Te vi;
rompiste cada uno de mis huesos
-sin tocarme-.

Me hiciste polvo por momentos.
Eco de ti,
de las caricias que creí certezas,
las tantas mentiras que consumí como verdades.

No fuimos nada,
lo tuvimos todo.

Ahora, seré la de la buhardilla,
la que tuvo en si todos los sueños del mundo,
el intervalo entre lo que quise ser y lo que los demás me hicieron(...);
bien lo dijo Pessoa.

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