lunes, 7 de enero de 2013

Déjà vu.

Vemos hacia la pizarra y nos encontramos con un nuevo y desconocido mar de posibilidades.

Buscar en el diccionario las siguientes palabras...
Y así, entre actividades, vamos creciendo, formando palabras, ordenando operaciones.
Aunque creamos haber terminado de comprender lo básico, siempre hay una frase que se escapa a nuestra comprensión. Decir lo contrario, sería mentir indiscriminadamente, sin escrúpulos.

Escribía en las páginas finales de los cuadernos para matar el tedio de una voz totalitaria y dulce al mismo tiempo, dictando palabras para formar oraciones con sentido completo.
No era complicado armar oraciones con la palabra amar. Nunca lo fue...

No me preguntes por qué, pero recordé esos momentos de una etapa qué, como todas, no vuelve. El olor a marcador sobre la pizarra, el sonido del roce de los pupitres en el piso y los trazos imprecisos sobre el papel.

Caracas, 8 de Enero de 2001...

Ahora, es diferente pensar en las palabras. Ya no puedo simplemente utilizarlas como sujetos, adjetivos o verbos en una simple oración.
Me hablan.
Están allí, quejándose por inconformistas, describiendo, haciéndose las realistas. Y yo, como espectadora subyugada a sus dictámenes, obedezco.

Ahora, para mi, el amor es mucho más que cinco grafemas. Tiene un significado tan difuso, ancho, vasto, impreciso...Y, por si fuera poco, todo empeoró cuando apareciste tú.
En resumida, las palabras juegan conmigo. Me dicen que te amo es para ti, por ese susto en el estómago cada vez que sonríes y me miras, sabiéndote cómplice de sus tretas.

Esto de atarse al amor como consigna, definitivamente no es, ni será, lo mío; porque sabes qué, decir que el amor es un sentimiento, está trillado. Y yo, para colmo, me cansé de intentar comprender lo que no puedo y esta misma necesidad de contarte, de escribirte (te repito, me están obligando a sincerarme), es parte de todo cuanto no puedo descifrar.


Ha pasado el tiempo, lo sabes. De dos niños jugando a las escondidas, queda el mismo ímpetu, la emoción, las mejillas enrojecidas y los chistes malos. Nada ha cambiado; solo un simple título que nada tiene que ver con lo que tú, y yo, somos para el otro.

Dime... ¿Por qué quererte así, tan libre, tan confiado al sonreír? sin sentir la necesidad de amarrarte y decirte      "quédate, porque te amo", sin buscar excusas para rodearte de posesivos.
Aún en mi desastre, comprendo que un "quédate" está demás, porque eso lo decides tú, el viento y las flores cuando deciden volar.

Yo...

"Sé que voy a quererte... Sin preguntas
  Sé que vas a quererme...Sin respuestas"

Porque Benedetti no miente y siempre está allí, versando lo que siento, aunque no esté, el papel no hable y las alucinaciones solo sean de momento. Y, antes que preguntes, no me canso de citarlo.

De nuevo, como por arte de magia, las palabras decidieron borrar los posesivos y limitantes de mis labios.

No eres mío, pero nos acompañamos.
No es nuestro, porque limitar los sentimientos es de pusilánimes. Es simple; el amor es de quién lo quiera sentir, sin darle un título, sin agruparlo en sentimientos o asociarlo a sensaciones. Del que lo respira, lo consume, lo plasma, lo invierte, lo pone a valer y deja que siga en su ciclo, sin dañar, sin herir, sin romper.
Decir que nunca acabaría, es jugar con el tiempo y sus vueltas, recuerdos, memorias...Hacerlo eterno es mucho más que darle cinco letras innecesarias.

Hacerlo eterno es mirarte al despertar y saber que seguirás allí hasta que lo desees, sin sentir remordimientos, compromisos innecesarios. Sin tener que cumplir con una retahíla de palabras limitantes.

¿Por qué mejor no seguir siendo los mismos de siempre? Jugando como niños. Tropezando y cayendo. Sonrisas al aire y un suspiro... ¿Recuerdas?

-¿Quieres ser mi novia?

-Si..

Y así comenzamos de cero...
Volvemos a ver hacia la pizarra y nos encontramos con un nuevo y desconocido mar de posibilidades, solo qué, ahora, estas se encuentran en tus ojos.

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