miércoles, 7 de septiembre de 2016

Aquí va un ejercicio; no de redacción, mucho menos de narrativa. ¿Conocen esa sensación de estar cargados y, en ocasiones sin saberlo, a punto de estallar?  Es mejor, desde mi humilde punto de vista, liberarse de cualquier cosa que atente contra mi tranquilidad -y la de mi entorno, claro-, entonces surge esto. Mejor dicho ésta, una necesidad absurda de vaciarme por completo, de escribir que el día ha estado como tantos otros días, que he sido yo la que ha cambiado -o la que no-.

Esta vez el día ha sido el mismo. Una sucesión de minutos y tiempo muerto, entre comida y comida, la siesta que tomo entre cortada para que dure el resto del día y me deje consumirme, noche tras noche, en un insomnio incomprensible -si, claro. Incomprensible-. 

Ahora me duermo en los carros. Conseguir el placer del sueño en movimiento es una meta desbloqueada, ¿Para qué sirven las camas? ¿Por qué dormir de 8 a 6? 
No lo comprendo. Es decir, si lo comprendo, pero no quiero compartirlo aunque suela decir lo contrario.
"Quiero dormir", pero la verdad es que no. A veces enunciamos pensamientos que, después de analizarlos, son más una convención social que un deseo. Yo no quería, solo sentía que debía, que de mi se esperaba un horario, una agenda previamente diseñada; y no, en este momento mi agenda es un cuadro en blanco y la voy llenando cuando y como quiero. Es mejor, incluso, dejarla en blanco y llenarla al día siguiente, con relatos de un día increíble que no pasó en vano -o la historia de como pasé todo el día paseando entre fotografías viejas, el mar de enciclopedia sobre el que continúo escribiendo, el recuerdo de sus manos sobre mi piel, las tantas veces que he rechazado ser feliz por seguir un criterio que ni siquiera me pertenece(...)-

                                                                               (...)
Últimamente me encuentro a mi misma cuando nado. Siempre me ha gustado hacerlo, pero ahora me deja un sabor de boca distinto, una sensación de estar en lo infinito, de saberme en el lugar y momento adecuado. Mi única limitación la pone el espacio y, por lo general, se comporta bastante amable y condescendiente. Me entrega todo y al mismo tiempo, me deja entregarme con la misma simpatía. 
Que me dejen aquí, por favor. Que encontrarme a mi misma sea la meta que quiera cumplir al final de cada uno de mis días. Si el tiempo me da tiempo, bien. Si no, habrá que robarlo. 
Tendré que escribirme a diario, drenar cuando haga falta, escupir en prosa o en verso y volver al principio. Todas las veces que sean necesarias.

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