miércoles, 30 de julio de 2014





Recorrí en mi mente la idea de negarme a su propuesta.

Un café, dijo, mientras yo pensaba en las otras tantas tazas desfilando frente a mi, en pasadas ocasiones. Siempre frías, siempre ausencia...
...Y sin darle muchas vueltas, me encontré atravesando la av. Viamonte, pensando en la dicha del olvido voluntario, el abandono necesario y el adiós que debí dar.

-Acepto, admití en una nota.
Acepto probar otra taza, mentir en el recodo del café, unirme a la no rutina de sus pasos, hacerme vida entre sus manos, eco del ciclo que no quiero, de esas minas tontas que vivían en su cama gimiendo de pura admiración, de los tontos libros escupidos al azar, los ensayos, la cátedra; pero nunca de placer.

-No espero, sin embargo, que aprendas el "toque" ni cambies los modos, tampoco espero aquél balcón que soñaba con pisar y tocar el cielo cuando, en un arrebato, quisieras tenerme. No quiero de ti un encanto de promesas, un nido de títulos, nada de sistemas. No quiero un «hacerte» el amor, yo pido un «hagamos» sin cama, sin piso, sin tiempo...
                                                                                    ...No quiero un horario, Gustavo. Solo un café.

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