jueves, 25 de octubre de 2012

anima, vita e tutto ciò.

Comprendes el vacío cuando lo tocas con cada nervio de tu cuerpo, con cada fibra de tu mente; cuando de sentimientos se va tratando.
Si tan solo entendieras qué, detrás de cada pensamiento, hay una neurona trabajando, para darle vida. Más allá de ti, el mundo es una caja inmensa que aspiras conocer, respirar, palpar, vivir; una vía para el cáos o la bondad, la felicidad o mera desdicha, un paso o el estanque. La vida y la muerte, espectadoras silentes de una lucha de ideales entre tú; el que eres y el que fuiste, el que serás; el qué, en el pasado, decidió sentir más que un simple respiro, una simple existencia. Tú, queriendo más de un universo que no entiendes, que no razonas, y sin embargo, sigues atado a él, para conseguir respuestas qué, probablemente, nunca encuentres.
Entonces, te dispones a observar una vez más, abriendo despacio tus ojos, cual puerta de tu alma, en silencio, sin victorias, y te encuentras con la realidad. No hay nada, solo una ausencia de ti.

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