Tres y treintaytres.

                                                                                                                                           33/05/2014.
Esta mañana, al mirarme en el espejo, te reconocí en mi mirada.

No me respondiste si aceptabas mi proyecto del 32, el no calendario, la vida distinta; pero no importa, hoy es ese día que tanto odio y simplemente quise cambiarlo. Recogeré firmas para ver si alguien se anota a mi causa y mandan al carajo el calendario gregoriano que tanto daña mis días.
En fin....
Estoy molesta, no sé. Ayer vi una iglesia vacía, con cientos de puestos copados, pero no por ti. Mi iglesia, la que percibía, era fácilmente una habitación vacía, me imagino que para otros, era un lugar a tope.

Escuchaba el sermón pero me entretenía mirando los vitrales. Luego de escuchar tu nombre, olvidé que necesitaba seguir prestando atención. ¿Ves? causas ese efecto de desconcentración total, ausencia del mundo. Desde que te fuiste, he pensado que mientras más ajena del mundo me encuentre, será más fácil encontrarte rondando alguna esquina de mi subconsciente. Así suelo verte, en recuerdos vetados a los que solo puedo acceder cuando me disperso.

Ayer no llegaste a esos recuerdos. Solo encontré los que dejaste unos segundos antes, sin decir adiós y esos no me gustan. Te ves tan frágil, tan pequeño. Tu 1.80 m se transforma en pequeñas fracciones, sin unidad. Tomas mi mano y lloras. Ese no eres tú, sal de mi mente. No quiero verte así, yo me niego. Ese era el tú que eras cuando los demás querían verte así, no cuando yo te miraba y te seguía creyendo invencible, hasta el último minuto.
Eras tú, cargando un bastón y caminando media Caracas, negándote al  posible "señor, siéntese aquí". El domingo llegabas al mercado de Quinta Crespo, ibas a misa y regresabas, todo antes de que yo pudiera abrir los ojos. ¿Quién puede hacer eso, cuando le dijeron que no podía? Solo tú. Mientras tanto, yo solo puedo quejarme por no tenerte. Ni siquiera sé con quien quejarme, a donde debo ir a gritar para que regreses o para que yo pueda ir, no sé. No sé que tengo que hacer para que entiendan que sigues donde te quieran tener, que puedes seguir siendo libre en la mente de tantos que suelen cerrarte las puertas. No sé que hacer, siento que fallo en el intento de hacerte eterno, como lo eres para mi.

Hace un par de años te escribí una carta que terminó en un concurso. La gente me escribía. "Que bonito Betania", pero nadie sabía lo que me costó ser sincera, después de tanto tiempo fingiendo que nada pasaba. Ese mismo día, abrí este blog al público y supe que quererte no estaba mal, que llorar era normal, que la vida tenía que seguir porque esas cosas pasaban. Supe tantas cosas que no quería saber. Crecí de golpe, abrí los ojos y ya estaba en un acto de grado, sin ti. Pisé por primera vez la grama de la universidad y te imaginé compartiendo eso que las personas llaman triunfo contigo, pero sin ti. Y así ha sido mi vida, un constante contigo pero sin ti, que nadie entiende por más que digan que si, que fuerte Betania, que bonito.

Pero no...

Te dejaron donde dejan las cosas que se olvidan a propósito y no entiendo por qué. Tú no te preocupes, no serás como mis llaves.

...

Viajamos a la Argentina, pibe. Visitaste la 9 de julio, fuiste a la av de Mayo. Hasta en el avión, nos acordamos de ti.
"No estaríamos aquí si no fuera por tu papá", dijo mi mamá y vaya que si. Éramos un solo cuerpo, los cuatro. Una familia tan imperfecta, tan hermosa. Si, así de cliché.

Lo que pasó después, ya debes saberlo. Debes estar molesto y al mismo tiempo agradecido de la bondad de otras personas. ¿Te duele no? lo que te quitaron, quedó impune. Debes estar conversándolo con tio Johnny. Él te entiende. Aprovechas y le das un abrazo de mi parte, por favor.

Yo, a pesar de tanto, seguiré aquí cumpliendo mi promesa: una carta hasta que el tiempo deje de ser tiempo.
Cuando iban 127, dejé de contarlas.

Hoy, hace cuatro años, te perdí. Ahora, no pienso perderte de nuevo.

Te amo, Coronel.



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