jueves, 1 de mayo de 2014

treintaydos.

                                                                                                                                       32/05/2014.

No sé como enviar una carta por correo tradicional. La tecnología me hizo un poco más ignorante en éste tópico, supongo. Igual, para consolarme, recuerdo que no tengo dirección alguna que te pertenezca.

El primero de mayo me parece un día de flojos, no es de mi simpatía. De por si, todo comienzo es incertidumbre y esta, en específico, nunca me agradó.

Siempre tuve ese proyecto absurdo de crear un treintaydos y olvidar un primero. Te lo he planteado en incontables ocasiones, pero nunca me haces caso. De hecho, hace un tiempo que dejaste de responder mis crónicas, aquel torrencial de tonterías; así que prefiero pensar que secundas mi empresa y me ayudarás, en cierta forma, a ponerla en marcha. Comenzaré por escribirlo en el borde superior de la carta, ese en el que antes se acostumbraba a colocar la fecha antes de comenzar con un "Querido....", para algún afortunado lector, mientras que las miradas curiosas lo consideran un error típico de aquellos que olvidan que el mes cambia, que el año termina luego de una vuelta de trescientos sesenta y cinco días.

Te aseguro que mi mundo -sin ánimos de incursionar en el ajeno-, sería un lugar mejor.

Luego de esto, correría todos los días hacia su siguiente y eliminaría ese feo múltiplo del dos, entre el tres y el cinco. Sería un pequeño vacío de poder, un golpe digno a todo lo que suele perturbarme, la venganza perfecta. Confía en mi, todo está calculado; libre de posibles errores, atentados de la nostalgia.

Espero hoy, pueda recibir su respuesta a mi planteamiento, el proyecto perfecto, si me permite jactarme.
...Que tonto hablarte así, con tanta cortesía, la parafernalia. Signos, cohesión, estructuración de un texto...Y al carajo, que así no puede quererse a alguien, con tanto parámetro pa' pensar en un segundo, la formulación de una frase que sale desde el alma. No quiero, con esto, influir en su dictamen, pero...Tome en cuenta que, de apoyar la moción, seguiría aquí y no tendría que estar escribiéndole esto, hablando como una tonta. Solo balbucearía, como hacen los niños chiquitos: atropellando de sentimientos las palabras. Pidiendo todo, abrazando cuanto se pudiera, pero no. No puedo ¿y sabes por qué? porque en tres días, ya no podrás elegir apoyarme. Es una idea brillante, solo tómala.

Buenas noches, coronel.

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