domingo, 7 de abril de 2013

Blu.

Me gusta el 36, porque te espera.
Porque cuando sueñas con quedarte entre el abismo, te levanta.
De a ratos testimonio; luego pasas a ficción.
Porque cuando dices yanomás,
no hay quien te reprenda.

Porque ya no te escribo, ya no te pienso, no me lamento: no te he perdido.
No haces falta ni aún, cuando entre luces, te espero de gris.

No puedo decir que cuando el tiempo pasa y tu te aferras, lo intangible se vuelve cotidiano, te hace parte de sus sueños y sin pensarlo, te rodea el verde, el azul, la vida. Y siempre me preguntaste por los puntos sobre las íes, conectivos y complejos, los besos de argamasa, con sabor a cal; el río que se escapaba de su cauce, allá donde las mentiras hacían de ti un proscrito más.
Mira tú, desde aquél faro, cuando te dije que el azul era rey, no era como indirecta ni especulaciones sobre tu estado. Fuiste rey, quizás, en algún tiempo, pero nunca a mi costado.

Fuiste matemática, en prosa y en verso, pero nada más.

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