Día 2.

Mi estupidez y mi pesimismo intentan convivir en una disyuntiva constante: la primera siempre quiere creer que todo es posible, mientras el segundo la trae de golpe a la realidad.
Así, me refugio en su abrazo. Me abrazo a él y a la idea de tenerlo una vez más, olvidando todas las conversaciones que nos llevaron a este punto de inflexión. Respiro y recuerdo aquella canción:
luna, no me abandones más.

...Aunque esta noche, como la anterior, no podré volver a tus cráteres, nuestra burbuja.

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