Retórica y dialéctica.

Un suplicio que comenzaba donde la alegría de aquél, su momentáneo estado de celos, rozaba con lo absurdo.
Se tejió una mortaja y decidió enterrarse en vida, dándole una solución errada a un problema delimitado, con sus errores y justas tildes, sobre todo adjetivo descriptivo utilizado, como necesidad, en sus oraciones. La incógnita no estaba en la pregunta, sino en el desafío qué, alguien tan idealista, encontraba en la realidad.

¡Pero cuanta gallardía! Un simple cobarde más, entrelazado en otra mentira heroica. 

Fuiste sondeado hasta lo más profundo de tu peroración , pero no convenciste a los presentes. Un cardenal más para la larga lista que hace eco en tu piel, sutil, parda, mestiza; yendo en contra de toda lógica, puesto que en ti, las palabras, cuestionan no solo tu conciencia; sino qué, además, esclavizan a tu piel. 

¿Para qué decidir vivir en un patíbulo? Sal de allí, olvida la vindicta fallida. ¿Recuerdas a Zenón de Citio? Retoma ese estoicismo del periodo helenístico y conviértelo en tu bandera, de ser necesario. No quiero ser yo, de nuevo, quien te hable durante horas de filosofía, para que termines aburrido en un rincón, ahogándote en tus penas y recordando besos que no diste, por simples arquetipos. 

Olvida los terrenos fragosos por los que andaste y camina hacia los vastos, lejos de cualquier turba existencial que pueda hacer cuestionarte tus motivos. Ni un piquete de soldados podrían cambiar tu opinión, si fundamentas tus pilares en ella. ¡Nada de proscritos! Se tú, justo allí, donde el sol no quiera verte, donde el viento cese, donde las colinas fallen...Se tú, donde el pérfido espere, donde el enemigo aguarde. 

Y si te tildan de faccioso, por defender tus ideales, sabrás que lo estás haciendo bien. 

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