jueves, 23 de mayo de 2013

Porque sin quererte, ya te quería.

Mira que lento pasa el tiempo cuando estás, pero no conmigo; porque cuando existes junto a mi, en nuestro mundo paralelo -no secante- las horas corren de tus dedos a mis labios y eso que llaman beso, es nuestro único cronómetro puntual.

Que perfecto te ves, cuando ni te miro. Alzando los dedos al viento, acariciando tu cabello impalpable, ese que no es más cabello, sino hilos de nada. Y tú, como impaciente, te dibujas donde pueda observarte, a 4 horas de mi, o dentro de ti, pero a mi lado; porque no, no necesito tocar tu piel para decir que existes, que te siento como gotitas, un riachuelo, el océano mismo y sus grandes gaviotas que anhelan el sol.
Podemos nadar de nuevo hacia aquel bote, de aquella playa, en aquél tiempo provisorio que nos prestaron un ratito, para ser felices 259.200 segundos y ni un poquito más, pues hasta tu ternura disfruta de las matemáticas.

Podemos poder, porque si, porque queremos...
Y quizás, aunque el bote siga a la deriva, estaremos allí, intentando alcanzarlo.

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