Me cuesta tanto acoplarme a la cama, a sus matices de almohada caliente y sábanas frías. Siempre doy vueltas a un compás que ya me aburre y termina por cansarme hasta el punto en que la cama es horizonte y yo no soy más que otro atardecer; hasta que conocí lo que era dormir en tus brazos, con el calor de tu cuerpo sobre mi, sin almohadas que voltear hasta conseguir la temperatura correcta. Un cielo sobre el cual posarse, acariciando tu cabello que reposa sobre mi pecho mientras espero el momento indicado para poder besarte sin perturbar tu sueño.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Carrusel