domingo, 2 de junio de 2013

Pensé que hoy sería solo nuestro, que te vería mañana.
Pensé qué, quizás, lograrías imaginarme cerca de ti, como si te importara el tiempo que paso acostada en tus brazos, sintiendo el frío de tus pies. Y te tuve, como aquél día, dormido como un niño, con la resaca del que siente la felicidad en los huesos, pero de ayer, de cuando fue libre y se bebió al mundo para padecerlo hoy, al día siguiente, o en aquél día, pero en mis brazos y dentro del bus. Nuestro bus, porque allí como a nada, envuelto entre abrazos y caricias prolongadas en el cabello, con tus manos frías por el aire acondicionado, supe que la felicidad no estaba en el tiempo, sino en el espacio.

Vaya que lo odio. Vaya que lo amas.

Sin más, pude cuidarte y sin quejas, no hubo nada que me hiciera pensar que exageraba.

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