...Aprendí.

Yo creí que despertar justo a las 6, era cosa del pasado.
Que de correr, lo haría nuevamente de tu mano, pero no.

Ahora, ni el sol recuerda con que inclinación tocaba el pavimento justo antes de ocultarse,
entre sus nubes,
como un lecho o algodón.

El desayuno, ya solo sabe a tragedia.
Nada de épicas,
ni carrozas, ni banderas. Aquiles ya murió.

Y no recuerdo, lo que era despertar bajo el hechizo de creer,
que todo se podía,
se lograba,
y no se deshacía en un jirón.

Antes, subía la mirada hacia aquél árbol sintético y decorado con plásticos de suerte, alumbrado por luciérnagas mecánicas, danzantes al compás de un intento de canción.
Era más que mágico,
eran de día, de noche y de ti,
mis ilusiones,
aún y cuando 3 años y un milenio entre los dos no saben llenar bien el espacio,
que dejaste en los rincones;
detrás del arbolito,
la mesa que no compramos,
el closet improvisado,
y los muebles de color.

Esas esquinas, se vaciaron.
El árbol, en su caja, no cumplirá este año su función.
Ahora que lo alcanzo y no debo alzarme de puntillas para verlo, simplemente no quiero observarlo,
porque me basta y me bastó con saber que no estarías,
para olvidarlo
y cerrarlo,
como parte del contrato y el "adiós".

Aprendí que de quererte, lo haría tras el sol.

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