miércoles, 3 de agosto de 2011

Te miro y nos detenemos, con una sonrisa de esas fugaces, directas.
Jugamos, como dos niños pequeños. Corres, te atrapo, quiero tumbarte. Sigamos jugando.
Un minuto, donde todo es perfecto, porque tus manos juegan con mi cabello, se enredan, se unen, se pierden, se adueñan de él, de mi, de todo.
Quizás te rías, me siento idiota; flotando entre ironías y realidades.
Y si te abrazo, el tiempo se acorta.
Mis brazos no se dan a basto, no paran de acariciar tus mejillas.
Todo se hace distante, sin más límites que un umbral incierto, donde intento esconderme y callar mis deseos, pero me besas y todo queda en blanco, no existe nada, el tiempo es solo una ilusión, quizás.
Ya nada importa, tu mirada cargada de caricias hace olvidar el mundo, volando entre sonrisas calladas y apacibles.

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