La vida no es más que un segundo. Se va tan rápido como pestañear, pero el que no ha perdido un ser amado no sabe lo mucho que puede llegar a sufrirse.
Así como su vida llegó al final, termina la de millones de personas y no somos conscientes de eso. Ya no sé lo que es la esperanza, siento que acabo de perderla (Miento, hace mucho que la perdí). Ya no creo en curas para enfermedades ni en palabras de consuelo.
Y así continúan esperando, un milagro, una ayuda, con la esperanza( esa que no todos poseemos) como arma, enfrentándose a un futuro incierto.
Antes no era consciente de todo lo que se sufría. No entendía sobre despedidas ¿Cuantos de ustedes saben lo que significa realmente luchar por la vida? Cuando no se tienen más que esperanzas puestas en una causa perdida.
¿Cuantos de ustedes saben aguantar ese nudo en la garganta que se forma al saber que poco a poco su vida se apaga? No lo saben, porque no han sentido el dolor, como lo sintieron ellos: de cerca.
¿Cuantos de ustedes quisieron morir en su lugar? Esperando encontrar allí ese consuelo para tanto dolor y soledad.
La muerte no es paciente, no se sosiega, es pacífica, es duradera, perenne. Es la palabra que nadie desea, pero que todos recibimos como una amiga lejana que no conocemos, pero debemos aceptar.
No es el miedo a morir, es el miedo a lo desconocido, al oscuro abismo de la soledad. El no sentirlo, el hacerse fuerte cuando tu alma se llena de miedo. La incertidumbre  de un lugar de eterno descanso.
La muerte no es más que un lugar de reposo, cegado en el abismo de un eterno mar de lágrimas.

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