martes, 25 de febrero de 2014

"Porque con balas, no se construye un futuro"

                                                                                                       Mi pancarta rezaba tal cual el título.



Justo ahora, mi mente es un colapso.

Para empezar, creo que estaría bien la frase con la que se comienza en toda asamblea estudiantil:

Maria Betania, 17 años, estudiante de la Universidad Simón Bolívar.

Si, esa soy yo; pero podrías ser tú, o cualquiera.

Soy estudiante hasta que el reloj marca las 12:45pm y paso a ser una trabajadora más en el campo educativo. Partidaria del esfuerzo como método para construir un país y no de las regalías, que nada solucionan. Usuaria del transporte interno de la universidad y del Metro de Caracas para llegar, todos los días, a mi trabajo. Peatona, la mayor parte del tiempo y por sobre todo: VENEZOLANA.

Antes de continuar, quisiera dejar en claro algo fundamental: Nadie me está pagando por escribir este mensaje y nadie lo ha hecho en las últimas dos semanas cuando, día a día y junto a miles de estudiantes, salgo a la calle a defender nuestros derechos. Mucho menos espero que alguien lo haga, ni hoy ni nunca. El motor que nos mueve es básicamente la preservación de la dignidad del Venezolano.

Nosotros, para que quede claro, no nos vendemos ni aunque intenten comprarnos.


Entonces...

Creo que, lejos de toda la censura mediática que vive el país es nuestro deber informar sobre la situación de la calle, nuestros hermanos detenidos y aquellos que nunca más podrán exigir sus derechos.


Hoy,  la convocatoria fue una asamblea estudiantil en la plaza Brión de Chacaito. Al culminar, nos dirigimos  hacia el bulevar de Sabana Grande llevando mensajes, en total silencio, sobre la situación del país. Algunos volanteaban, mientras otros alzábamos las manos con nuestras únicas armas: pancartas llenas de ideas, de frases cortas pero precisas.

A medida que avanzábamos, podíamos observar las diversas expresiones que soltaba la gente. Los que sonreían y alzaban el pulgar en señal de aprobación, los que se negaban a leer, a mirarnos, los que callaban el remolino de pensamientos que hacía vida en su mente…

Los que me conocen, saben que soy un mar de sensibilidad y hoy, cuando una señora luego de leer mi pancarta tomó de mi brazo y mirándome me dijo: “Dios te bendiga”, sentí que cada hora de cansancio, cada minuto de peligro corrido y cada “no salgas, te va a pasar algo” de mi mamá, valía la pena. 
Bastó solo una expresión, esa mirada, para comprender que estaba en el camino correcto. No puedo sacar esa imagen de mi mente. No puedo simplemente olvidar a esa mujer que tuvo un gesto tan sencillo y con tanto significado para mi.

Haré un paréntesis para agradecer a todas esas personas que, en las manifestaciones, se han acercado con mensajes de aliento y a veces, hasta comida.

Como no todo es tan sencillo y los ideales se construyen sobre adversidades, conocimos también del maltrato, el odio y del argumento de los débiles: la violencia. Desde el callejón de la puñalada (llegando a Plaza Venezuela), jóvenes como nosotros nos gritaban. “los vamos a quebrar”, “aquí no los queremos”, “vuelvan a Chacao” y ciertos improperios que no considero resaltantes (porque acciones como esas, deben ser ignoradas) como para agregar, hicieron vida junto a un grupo de personas que, sin pronunciar una palabra, continuaron con la labor.

¿Por qué nos corrían de su zona?

Nos tildan de niños de mamá y papá (como afirma el ejecutivo) y no saben de las historias tras nuestras caras. Yo nací y viví gran parte de mi vida en Catuche, luego en La Pastora. Se lo que es un colegio público y también de subsidiados. Vi a mi papá y a mi mamá construir con esfuerzo un mejor futuro para nosotras, sus hijas. Lo vi cumpliendo una jornada de trabajo agotadora, mientras en las noches seguía yendo a la Universidad, mientras mi mamá, como educadora, forjaba sin ambiciones el futuro de esta patria (Por cierto, a ella le debo todo). 

Entonces, ¿Cuál burguesía? Yo sólo conozco del trabajo, el esfuerzo y las ganas de echar pa’ lante, como mis compañeros de la USB que, desde Coche, Casalta, El Valle, Propatria, Pérez Bonalde, los Dos Caminos, La trinidad, El Hatillo o Altamira, tienen los mismos ideales.

El discurso divisionista y de “pueblo contra pueblo” es del gobierno, no nuestra consigna. Si los problemas económicos, políticos y sociales nos afectan a todos por igual ¿Por qué separarnos?
Todo lleva su tiempo y nosotros seguiremos en la lucha. Si me estás leyendo, piensa que puedes ser tú quien lleve en otro momento este mensaje. No vamos a rendirnos, seguiremos informando hasta que se nos apague la voz y cuando eso suceda, serás tú quien hable por nosotros.


Por último, quisiera hacerte una petición:

Piensa un minuto en los hermanos que han muerto sólo por pensar diferente.
En aquellos que no querían ser convertidos en mártires ni en héroes, que sólo querían protestar pacíficamente por unos objetivos que consideraron justos. Piensa, por ejemplo, en Geraldine Moreno. Estudiante y deportista, brutalmente atacada por la GNB cuando veía pasar una manifestación frente a su conjunto residencial. ¿Dónde está la justicia para ella?

Aunque sé que hay muchas otras personas, oficialistas u opositores, que perdieron la vida apoyando sus ideales, quise ser la voz de ella. ¿Y si cada uno fuese ahora la voz de uno de ellos? ¿O de cada uno de los 25.000 venezolanos que perdieron la vida en el 2013? Y todos aquellos que siguen perdiéndola ahora…
No tenemos miedo. No podemos ni queremos tenerlo nunca más.  Nos han reprimido, nos han humillado y han hecho una propaganda ofensiva contra nosotros. Nos tildan de vagos pero somos quienes, día a día, luchamos por darle vida a nuestro país.



Quizás otro día el mensaje sea diferente. Me disculpo si hoy fue sumamente subjetivo o no exponía de manera organizada los objetivos de la protesta, pero la finalidad de todas estas líneas es que tú, como lector, pienses libremente.
Jamás propiciaría, en mis letras, un dogma y mucho menos te incitaría a luchar por algo que no consideraras correcto.

Conoces el problema de la inseguridad, la violencia, los colectivos armados, la escasez, la crisis universitaria, la represión de cuerpos policiales, la falta de justicia, de valores, de principios…

Es tú oportunidad de hablar. Simplemente, no te quedes dormido.







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