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Mostrando entradas de noviembre, 2016
En ocasiones, el tedio de la semana, se convierte en el del mes y con el tiempo, termina por ser el del año. Las horas se transforman en cúmulos críticos de segundos, bombas de acción inmediata o, por el contrario, la definición pura de un espacio estático, inamovible, donde los relojes se derriten contigo y tú con ellos, buscando un escape.
Cada nuevo año escolar, desde primaria, llegaba el incómodo día en el que presentarse era la primera actividad de la mañana.
Uno tras otro se iban presentando, hablando de su deporte favorito, la profesión que escogerían con opciones típicas de la ingenuidad que aún nos gobernaba, la edad que se sostenía en una sola mano. Mientras tanto, me mordía las uñas (mala costumbre que aún conservo desde mis primeros momentos de ansiedad), asimilando internamente el pánico que me producía escucharme y ser escuchada frente a un salón que, aunque conocía de memoria, me cercaba en mi propio y silente mundo de temores.
Recuerdo que siempre decía mi nombre y mi edad, me gusta leer y con suerte me dejaban sentarme. En ocasiones, la maestra de turno prolongaba mi tortura con preguntas específicas que me arrancaban de mi zona de confort. Esto ha debido de crearme un trauma, no hay otra explicación.
Mi capacidad para expresarme de forma oral continúa siendo la de aquella niña de primaria que jamás pudo …