerte, qué? Se preguntó mas de una vez, sin saber que luego, solo se encuentra lo que se  buscaba en vida: respuestas.
Medio siglo después, siguió entre sus diatribas, cosechando memorias, limpiando recuerdos, magnificando buenos momentos, junto a las mismas camelias que un día sembró, para qué, cada vez que dieran flores, pudiera llevarlas a la tumba de la única persona que pudo amar, aunque se prometió así misma no aferrarse a nada, la tierra ya era parte de si misma.
Y así estuvo, hasta que entendió que no era más que otro de los tantos fantasmas que caminaban con la misma esperanza de existir y simplemente dejó de hacerse preguntas, cerró los ojos y siguió allí, observando a sus camelias florecer.
90 años no bastaron para arrancarle la esperanza y sabía qué, un siglo más, no le haría daño.