veo pupilas sin rostro
caídas estratosféricas de agua que jamás tocan el suelo;
musas que van y vienen,
cargando consigo el pesar de tantos años,
de tantas risas sin foco,
de tantos labios,
tanta saliva entre besos confundidos,
lenguas que buscan encontrarse entre postales,
un "hasta luego" que terminó escribiéndose en kilómetros, nunca en metros.
veo al niño que llora en los brazos que cree de su madre,
los tantos pésame sin respuesta,
el teléfono que nunca contesto,
los mensajes que llegan para ser parte de un buzón y nada más.
Los gélidos silencios,
la complicidad que servía de máscara,
los "buenos días" como preámbulo para el desastre,
de despertar en otra cama que no era la mía,
de desayunar con familiares que terminaron siendo extraños,
de esconderme en ti, mientras te escondías tú en alguien más,
buscando recuerdos en cajitas musicales,
dándole cuerda a la vida cuando hacía falta,
empujándome hacia el precipicio hasta que reaccionara,
solo para sostenerme en el último instante,
cambiando el papel de verdugo a héroe,
mutando de historia,
escribiendo cuentos imposibles,
tatuándome mentiras en la frente solo para que el mundo las creyera,
para encontrarlas yo en mi reflejo.
Y terminé aquí,
viendo todo como si de un cuadro surrealista se tratara,
cambiando los relojes derretidos por los sueños que dejé,
que quise arrancarme,
descoserme,
por las metas que empeñé por un presente que no tiene vida,
caminando las calles que ya no quiero pisar,
evitando mirar a los lados y encontrar la desidia en el rostro de un tercero,
aquél que busca comida en un anaquel vacío,
que cambió los mismos sueños,
que sacrificó las mismas metas y ahora esta aquí,
viviendo en el mismo infierno.

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