jueves, 28 de noviembre de 2013

La de relevo.

 Aquí les dejo el artículo breve para @El_Uesebista...

                                                                     ...

La historia de Venezuela se ha visto cargada por una serie de acontecimientos que suelen desconocer el paso del tiempo. Pareciera que danzaran a un compás propio y definitivamente cíclico.
Los problemas del pasado se disfrazan y se mezclan con los nuevos. Bailan con nosotros a destiempo. Nos pisan, nos callamos. Perdemos la batalla sin siquiera comenzarla, por miedo al escándalo de hablar, expresarnos.

En 1903, éramos un país que acababa de atravesar un período sanguinario, colmado de guerras civiles, aderezado con caudillos y liberales. Un lienzo nuevo, prematuramente manchado.
Casi  cien años de una violencia  cotidiana y directa, que “culminó” con una paz relativa, bajo una dictadura de hierro ¿Qué contradicción, no? Esa coacción aceptada, evolucionó para desencadenar en nuestra posición actual, nuestro día a día.
Ahora, más de cien años después, la violencia no es nuestro único problema. Somos el mismo país monoproductor; aquél qué, algún día, funcionó bajo la estricta vigilancia de la compañía  Guipuzcoana. El tabaco, el cacao o la caña fueron, desplazados por el oro negro, el combustible. Nuestra colonia, luego de liberarnos del yugo español, es la dependencia de una deuda externa, infinita –si me permiten exagerar- e inexplicable.

Esto va más allá de la inflación, un gobierno o ciertas ideologías. Es parte de nosotros, de lo que ha sido nuestra idiosincrasia.  El venezolano, para bien o para mal, ha despertado  de ese ciclo de desidia, solo cuando tomó consciencia de que tan profundo era aquél hoyo del conformismo. La sociedad no puede ser estática. La historia no debería ser estática. ¿Dónde está el punto de cambio?  O mejor dicho ¿Dónde está el punto de quiebre?
Nuestra lucha debería ser social, contra la ignorancia, el desconocimiento.
Evidentemente, esta es la sociedad que tenemos: basada en la inconsciencia colectiva, la regresiva, la temerosa.


Somos nosotros, la de relevo, los que decidimos si seguir dormitando o aprendemos a despertar; primero, claro, a tropezones…Y quizás, algún día, podamos empezar a caminar. 

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